Recursos de Psicología y Educación

Drogas y medio escolar. Elementos para la prevención

Publicado: Oct 10, 04 │ Categorías: Artículos3 Comentarios
  • Jaime Alfaro Inzunza
    Universidad Diego Portales
    Chile

    Ximena Báez Tuñón
    Universidad Diego Portales, Chile



El consumo de droga solo se puede comprender desde una perspectiva integral de grupo,  sus significados colectivos, identidad, necesidades, recursos psicológicos y sociales. La prevención debe reducir las posibilidades de desajuste que lleven a establecer relaciones adictivas con las drogas.

 

1. El consumo de drogas juvenil no es un fenómeno único y homogéneo, se presenta de formas diferenciadas en cuanto a sus orígenes y consecuencias

Al analizar la cuestión de la drogadicción en general y, particularmente en el medio escolar, es necesario primeramente diferenciar y precisar los múltiples fenómenos susceptibles de distinguir por medio de esta denominación. El consumo de droga en el medio escolar no es un fenómeno único y homogéneo, se presenta de formas diferenciadas en su origen, consecuencias y requiere de abordajes distintos.

En el medio escolar se pueden reconocen formas de consumo experimentales u ocasionales; formas de consumo habituales, que en frecuencias distintas se incorporan a una forma de vida (cotidianidad); formas de consumo vinculada con procesos de “disfunción”, en donde se presentan grados de adicción elevados. Estas formas diferentes, no obstante, puedan presentar interrelaciones (escalada) entre ellas, requieren de ser entendidas y abordadas de maneras distintas.

Desde un análisis conceptual (se desarrollara más adelante) y desde la revisión de los datos epidemiológicos disponibles, es posible que en el medio escolar, cuando se presente consumo de droga, éste sea principalmente de tipo experimental, y que secundariamente se presente en formas adictivas. A modo de ejemplo y como indicador de los porcentajes en que se presenta, son interesantes los datos tomados en el Estudio Nacional de Escolares, realizado por Mineduc, Paz Ciudadana, UNICEF, en 1995. Ellos muestran que el 13.2 % de los estudiantes de 8vo – 4to medio de tres regiones (RM, III y X) ha consumido marihuana alguna vez en la vida;  9.6 % lo ha hecho el último año y  4.7 % lo ha hecho el último mes.

2. Estas distintas formas de consumo ocurren como una practica articulada con procesos relativos al grupo, a los significados colectivos, a la identidad, a las necesidades y recursos psicológicos y sociales

El consumo de droga es una conducta que hace parte del grupo y se presenta configurada necesariamente con dinámicas psicosocial de base. Solo se puede comprender desde una perspectiva que integre estos planos relativos al grupo, a los significados colectivos, a la identidad, a las necesidades y recursos psicológicos y sociales.

El consumo de droga ocurre en una persona con identidad, es decir, en una persona constituida como tal, poseedora de una historia personal y grupal, con una visión de mundo, con un sistema de valores y creencias, con necesidades y expectativas, que además está inserta en diversas relaciones humanas con su comunidad (de iguales, escolar, familiar).

El consumo de drogas no se entiende con referencia a las dinámicas bioquímicas que genera la sustancia, o solo en referencia a las dinámicas psicológicas de sujetos individuales vistos aisladamente; se quiere integrar el conjunto de sus dinámicas colectivas y culturales. Sólo se puede comprender como parte y no como todo, presente en sujetos o personas concretas y en esa medida, como una práctica situada en identidades, relaciones sociales y sistemas de significados particulares.

3. La comprensión de cualquier forma de consumo requiere  considerar la asignación de significados respecto del objeto droga y del fenómeno en general

Normalmente, en la acción preventiva se parte del supuesto de que las nociones de drogas presentes en la población son homogéneas, desconociéndose los procesos de construcción social de este objeto, que por medio de la asignación de significados que dé el resultado, produce múltiples y distintas nociones. Nociones (de droga, de adicción, de consumidor, de prevención, etc.) que, además de diversas, se producen en estrecha dependencia e imbricación con situaciones y tradiciones culturales locales. No se asume su dependencia y vinculación con estructuras simbólicas locales (de los cuales la cultura juvenil y su subgrupos son parte) y circunstancias de estas, arriesgándose así a generar intervenciones e investigaciones poco relevantes y eficaces a la vez que etnocéntricas y débiles en su capacidad de “gatillar” procesos de cambio, sobre todo en quienes más cerca están del consumo.

La consideración de las construcciones de significados y procesos de construcción social del objeto droga facilitaría comprender que cualquiera que sea la relación que los individuos establecen con la droga -ya sea el no consumo, el consumo ocasional o el consumo adictivo- esta práctica ocurre fuertemente condicionada por las pertenencias grupales. Permitiría comprender que el consumo de droga no es un hecho meramente individual, sino que es principalmente grupal y que está entrelazado con subjetividades colectivas. Permitiría comprender que las prácticas de consumo, así como cualquier práctica humana, ocurren inmersas, ancladas y configuradas en y desde las tradiciones culturales (entramado de valoraciones y significados) y relaciones sociales.

Considerando algunos estudios de significados colectivos sobre la cuestión drogas en grupos juveniles y comunidades territoriales (Alfaro, J. 1996; Araya, C. y Rodríguez, A. 1997; Alfaro, J. y Monsalve, T. 1998; Alfaro, J., Toledo, M. I., Sepúlveda, M. y Monsalve, T. 1998), aparece que los significados, imágenes, creencias y actitudes hacia la droga, los consumidores, la adicción, los riesgos, etc., se configuran consistentemente con colectividades y varía en grados importantes según  el grupo de pertenecía , normalmente entre categorías grupales diferentes al interior de una comunidad escolar o territorial. Es decir, parece que la droga corresponde a un objeto que se instala y distingue en virtud de la trama de relaciones sociales que lo incorpora. A la vez, se visualiza de fondo, como la droga permite la emergencia de los conflictos entre generaciones (jóvenes y adultos), territorios sociales (integrados y marginados) y en el orden de la normalidad (sano y enfermo).

4. Las conformaciones de significados existentes y operantes en la vida social hacen parte y tienen significativa relevancia en el proceso de generación de daño relativo a las drogas

Si consideramos que los efectos dañinos que genera el consumo de drogas no sólo son los que resultan como consecuencias de la ingesta de sustancias sobre la salud física y mental (los llamados efectos primarios), sino que también lo son aquellos que ocurren como efectos relativos a la respuesta que da el medio social frente a quien consume (los llamados efectos secundarios), y si consideramos también que estos efectos secundarios dependen de las formas que el medio social tenga para comprender y valorar el consumo y los consumidores, necesariamente cobran relevancia conocer y analizar las construcciones de significados sobre la cuestión droga y sus implicancias sobre procesos sociales capaces de afectar el desarrollo integral de los sujetos (Escohotado; 1991).

Sabemos que los discursos que prevalecen sobre la cuestión droga frecuentemente están cargados de estereotipos o imágenes sociales distorsionadas (Ministerio Secretaria General de Gobierno, 1993; Funes, J., 1991, Grondona. G., 1997; Del Olmo R., 1996) en las que se ubica la temática droga dentro del ámbito del delito o la inseguridad ciudadana y se asocia la figura del consumidor a la del delincuente. El consumo se presenta sólo y exclusivamente en forma de adicción; la droga es definida como un elemento químico que con su sola presencia genera fenómenos nocivos, independientemente de la realidad psicológica y social de los sujetos, etc. Este tipo de creencias -que muchas veces explícita o implícitamente asumimos- facilita procesos de tensión y crisis dentro de los sistemas en donde aparece el problema, precipita rechazo social, estigmatización y marginación, dificulta la respuesta y movilización de recursos comunitarios preventivos, etc., así como también favorece percepciones de externalidad y no control del fenómeno, que inhibe respuesta y movilización de recursos individuales, grupales y comunitarios para la prevención y/o apoyo. Necesitamos abordar las producciones de significados y la circulación de ellos como una forma de problematizar aquellas configuraciones que resultan ser particularmente amplificadoras de las tendencias estigmatizadoras y marginadoras.

Medios sociales capaces de entender el consumo en sus distintas formas y de desarrollar respuestas acordes con el crecimiento y cambio de las personas son un factor protector importante. La prevención implica también promover cambios en los sistemas de respuesta. Las creencias y valoraciones que se tengan sobre drogas determinan la respuesta posible de la comunidad y los sistemas. En la configuración de respuestas preventivas se debe tener en cuenta que medios sociales más normativos y menos protectivos tienden a dar respuesta de castigo severo, segregación y/o estigmatización, constituyéndose así en factor de riesgo, en cuanto amplifican y agregan daños.

5. El paradigma dominante en drogas es en sí mismo adictivo en cuanto crea imágenes que funcionan como un mito que permite la identificación como símbolo negativo

Como muestra Romani (1993), la presencia de estas creencias estereotipadas es, en sí misma, adictiva en cuanto crea imágenes que funcionan como un mito que permite la identificación como símbolo negativo. Dice él, “estas imágenes ofrecen modelos de reconocimiento social (por ejemplo ‘el drogadicto’), que presentan formas de ser, con ventajas y desventajas, a la vez que favorece y acentúa la exclusión” (pág. 120). Así pues, se observa que la “droga” y su imagen actúa como anuladora de la voluntad y del consumidor “enganchado”. La imagen de éste que se transmite al propio consumidor acentúa su pasividad y dependencia. La droga infecta el cuerpo social y el infectado se convierte en alguien que no puede hacer nada para escapar de esa condición, sujeto o más bien objeto irresponsable que demanda y espera que se responda desde afuera por él.

Por otro lado, como señala Romero Vázquez (1997), la sujeción de los individuos a la categoría de adicto les impone un modo de ser que es también un modo de relacionarse con las cosas y con los otros (especialmente con los objetos “drogas” y con los otros “adictos”). La conciencia de su historia y su contexto a la luz de este modo de ser lo confirma como un modo de ser natural. La impresión que tienen los individuos “adictos” de esta manera, es que “puesto que tal fue mi pasado y tal es mi presente, resulta natural que sea adicto“. La asunción de esta identidad como naturaleza original y la sujeción de los individuos a esa identidad es lo que convierte (sujeta) a los individuos a la identidad de adictos.

6. Procesos adolescentes y formas de consumo experimentales

Las formas experimentales de consumo pueden ser entendidas en función de la necesidad de diferenciación y autonomía del mundo adulto, donde el consumo simboliza una demarcación y permite el desarrollo de sentidos y valoraciones autónomas, así como también permite satisfacer necesidades de experimentación sensorial propias de su etapa vital ( Alfaro, Silva, 1986; Maldonado, 1995). Así, el consumo ocasional (fiestas, eventos especiales) es función de procesos juveniles que realiza un joven que cuenta con adecuados niveles de satisfacción de necesidades de apoyo social y cuenta con recursos personales y materiales suficientes, independientemente de los riegos diversos que implica.

Este consumo se relaciona con tres tipos de dinámicas:

– Con la valoración que él realiza de los efectos sensoriales y psicológicos que produce la droga.
– Con el significado que tiene la droga y la práctica de consumo como forma de diferenciación y reafirmación de autonomía.
– Con el significado que el consumo tiene como forma de grupo y cultura juvenil.

7. Consumos adictivos y reducción de tensión y malestar

Desde la revisión algunos antecedentes (M. I. Chávez, A. Solis, G. Pacheco, O Salinas, 1990; Duncan Stanton, 1985; Kandel, Treiman, Faust y Single, 1976, en Stanton, 1985;  Roth, 1986; Hawkins, Catalano y Miller, 1992), es posible hipotetizar el desarrollo de la conducta de abuso en el consumo de droga como una forma de enfrentamiento de un estado de tensión. Consumirían en forma abusiva aquellas personas para quienes la droga cumple una función de aminoramiento de la tensión física y psicológica.

El abuso de drogas en un fenómeno de orden psicosocial, por lo tanto, los factores que llevan a éste no tienen que ver centralmente con el contacto con la droga, sino que se relacionan con características de los sujetos y sus interacciones. Específicamente, indica la necesidad de pensar los programas desde el joven, sus circunstancias y sus necesidades.

En el consumo relativo a un déficit psicosocial que ocurre en un joven a temprana edad y con pérdidas de control y desarrollo y de algún grado de adicción, a partir de los estudios de factores de riesgo (Hawkins, Catalano y Miller; 1992) se relaciona con carencias y déficit en la pertenencia a redes sociales; se relaciona con interacciones familiares tensionadas y débiles, con la no-identificación de valores y expectativas culturales, con la no identificación o con la exclusión del sistema escolar y con la falta de participación en grupos informales de apoyo. La pobreza de vínculos y el aislamiento se evidencia como el principal factor de riesgo.

La acción preventiva debe apuntar a desarrollar capacidades (recursos, competencias) en los jóvenes para el manejo de la relación con los eventos ambientales que generan tensión, desadaptación y malestar. Se debe apuntar a disminuir los riesgos de que los jóvenes desarrollen estados de tensión-malestar, que posibiliten la adquisición de hábitos de consumo como forma de reducción de estos estados. La evolución y consecuencias de los distintos tipos de consumo influyen en forma determinante en la calidad y características de las relaciones humanas en que se esta inserto.

El foco preventivo debe apuntar a una relación que fomente en los jóvenes recursos personales (autoestima, internalidad y planificación activa -autoeficacia-) y en los sistemas de pertenencia de ellos facilitar relaciones interpersonales capaces de proporcionar soporte social (afectivo, informacional e instrumental), todo ello con el fin de reducir las posibilidades de desajuste que lleven a establecer relaciones adictivas con las drogas, como intentos de amortiguar la tensión vivida.

Respecto de los aspectos bioquímicos característicos de este tipo de fenómenos, debe ser visto solo como un plano que debe integrarse con los aspectos psicosociales, sobre todo si hablamos de las posibilidades de intervenir desde los procesos educativos. No se puede desligar el efecto químico de ciertas drogas, de las características psicológicas de quien consume o de las características de sus relaciones humanas inmediatas; tampoco se puede desligar de las imágenes sociales que asignan valor o rechazo a quien consume o le dan un carácter trasgresor.


Referencias

Alfaro, Jaime y Silva, C. (1991). Consumo de marihuana entre la juventud popular. En: Drogas, juventud y exclusión social.  (Compiladores) D. Asún; J. Alfaro; R. Alvarado y G. Morales. Santiago de Chile: Ed. Universidad Diego Portales.

Alfaro, Jaime. (1996).  Imágenes sobre droga y juventud. Santiago de Chile: Ed. Material de discusión Escuela de Psicología Universidad Diego Portales.

Alfaro, Jaime; Toledo, Isabel; Sepúlveda, Mauricio; Monsalve, Tomás. (1996). Hacia los circuitos de la droga. Aproximación etnográfica al fenómeno de la pasta base. Informe Final Concurso Investigación. Santiago de Chile: Universidad Diego Portales.

Alfaro, Jaime y Monsalve, T. (1998). Diagnóstico cualitativo en drogas: descripción y análisis de imágenes, actitudes y creencias entre jóvenes de Las Condes. Informe final Fondo Concursable sobre drogas. Comisión Anti-drogas Municipalidad de las Condes.

Araya, Carmen  y Rodríguez, Andrea. (1997). Representaciones sociales de la pasta base que tienen los jóvenes de sectores populares entre 14 y 19 años pertenecientes a liceos municipalizados de la región metropolitana. Tesis para optar por el  grado de licenciado en Psicología. UDP.

Chávez,  M. I.;  Solis, A.;  Pacheco, G.;  Salinas, O. (1990). Drogas y pobreza. México: Ed. Trillas.

Del Olmo, R. (1996). Drogas: discursos, percepciones y políticas. En: Arana, X.; Del Olmo, R. Normas y culturas en la construcciones la cuestión droga. Barcelona: Ed. Hacer.

Escohotado, A y otros. (1991) ¿Legalizar las Drogas? Criterios técnicos para el debate. España: Editorial Popular.

Funes, J. (1991). Drogas y comunicación: todos los elementos para una crónica del desamor.Cuadernos técnicos de estudio y documentación. Delegación del Gobierno para el plan nacional de drogas. Monografía Nº 14, España.

Grondona, G. (1997). Drogas y modernización: correlatos del discurso público. Tesis para optar por el título  de Psicólogo. Chile: Universidad de Valparaíso.

Hawkins, J.; Catalano, R. y Miller, J.  (1992). Risk and protective factors for alcohol and other drug problems in adolescence an early adulthood: Implications for substance abuse preventive. Psychological Bulletin, Vol.112, No 1, 64-105.

Maldonado, Elizabeth. (1995). Consumo de drogas, soporte social, afrontamiento y estrés psicosocial: estudio empírico, en una población escolar de los Andes. Tesis Escuela Psicología. Santiago de Chile: Universidad Diego Portales.

MSGG. (1993). Tratamiento periodístico del tema droga: Elementos para una estrategia comunicacional. Ministerio Secretaria General de Gobierno, Colegio de Periodista, Hogar de Cristo, Caleta Sur. Julio.

Romani O. (1993). Dependencia, migraciones y drogodependencias: el sistema de control social de las drogas. Actas VI Congreso de Antropología, Vol. # 7, Tenerife.

Romero Vázquez. (1997). Individuos, subjetivación, prácticas discursivas y procesos de adicción. A propósito de algunas categorías foucaultianas. WEB.

Roth, U. E. (1986). Competencia social. El cambio del comportamiento individual en la comunidad. México: Ed. Trillas.

Stanton, Duncan. (1985). La drogadicción y la familia. En: Andolfi, M y  Zwerling, I.  Dimensiones de la terapia familiar. Ed. Piadós.

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    Para citar este artículo:
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    Inzunza, J. A. & Báez, X. (2004, 10 de octubre ). Drogas y medio escolar. Elementos para la prevención. PsicoPediaHoy, 6(10). Disponible en: http://psicopediahoy.com/drogas-y-medio-escolar/
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3 Comentarios a: Drogas y medio escolar. Elementos para la prevención

  1. CLARA ISABEL dice:

    Doctor, qué maravilloso artículo. Continúo obteniendo apoyo y habilidades de aprendizaje cada vez que me entrelazo con sus lecturas.

  2. maria gudalupe dice:

    Muy buen trabajo sólo que puede aumentar la descripción de los elementos.

  3. MARYCRUZ dice:

    En este momento estoy sumida en la desesperación, intentando por tercera vez ayudar a mi hijo adolescente a salir de las drogas, el articulo me da las herramientas necesarias para seguir luchando para que en mi país, sea legal internar a un joven cuando el por las circunstancias no tiene voluntad. Gracias que sin conocerlo lo admiro!

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