Recursos de Psicología y Educación

La educación desde un enfoque histórico social: Importancia para el desarrollo humano

Publicado: mar 5, 07 │ Categorías: ArtículosSin Comentarios
  • Roberto Rodríguez González
    Universidad Central Marta Abreu de Las Villas
    Santa Clara, Cuba

    Luís Manuel Peteiro Santaya
    Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas, Cuba



Este trabajo pretende aportar puntos de razonamiento que también pueden ser de debate en cuanto a la importancia del enfoque histórico social para la práctica educativa. Las reflexiones realizadas ayudan a comprender el fenómeno de la educación durante la vida.

RESUMEN

La educación, como formación de la nuevas generaciones en lo cánones que establece la cultura, resulta de vital importancia para cada sociedad que aspira a lograr miembros capaces de mantenerla y desarrollarla. Cómo y desde qué principios, posturas y posiciones teórico-metodológicas resultan una preocupación de gran alcance e impacto en el quehacer de todos los que se ocupan del proceso educativo.

Este trabajo pretende, más que brindar “recetas”, aportar puntos de razonamiento que también pueden ser de debate en cuanto a la importancia del enfoque histórico social para la práctica educativa.

Palabras clave: Educación, proceso enseñanza-aprendizaje.

Introducción

Los hombres, desde sus primeros momentos de existencia, se agruparon para afrontar el medio del que obtienen lo necesario para vivir y desarrollarse, manteniendo una relación activa con éste, a la par establecen múltiples y complejas relaciones con sus iguales. En la búsqueda de soluciones a los restos que le presenta el medio externo, o sea, en la supervivencia y en la resolución de sus problemas de integración interna como grupo, los hombres descubrieron, crearon y desarrollaron significados, representaciones e imaginarios vinculados al contexto socio-histórico del que son producto y productores, comenzando entonces a estructurarse la cultura, un fenómeno humano que se enriquece en la complejidad de las relaciones con los otros, las relaciones sociales.

Los hombres no se encuentran solos ante el mundo que los rodea, la relación con éste se mediatiza por sus relaciones sociales, expresadas en las formas de actividad conjunta, las formas de comunicación, sus pensamientos, constituyendo esto, condición necesaria y específica de la vida del hombre en sociedad, la cual, según de Urrutia, L. (2003), es un sistema de interrelación que pone en contacto a los individuos que comparten la cultura en común.

En este sistema de interrelaciones los hombres desarrollan su esencia social, la que se forma durante la vida, en el proceso de apropiación, de aprehensión o asimilación, de la cultura creada por las generaciones anteriores, de forma que “cada nueva generación empieza su vida en el mundo de los objetos y fenómenos creados por las generaciones precedentes… el pensamiento y los conocimientos de cada generación subsiguiente se forman apropiándose de los avances ya alcanzados por la actividad cognoscitiva de las generaciones anteriores” (Dumoulin, J, 1973). Las formas de la cultura son la expresión lógica y universal de la historia de la ciencia humana.

Cada hombre no tiene lo suficiente para vivir en sociedad solamente con lo que le ha dado la naturaleza al nacer. Los hombres aprenden a ser hombres al asimilar todo lo alcanzado en el desarrollo histórico de la sociedad humana, al asimilar la cultura. Los niños deben entrar en relación con el mundo circundante a través de otros hombres, en este proceso aprenden a actuar, pensar y sentir adecuadamente, siendo éste, por su función, un proceso de educación, por lo cual “debe ser un proceso constante, pues de otra manera la transformación de los avances del desarrollo social-histórico a la siguiente generación no sería posible y, por tanto, se detendría la continuidad del proceso histórico” (Dumoulin, J, 1973).

Es interesante compartir un ejemplo que cita Pieron, A. por cuanto resume lo expuesto anteriormente:

“Si ocurriera en nuestro planeta una catástrofe y sobrevivieran solamente los niños, pereciendo toda la población adulta, a pesar de que el género humano no dejaría de existir, sin embargo, la historia de la humanidad quedaría inevitablemente cercenada. Los tesoros de la cultura seguirían existiendo físicamente, pero no habría nadie que los diera a conocer a las nuevas generaciones, las máquinas dejarían de funcionar, los libros no se leerían y las obras de arte perderían su valor estético. La historia de la humanidad tendría que comenzar de nuevo”.

Desarrollo

La sociedad debe garantizar, a través de la educación, la transmisión activa a las nuevas generaciones de los avances de la cultura humana, propiciando el movimiento histórico, pues, “esta ligazón entre el progreso histórico y el progreso educativo es tan íntima, que por el nivel general del desarrollo histórico de la sociedad podemos determinar, sin equivocación, el nivel de desarrollo de la educación y, al contrario, por el nivel de desarrollo de la educación se determina igualmente el nivel de desarrollo económico y cultural de la sociedad” (Dumoulin, J, 1973).

La sociedad, a partir de su estadio de desarrollo y sus aspiraciones, conforma las características que deben poseer los hombres que aspira a formar: los objetivos del proceso educativo, constituyendo esta problemática el encargo social que dicha sociedad plantea a la escuela, demostrándose en la práctica histórico-social, que la formación de las nuevas generaciones (de acuerdo con las aspiraciones de la sociedad y acorde con las necesidades sociales), se produce fundamentalmente en el proceso educativo, el cual es de naturaleza social, es decir, solo en la sociedad y cómo resultado de las relaciones sociales el hombre transforma la naturaleza y se transforma a sí mismo.

Esto enfatiza el carácter socio-histórico de la educación y la necesidad de expresar en la educación el momento en la vida de un pueblo. Los métodos, por adecuados que sean, se condicionan por las circunstancias en que se expresan, de aquí lo dañino de la copia de teorías, métodos y procedimientos que resultan ajenos a la cultura, la historia y la realidad concreta de un pueblo.

El proceso educativo se desarrolla como sistema para influir en todos los miembros de dicha sociedad, implicando la formación en estos, de todos los rasgos cognitivos, afectivos y volitivos de la personalidad, es decir, la formación de sus pensamientos, sentimientos, capacidades, habilidades, intereses, valores, convicciones, etc., que sean coherentes con las demandas de formación que impone el contexto socio-histórico. Este es un proceso amplio que se desarrolla en la institución docente, la familia, las organizaciones políticas y de masas, los medios de comunicación, o sea, la sociedad en su conjunto.

A la institución docente, a la escuela, le corresponde el papel rector de la Educación de las nuevas generaciones y es el centro de su ejecución. Esta debe formar un egresado que reúna determinadas cualidades, que le permitan enfrentarse a un conjunto de situaciones, que se modifican por la acción del egresado, el cual se apoyará en la ciencia o ramas del saber que haya dominado en el proceso docente-educativo, que tiene como objetivo principal preparar al hombre para el trabajo en un cierto contexto social, por lo que debe ser un proceso laboral y científico, del cual se logre obtener un egresado independiente y creador.

El proceso docente-educativo desarrollado en la escuela es un proceso profesional, educacional, de carácter sistematizado y fundamentado en la concepción teórica pedagógica generalizada e intencionalmente dirigida a preparar a los sujetos sociales para la vida y en primer lugar para el trabajo. Este proceso consta de varios componentes fundamentales: los objetivos, el contenido, los métodos, la forma, los medios y la evaluación. Es un proceso determinado por la solución al problema o encargo social, donde se establece una relación entre la sociedad y el proceso docente-educativo, con carácter de ley, es de naturaleza social y se desarrolla de forma consciente y planificada.

El proceso educativo escolar, del modo más sistematizado, se dirige a la formación social de las nuevas generaciones y en él, el estudiante se instruye, siendo la instrucción el instrumento fundamental para educar, a partir de que en este proceso los sujetos se apropian de conocimientos y desarrollan habilidades, además de aprender a trabajar durante su permanencia en la escuela y a utilizar los métodos de la ciencia como método fundamental de enseñanza, aprendizaje y trabajo, elementos estos que orientan al proceso docente-educativo cubano a partir de ser dos ideas básicas o rectoras del ideario martiano, acerca del carácter instructivo del proceso.

A los elementos anteriores se suma su carácter educativo, expresado en la formación y desarrollo de los rasgos más estables de la personalidad de los estudiantes, los cuales se forman adecuadamente, si se desarrollan de igual manera, en el contexto del trabajo, siendo la actividad laboral contemporánea, “cada día más automatizada, compleja, interdependiente, profunda y científica; por lo cual, la educación tiene que ser más social, motivante, afectiva, que refleje los intereses y necesidades de los productores, siendo el hombre más productor, mientras más realizado se sienta con su obra, mientras más se vea reflejado en lo que realiza, ejecute, concibe y crea” (Álvarez de Zayas, C. M, 1992).

En el proceso docente-educativo se expresa la unión entre lo instructivo y lo educativo, desde una relación dialéctica entre, la instrucción: que es el resultado de la asimilación por el estudiante del contenido de la enseñanza y la educación: que es la formación en el estudiante de los rasgos más estables de su personalidad.

Al adentrarse en la comprensión de este proceso se encuentra que su especificidad radica en la interrelación entre dos sujetos, o actores principales del mismo: el profesor y el estudiante (que constituyen sujetos activos) forman una relación de la cual emerge una contradicción fundamental entre: 1) las exigencias que la sociedad plantea en la enseñanza, que se precisa en planes y programas de estudio (desde tres ideas básicas, la educación en el trabajo y en el método, la educación por el trabajo y la educación para el trabajo), y 2) las posibilidades y el nivel alcanzado por los estudiantes en un momento dado durante su aprendizaje (que es el motor impulsor del proceso). El proceso de enseñanza-aprendizaje tiene dos efectos, la instrucción y la educación, que se alcanzan en el mismo proceso.

La enseñanza o actividad del docente se realiza en función del cumplimiento de los objetivos, que tienen carácter social, pero que adquieren una forma individual y específica en cada clase, en dependencia de labor particular del profesor, el cual se expresa como personalidad en la realización de la actividad. El profesor tiene un papel orientador (en el proceso docente-educativo) como representante de la sociedad en dicho proceso y es él quien plantea los objetivos a los estudiantes. El aprendizaje o actividad de los estudiantes se realiza en función de los objetivos del proceso docente-educativo, particularizándose en que cada estudiante debe ser sujeto de su aprendizaje, imprimiéndole a este su propia dinámica y personalidad.

El proceso de enseñanza-aprendizaje ocupa un lugar central en todo el sistema de la organización de la vida de los educandos, determinando su desarrollo psíquico. Como plantea Petrovsky, “la personalidad debe apropiarse activamente de la experiencia histórica de la humanidad, fijada en los objetos de la cultura material y espiritual. Solo entonces puede convertirse la personalidad en miembro de pleno valor de la sociedad”; viéndose así que, “el desarrollo psíquico de cada individuo es una especie de resumen de la historia del desarrollo de sus antecesores” (Plejánov, G. 1923).

Debe apuntarse, además, que en un examen realizado por Davídov, V. (1988) del enfoque de Vygostky, L. S. y Leontiev, A, con respecto al problema del desarrollo psíquico, este concluye que: “la educación y la enseñanza del hombre, en un sentido amplio, no es otra cosa que la “apropiación” y “reproducción” por él de las capacidades desarrolladas histórica y socialmente”. El objetivo fundamental del proceso educativo debe ser el desarrollo de la personalidad de los educandos, al lograr la estimulación de su iniciativa, su persistencia, su capacidad de polémica, su seguridad en sí mismo, su creatividad y otros muchos elementos psicológicos de la personalidad, que tendrán un significado especial en la forma en que el escolar utilice sus conocimientos.

La relación entre los conocimientos y el desarrollo de la personalidad es complementaria y necesaria. El desarrollo de la flexibilidad, de la capacidad de reflexión, la de cuestionar y problematizar la información que obtiene, plantearse criterios propios, capacidad para estructurar el campo de acción, los intereses y otros aspectos de la personalidad, garantizan una orientación activa-transformadora del educando hacia el conocimiento, mientras que la rigidez, la ausencia de intereses, la pobreza de la reflexión, la inseguridad conducen a una orientación pasivo-descriptiva del educando” (Gonzalez Rey, F. y Mitjáns Martínez, A. 1989).

Para que la educación sea expresión de los ideales una sociedad, es imprescindible que se realice un proceso pedagógico humanizado, activo, flexible y orientado a la interacción con el alumno, donde el papel de los elementos externos del proceso no sea absoluto, ni se minimice el papel del sujeto, sino que se tenga en cuenta, que para garantizar el éxito de la docencia es necesario atender aspectos de los sujetos que interactúan en este proceso, como el desarrollo de sus personalidades, tanto la de los educandos, como la de los educadores y las particularidades de la comunicación entre maestros y alumnos, siendo este un aspecto esencial para una enseñanza efectiva, “educar a la persona en tomar posiciones propias y defenderlas sobre la base de lo que piensa y siente, es un efecto fundamental que se revertirá con extraordinaria fuerza en el propio desarrollo social” (Gonzalez Rey, F. y Mitjáns Martínez, A. 1989).

Conclusiones

Se valida la expresión de Makarenko, A. S., “el educador debe llegar a conocer al educando, no en el proceso de un estudio indiferente, sino trabajando en conjunto y colaborando activamente con él” (Makarenko, A. S).

Toda sociedad cumple una función educativa, un proceso educativo de la personalidad, que es ilimitado y existe a lo largo de toda la vida, en la cual el hombre se educa y se desarrolla. Al respecto S. Rubinstein (1976) plantea: “el niño se desarrolla, educándose y aprendiendo, no se desarrolla y se educa y aprende. Esto significa que la educación y la enseñanza se incluyen en el proceso mismo de desarrollo del niño y no solo se estructuran sobre él”.

Hasta aquí algunas reflexiones que hemos realizado sobre algunos aspectos de la educación, que nos ayudan a una mejor comprensión de un fenómeno que, a pesar de acompañarnos a lo largo de nuestras vidas, no deja de ser complejo.

Referencias

Álvarez de Zayas, C. M. (1992). La escuela en la vida. La Habana: Editorial Félix Varela.

Álvarez de Zayas, C. M. Fundamentos teóricos de la dirección del proceso de formación del profesional de perfil amplio. Universidad Central “Marta Abreu” de las Villas.

Colectivo de autores. (1984). Pedagogía. Ciudad de La Habana: Editorial Pueblo y Educación.

Colectivo de autores. (1987). Temas de psicología pedagógica para maestros I. La Habana: Editorial Pueblo y Educación.

Colectivo de autores. (1988). Libro del trabajo del sociólogo. Moscú: Editorial Progreso.

Davidov, V. (1988). La enseñanza escolar y el desarrollo psíquico. Moscú: Editorial Progreso

De Urrutia Barroso, L. (2003). Sociología y trabajo social aplicado. Selección de lecturas. La Habana: Editorial Félix Varela.

Dumoulin, J. (1973). Cultura, sociedad y desarrollo. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.

González Rey, F. y Mitjáns Martínez, A. (1989). La personalidad. Su educación y desarrollo. La Habana: Editorial Pueblo y Educación.

Konstantinov, N. A; Savich, A. L y Smirnov, M. T. (1962). Problemas fundamentales de la pedagogía. Imprenta Nacional de Cuba.

Petrovich Baranov, S. (1980). Didáctica de la Escuela Primaria. La Habana: Editorial de libros para la Educación.

Petrovsky, A. V. Psicología pedagógica y de las edades. La Habana: Editorial Pueblo y Educación.

 

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    Para citar este artículo:
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    Rodríguez, R. & Peteiro, L. M. (2007, 5 de marzo ). La educación desde un enfoque histórico social: Importancia para el desarrollo humano. PsicoPediaHoy, 9(3). Disponible en: http://XXX/
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