Recursos de Psicología y Educación

La educación sexual en escolares primarios

Publicado: Mar 17, 08 │ Categorías: Artículos, Artículos PsicologíaSin Comentarios
  • Alien Rodríguez Noa
    Ministerio de Educación
    La Habana, Cuba



Una de las etapas más complejas para la educación psicosexual es la que se encuentra en el paso de la niñez a la adolescencia.  Es por ello que se debe contribuir al desarrollo de conocimientos habilidades, hábitos y conductas saludables.

 

Resumen

Todo sistema socio económico tiene un ideal educativo y la sociedad deberá concretarlo en un esfuerzo por lograr la formación multifacética de los educandos, conjugando la educación intelectual, científica, técnica y laboral. Si aspiramos a la formación integral de la personalidad de cada individuo, la educación sexual  debe forma parte de este proceso, deberá promover la igualdad de posibilidades para ambos sexos, sin que necesariamente se eliminen las diferencias. Este es el verdadero principio de la coeducación: no solamente que se pueda compartir el mismo recinto sino que se promueva el respeto mutuo y la colaboración. La etapa más compleja para la educación es la que se encuentra en el paso de la niñez a la adolescencia, por sus cambios biológicos, psicológicos, fisiológicos, que prescinden de atención y seguimiento por tal razón, el autor propone reflexionar sobre el tema.

Educación Sexual

Puesto que a vivir viene el hombre, la educación ha de prepararlo para la vida. Fue en el siglo XX donde se desencadenó una gran variedad de enfermedades e infecciones de transmisión sexual, así como otros trastornos de la sexualidad, debido a una inadecuada educación sexual. Esta constituye una importante crisis de salud pública y de desarrollo social, pues afecta, no solamente la vida de hombres, mujeres y niños (as) a nivel individual, sino también el desarrollo social futuro. En toda sociedad del mundo actual el eslabón más importante son los niños (as). “Los niños son la esperanza del mundo” y, por tanto, se les debe educar no solo con los principios de conocimiento básico de las materias que estudiará en su vida académica, sino también se les debe brindar información que favorezca su desarrollo social y psicológico, teniendo en cuenta que es en la escuela donde niños (as) se relacionan y van construyendo su personalidad a partir del sistema de influencias educativas.

Se hace necesario brindarles información que favorezca su formación integral, gestando en ellos (as) características, rasgos y cualidades y modelos que contribuyan a formar una configuración psicológica que estimule el logro de nuestro objetivo final: hombre integral. Unos de los componentes que garantizan la educación integral de la personalidad de nuestros educandos es la educación sexual, que se puede ofrecer por vía curricular o extracurricular. Este tipo de educación ocupa un lugar fundamental en el comportamiento psicosexual de nuestros educandos. Si reflexionamos al respecto, podemos llegar a la conclusión que tanto la escuela como la familia y la comunidad influyen decisivamente en la formación o transformación de sus características psicosexuales.

Todo sistema socioeconómico tiene un ideal educativo, en el cual se aspira a la formación integral de la personalidad de cada individuo con el que la sociedad pueda contar para su desarrollo, se hace imprescindible que la educación de la sexualidad también responda a estos propósitos. Por lo general, este desarrollo integrador que deseamos estimular desde la niñez, pasa por numerosos obstáculos que separan a los niños y las niñas en mundo de posibilidades excluyentes. Desde la asignación de colores hasta juguetes y juegos. Si solo podemos hablar de sexualidad, si las únicas actividades sexuales legítimas son las orientadas a la procreación, todos los intereses y manifestaciones sexuales de los (as) niños (as) deben ser neutralizados. Pero no es menos cierto que la sexualidad cambia en relación con la edad de forma que en cada período de la vida tiene características propias.

Una de las etapas más complejas para la educación psicosexual es la que se encuentra en el paso de la niñez a la adolescencia, pues durante esta se producen cambios tanto a nivel biológico como psicológico,  que prescinden de atención y seguimiento por parte del maestro fundamentalmente. La educación sexual está presente en todos los propósitos de manera consciente e inconsciente. Es por ello que se debe contribuir al desarrollo de conocimientos habilidades, hábitos y conductas saludables en los niños y adolescentes para que sean capaces de asumir una actitud responsable ante la vida.

Este artículo también recoge entre sus contenidos  varios aspectos sobre el tema desde aspectos que nuestros escolares deben dominar, como herramientas para el maestro, hay docentes que solamente no ofrecen estos contenidos debido a los tabúes que esto puede traer aparejado, ya que se sienten imposibilitados en responder preguntas que puedan surgir y que para ellos son impropias de la edad. Es por eso que nuestros educandos no poseen una adecuada educación sexual, lo que posibilita que se vean envueltos en una serie de problemáticas que pueden transformar su vida y llevarlos a trastornos que imposibiliten su completo desarrollo psicosocial. Los (as) preadolescentes constituyen el más preciado tesoro; educarlos adecuadamente desde que nacen es primordial, por lo que se hace necesario darles desde la niñez una adecuada educación sexual.

La sexualidad y su educación

La conciencia es la expresión más compleja y sintética de lo real; expresa el verdadero ser del sujeto, ya que es la interiorización subjetiva de la abstracción del mundo en la personalidad de dicho sujeto. El conocimiento que sobre la sexualidad va adquiriendo el adolescente se forma a lo largo de su recorrido histórico, lo que lo lleva a definir un comportamiento ante la vida y la sociedad en que se desenvuelve. Es decir, la conciencia social se condensa en conciencias individuales por medio de referentes que provienen de los modos de apropiación de lo real y que son: la teoría, la experiencia, la religión y el arte.

Muchos han sido los criterios y conceptos relacionados con educación sexual llevados a libros e investigaciones por expertos del tema, entre ellos encontramos quienes consideran que la educación sexual es un sistema de influencias educativas que debemos hacer llegar a nuestros alumnos (as) e hijos (as), basados en la conducta o manera de comportamiento correcto ante cualquier situación al respecto. Se deben tener en cuenta las relaciones que se establecen entre los propios niños (as) fomentadas en el respeto mutuo, la solidaridad y la comprensión entre ambos sexos. (González Hernández y Castellanos Simons, 1994)

También encontramos quienes plantean, La Educación sexual como la educación de la sexualidad, entendida ésta como las expresiones afectivas, ideológicas, éticas y filosóficas vinculadas y derivadas del hecho biológico del sexo. Se entiende por educación, el proceso que permite satisfacer las necesidades de aprendizaje que posibilitan a la persona adquirir capacidades en situaciones y espacios favorables para ellos. (Del Valle Medina, 2000)

Luego de analizar ambos criterios el autor  estima como Educación Sexual a los componentes integrales de salud y desarrollo, los cuales nacen a partir de las necesidades de aprendizajes y el sistema de influencias donde los seres humanos intrínsecamente sexuales, evolucionan durante la infancia y la adolescencia sentando las bases para adaptarse a los cambios sexuales y proteger su salud, lo cual se evidencia en las expresiones libres y responsables de la vida social.

Defendemos una educación sexual de carácter alternativo, que ofrezca al individuo la capacidad de elegir los patrones y modos de conducta acorde con su forma particular y única de interpretar la sexualidad y de decidir los caminos para recorrerlos. Gran parte de las disfunciones sexuales se derivan de la falta de una adecuada educación sexual para la vida. En la vida social, la sexualidad se manifiesta de la siguiente forma: internacionalmente está determinada la relación de los individuos en el trato laboral discriminatorio entre hombres y mujeres, en el lenguaje masculinizado, sentido de proximidad a las niñas y de distancia a los niños mediante el tipo de juguete otorgado en estas edades.

En nuestro criterio la armonía entre individuo-sociedad se logra cuando se educa en los principios de la libertad y la responsabilidad, la autodeterminación, la comprensión, tolerancia y reciprocidad con el otro, sin anular o sacrificar lo personal en aras de lo colectivo: solo una educación que potencia estos dos niveles básicos de existencia del ser humano puede conducir al enriquecimiento de ambos sin contradicciones antagónicas, preparándolo para enfrentar y resolver los conflictos inherentes a la convivencia social.

En consecuencia, la convivencia es el proceso de preparación del ser humano para la vida. Cualquier manera de vivir y expresar la sexualidad que el individuo elija y le sea enriquecedora para, sino le daña física o espiritualmente, a su pareja ni a terceros, no es solo aceptable, sino que el educador debe ayudarlo a convivir con ella, de la misma forma en que lo enseña a aceptar las elecciones ajenas.

El concepto tradicional de sexualidad es erróneo, incluso en su origen. Para explicar esto diremos que el ser humano es una unidad biológica-psicológica-social, indivisible, en constante cambio, irrepetible e interactuante con su medio, entre otras características. Esta unidad indivisible posee como estructura básica un entramado material que es su propio cuerpo.

Este aspecto biológico es fundamental ya que constituye el punto de partida y de llegada de todo lo psicológico y lo social de cada individuo. Se quiere decir con esto que, al existir un organismo físico, se hacen posible los sentimientos, los anhelos, las esperanzas, los deseos, los mitos, tabúes, etc.; es decir, los aspectos psicológicos que acompañan a ese organismo, de la misma manera que su aporte social, su comportamiento interpersonal y la influencia recíproca con su medio se hacen posible a partir de que dicho organismo esté presente.

Los aspectos biológico, psicológico y social interactúan inevitablemente. Así, cualquier modificación biológica repercutirá sin lugar a dudas, en lo psíquico y en lo social del individuo; cualquier modificación en lo psicológico repercutirá en lo biológico y en lo social. Cualquier modificación social lo hará sobre lo biológico y lo psicológico. Como señalan algunos autores, existen tres funciones esenciales que se manifiestan con gran frecuencia y estabilidad.

1. La función reproductiva.
2. La función erótica – placentera y afectiva.
3. La función comunicativa.

1La función reproductiva: se relaciona con las necesidades del hombre y la mujer de trascender en su existencia, en sus hijos (as) y en el compromiso con la existencia, aun cuando predomina el componente biológico de la personalidad. Está matizada por condiciones sociales que tienden a normar y pautar, aspectos tales como el número de hijos, el tiempo de espera entre un hijo (a) y otro, la edad idónea para la procreación, la responsabilidad con la planificación familiar, la paternidad y maternidad, entre otros. Sin embargo, el común de las personas maneja el concepto de que donde no hay genitales no puede haber sexualidad. A pesar de que la mayoría de las oportunidades no se desea, e incluso, se teme la reproducción, su placer está vinculado subconscientemente a repetir las condiciones reproductivas. En lo biológico, por lo tanto, también se discrimina, se asignan valores distintos a las diferentes zonas del cuerpo: se prioriza y se sobrevalora lo genital.

2. La función erótica-placentera y afectiva: también la sexualidad implica el disfrute, el placer que nos ofrece el encuentro con el otro ser humano; el compartir estados de ánimo,  emociones y sentimientos -con o sin amor-; el placer por el placer, de manera desculpabilizada, sin temores, ni angustias, fuera o dentro del matrimonio, sin cuestionarnos su legitimidad, e incluso el placer y el goce que pueda producir el autoerotismo como opción de cada individuo.

La misma ha sido defendida por varios autores (Masters y Jonson, 1996; Aller Atucha, 1991 y Ruiz Chiavo, 1994), entre otros, ya que, en épocas anteriores, sobre la base de concepciones no científicas, se condenaba al hombre y a la mujer a una sexualidad reprimida en la cual el hombre tenía más posibilidades para desempeñarla sin grandes costos morales, siendo totalmente diferente para la mujer.

3. La función comunicativa: se manifiesta desde el mismo momento en que nos relacionamos con los demás en el contexto no solo de la pareja, sino de la familia y la sociedad y está presente en toda nuestra vida; en las relaciones que establecemos con personas de nuestro propio sexo y con personas del otro sexo.

La comunicación, en sus funciones informativa, reguladora y afectiva, propicia el desarrollo de las otras funciones de la sexualidad. Según los criterios de  especialistas. Cada persona, de acuerdo con sus necesidades, potencialidades y capacidades, desarrolla sus propias formas individuales del pensar, sentir, actuar, incorporando valores y normas de su contexto en su personalidad (González Hernández y Castellanos Simons, 1994), por lo que:

– Cada sujeto, hombre o mujer, construye y expresa su sexualidad a través del subsistema conformado por identidad de género, la orientación de sexo-erótica y el rol que ha asumido.

–  La sexualidad, al ser flexible, plástica, no tiene destinos prefijados.

– La sexualidad ocupa diferentes lugares en la jerarquía motivacional de cada personalidad.

Al tener la personalidad un carácter activo, por cuanto puede transformarse creadoramente, elegir, aprender y desarrollarse como protagonista de su propia vida, puede alcanzar varios niveles de autorregulación y autodeterminación que, desde el punto de vista de la sexualidad, se manifiestan en las potenciales reguladoras de sus componentes psicológicos ( la identidad de género, la orientación sexo-erótica y el rol de género) en la relativa independencia de la personalidad respecto a las condiciones externas de construir, vivir y manifestar su propia sexualidad.

La sexualidad como construcción personalizada está sujeta a condiciones tales como la autonomía moral alcanzada y la conciencia crítica, para tomar decisiones responsables y fundamentadas en cada esfera de la vida. Partiendo de este análisis comparto la concepción que sobre la sexualidad y su educación elaboraron las Doctoras. Alicia González Hernández y Beatriz Castellanos Simons, las cuales conciben: sexualidad es el modo que tiene cada persona de potenciar y vivenciar el hecho de ser sexuado en todas las circunstancias de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte y no solo en contexto de relaciones entre parejas. En ellas se integra lo individual y lo social, por lo que se forma, crece y se desarrolla en todas las dimensiones existenciales: el yo, la pareja, la familia y la sociedad. Mientras, sexo son las características biológicas que distinguen al hombre de la mujer: cromosomas, genes, genitales, hormonas y zonas cerebrales“. (González Hernández y castellanos Simons, 1994)

El autor considera como sexualidad: el conjunto de comportamientos que conciernen la satisfacción de la necesidad y el deseo sexual. Comprende tanto el impulso sexual, dirigido al goce inmediato y a la reproducción, como los diferentes aspectos de la relación psicológica con el propio cuerpo (sentirse hombre, mujer o ambos a la vez), en dependencia con las expectativas de rol social, que va mucho más allá de la finalidad reproductiva y de las normas o sanciones que estipula la sociedad.

Debe entenderse -según el concepto nuevo de sexualidad- que constituimos una unidad biológica-psicológica-social; que todo nuestro cuerpo puede darnos placer y no solo de forma obsesiva, los genitales; que las finalidades esenciales son el placer y la comunicación positiva y que la reproducción cuando los que intervienen quieren y pueden, es también un fin en sí, pero que no es condicionante para la obtención de los otros objetivos.

El razonar humano, de acuerdo con nuestra opinión, es algo distinto, que pasa por cuatro momentos:

–  Buscar el origen y el por qué de las cosas.

– Analizar en términos valorativos y de conveniencia real para el propio sujeto, poniendo en una balanza lo positivo y lo negativo de la situación.

– Tomar una decisión en función de la protección y el crecimiento de sí mismo.

–  Actuar en relación con la toma de decisión de manera consecuente.

Las cosas no surgen porque sí. Cada situación tiene precedentes conocidos o desconocidos, aparentes o reales. Por lo general, cuando actuamos no nos preocupamos por preguntarnos ¿por qué lo hacemos? Debemos tratar de buscar el origen -lo que está en nuestros planteamientos- y acercarnos lo más posible a él; a esto se le conoce como fase de razonamiento (primera fase). Si lo que hacemos es realmente conveniente para nosotros o si nos perjudica (segunda fase). Si habiendo valorado la situación nos interesa o no actuar de otra manera como hasta entonces. Si lo que hacemos es lo que realmente podemos hacer (tercera fase) y, finalmente, actuar en conciencia: cambiar o continuar hasta entonces (cuarta fase).

La sexualidad representa, sin duda alguna, una de las expresiones más complejas y profundas de la individualidad. Por lo tanto, tenemos actitudes, sentimientos, creencias, valores en materias de sexualidad que se representan, experimentan y expresan en diferentes formas. Tiene una perspectiva muy individualizada. Dimana de experiencias personales, sociales y familiares. Es parte de la vida de todos los individuos, se expresa en todo nuestro ser, en nuestra existencia cotidiana, en todas las relaciones que establecemos pero a la vez lo que somos, quiénes somos, nuestro ser social, mediatiza sus vivencias y expresiones. La sexualidad no se expresa en forma de pareja sino en la forma particular que tiene cada individuo de comportarse, sentir, representarse, vivir y desarrollarse como seres sexuados.

Todo ser humano es un ser sexuado. Denominamos conducta social a la forma de asumir y vivir este hecho. Esta conducta a lo largo de la vida será el resultado de la información que reciba, de los modelos que observe y de sus experiencias. En este sentido la educación tiene un compromiso serio e inaplazable con esta dimensión humana.

El ser humano tiene derecho según sus necesidades y aspiraciones personales, a determinar los límites de la sexualidad, seleccionar aquellos valores y modelos de la sociedad que le son significativos, asumir su orientación sexual y escoger su propia opción respecto al matrimonio y la cantidad de hijos. Solo de esta forma podrá vivirla con profunda autenticidad y plenitud. La sexualidad como parte de la personalidad, depende de las necesidades, sentimientos, motivos de cada ser humano y, a su vez, las características psicosexuales de cada individuo mediatizan directa o indirectamente la regulación de lo afectivo, cognitivo y conductual de cada personalidad.

La sexualidad tiene un marcado carácter individualizado y una gran plasticidad. De ahí que no pueda estar predestinada. Cada sujeto en su crecimiento en el transcurso de la vida, elabora sus propias y singulares formas de expresar la sexualidad, así como sus ideas, normas y actitudes de formas muy personales, lo cual nos demuestra el carácter personalizado de la sexualidad.

La persona, como un todo, vive, siente, ama, conoce, percibe y valora como una integridad, donde los procesos inductores y ejecutores se interrelacionan recíprocamente en un sistema activo, abierto al mundo, que avanza en busca de su desarrollo y que lo convierte en responsable de sí mismo, en este sistema de la personalidad como parte de ella se manifiesta y desarrolla la sexualidad.

Luego, la sexualidad se integra en el sistema regulador de la psiquis humana. La sexualidad nace y se manifiesta en la personalidad, su desarrollo se produce a la par del desarrollo de la personalidad, integrándose (sus deseos, necesidades, motivos, concepciones, ideas y actitudes) en su sistema y en su dinámica.

Cada etapa del desarrollo de la personalidad, implica un nivel de desarrollo de la sexualidad. Por lo tanto, los componentes psicológicos y las funciones de la sexualidad están mediatizados por las características y regularidades de la personalidad. Es decir, a través de los contenidos sexuales se expresan cualidades de la personalidad como ideales, valores, actitudes, sentimientos, motivaciones, autoestima, rasgos caracterológicos, entre otros. Pero también las cualidades de la sexualidad y sus componentes psicológicos como la identidad de género, el rol de género y la orientación sexo-erótica, se manifiestan en los rasgos persono lógicos, cuando asumimos los roles de padre, madre; amigo, amiga; esposo, esposa; hijo, hija; hombre, mujer.

La personalidad tiene un carácter individualizado e irrepetible, ya que se forma desde el nacimiento y es construida por los sujetos como seres concretos que reflejan las relaciones con los demás, a través de la actividad y la comunicación, mediante la interacción sistemática de los factores biológicos y sociales, internos y externos.

Enfoque alternativo y participativo en la educación de la sexualidad

La sexualidad trasciende, según se ha explicado, los marcos de un fenómeno individual; desborda las fronteras del yo y se revela y crece en el nosotros, en lo común y compartido: su proyección social cristaliza en la riqueza de los vínculos comunicativos y afectivos que se establecen con la pareja, la familia y la sociedad.

¿Cómo conjugar, entonces, en el proceso educativo, la singularidad de esta manifestación vital en su doble significación individual y social? Volemos un poco hacia el ámbito de lo imaginario, tratando de representarnos las consecuencias de una educación descontextualizada, que solo tenga en cuenta los intereses de cada persona en particular: correríamos probablemente el riesgo de potenciar el individualismo egoísta, la intolerancia, la insensibilidad frente a las necesidades de los demás, la falta de responsabilidad ante la repercusión del comportamiento propio en la vida de las otras personas y en el entorno, la incapacidad para participar colaborativamente con otros seres humanos en distintos ámbitos de la vida. Si, por el contrario, promovemos exclusivamente el interés común; si sacrificamos los deseos, potencialidades y anhelos de las personas concretas, estaríamos reproduciendo el modelo educativo tradicional, que al despersonalizar y estandarizar el proceso, también lo deshumaniza.

El enfoque humanista crítico acerca de la sexualidad y los géneros representa en tal sentido un marco de referencia para enfrentar estas problemáticas de la educación sexual: apunta hacia la necesidad de que este proceso tenga un carácter alternativo, que respete la individualidad y ofrezca opciones muy variadas y ricas para vivir la sexualidad sin imponerlas de forma vertical; favorece las decisiones libres pero que, a su vez, consideren responsablemente los problemas y necesidades de los otros y del contexto, y estimula el papel del ser humano como protagonista principal de su propia vida y educación.

La educación alternativa y participativa estimula el derecho a elegir de manera autónoma los caminos a través de los cuales va a transitar cada individuo su sexualidad a partir del ejercicio de la libertad. Pero no se trata de una libertad salvaje, ciega, siempre que se ejerza con una profunda conciencia crítica de la trascendencia de sus actos en las personas que le rodean. De esta manera, se articula la libertad con la responsabilidad y se propicia que se imbrique el doble carácter personalizado y social de la sexualidad humana. Esta educación es participativa en tanto promueve la implicación, el compromiso con las metas y objetivos educativos desde el momento mismo en que éstos parten de la praxis de la vida cotidiana y adquieren un sentido personal para el sujeto lo cual lo motiva a actuar en correspondencia con dichos fines, a la vez que lo condiciona a establecer los vínculos interpersonales sobre la base de la colaboración, la reciprocidad, ayuda mutua y equidad, todo lo cual, sin afectar la autenticidad contribuye al proceso de socialización.

La educación sexual alternativa y participativa inserta al sujeto en el modelo social más universal en sus bases ideológicas, ético morales que no pierde vigencia social en tanto lo ayuda a lograr una profunda identificación con su sexo biológico, desarrollando el orgullo de ser hombre o mujer, a la vez que lo prepara para la constitución de la pareja sobre la base de vínculos erótico-afectivos profundos, para la formación de una familia basada en la paternidad y maternidad plena, responsable y feliz. No debemos olvidar que el hecho de la constitución de una familia, si bien favorece a la sociedad, es una decisión de carácter personal, una opción que elige o desecha cada persona en función de sus necesidades personales. No obstante, consideramos que constituye una meta de toda educación de la sexualidad preparar al individuo para ejercer plenamente esta importante función en el supuesto caso de que la seleccione como parte de su proyecto de vida. De igual forma que cuando el sujeto elige una alternativa de vida que no forma parte de aquellas que sustenta el modelo social, cuando por ejemplo, tanto un hombre como una mujer desarrollan una orientación homosexual o cuando, por creencias religiosas, decide llevar una vida célibe, o la pareja que, por algún motivo, no desea tener descendencia, en todos estos casos la función de la o el educador es ayudar a estas personas a convivir responsablemente con su opción sin afectar a las personas que le rodean y haciendo todo lo necesario para que sean aceptadas en el contexto social en el que se desempeñan.

Para alcanzar los objetivos que nos proponemos a través de un enfoque teórico y metodológico alternativo y participativo, las acciones en el campo de la educación de la sexualidad deben fundamentarse en principios psicopedagógicos, como lineamientos generales que pertrechan a los educadores de orientaciones para conducir el proceso en correspondencia con sus regularidades y tendencias. Tener en cuenta sobre todo la especial significación de la categoría personalidad para la comprensión de los niños, niñas y jóvenes y organizar el proceso de su desarrollo y crecimiento pleno.

La educación sexual en el proceso educativo integral

La educación representa un complejo fenómeno social que garantiza la apropiación por parte del ser humano, de los frutos de la vida espiritual y cultural, donde se le capacita para vivir en una determinada época y se desarrolla la personalidad de modo consecuente con tales fines. En este contexto integral, corresponde a la educación sexual la tarea de promover el crecimiento pleno de la sexualidad como manifestación de la personalidad, en íntima relación sistémica con los demás campos de la labor educativa.

La educación sexual forma parte orgánica e inalienable de la preparación del ser humano para la vida, del aprender a ser, mediante el cual cada individuo tiene que aprender a ser sexuado, a construir de forma personalizada su masculinidad o feminidad y apropiarse creadoramente de valores, actitudes, conocimientos, habilidades y destrezas, así como de recursos personológicos eficientes, con miras a vivir su sexualidad de modo autodeterminado y enriquecedor.

En este proceso, las personas hacen suyos aquellos aprendizajes básicos de vida que las arman para el encuentro con el otro sexo y con la propia sexualidad; satisfacen sus necesidades en esta esfera y se forman en el ejercicio y defensa de sus derechos sexuales: a una sexualidad plena y responsable, a la equidad de género, la familia, la salud sexual y la planificación familiar.

La sociedad y la educación sexual

Las diferencias biológicas de sexo y las distintas funciones dentro del proceso reproductivo constituyen los elementos esenciales de distinción entre el hombre y la mujer;  sin embargo, a lo largo de la historia de la humanidad, y sobre la base de los intereses dominantes en la organización social, se fueron estableciendo pautas culturales para asignar diferentes funciones según el sexo.  A estas funciones o papeles asignados por la sociedad, de manera diferenciada para el hombre y para la mujer, se les conoce como roles de género y se define como el conjunto de rasgos de personalidad, actitudes, sentimientos, valores, conductas y actividades que la sociedad adscribe diferencialmente a los sexos. Los aportes de las ciencias naturales y sociales han demostrado que se trata de caracteres convencionales que varían históricamente y según las diferentes culturas.

Desde pequeños, los niños observan en las conductas y valoraciones de los adultos que las cualidades propias de los hombres y mujeres están divididas y tipificadas:

– El hombre debe ser brusco, racional, protector, poderoso, calculador, proveedor, independiente, exitoso, seguro, valiente; puede ser feo pero tiene que ser inteligente.

– La mujer debe ser preferiblemente bonita, coqueta, delicada, de llanto fácil, sentimental, obediente, dependiente, debe ser comprensiva y paciente.

Estos son los patrones que los niños tienen como referencia para la construcción de su propia identidad de género. Con estos esquemas se valoran a sí mismos y se relacionan con los demás.  Los estereotipos sexistas conducen a separar al hombre y a la mujer desde la niñez hasta el final de sus vidas, en roles diferentes, estructurados dentro de los parámetros de una cultura machista dominante, que inevitablemente crea dificultades para vivir, ser compañeros y crecer como pareja.

La familia es el mejor agente transmisor del sexismo. Son incontables los hechos que lo demuestran: desde los juegos y juguetes separados por sexo, los modales y las formas de relación que se prohíben o estimulan para que las niñas sean delicadas y los niños con relación a la calle, y a las exigencias de permanencia en la casa que deben cumplir las niñas en algunos hogares para el aprendizaje de las tareas hogareñas, hasta la división marcada de las funciones de la madre y el padre en el hogar, donde la mujer lleva la tradicional carga de las responsabilidades domésticas, el tipo de trabajo que  realizan los padres, sus actitudes diferenciadas con relación a la niña o el niño y hasta sutiles comentarios, son referentes cotidianos.

En el mundo público y los medios de difusión masiva también se transmiten desigualdades. Por la vía de los medios de comunicación, los niños y las niñas observan que son los hombres los que ocupan las principales responsabilidades en el gobierno, el ejército, la dirección política de la sociedad, en las organizaciones internacionales, en las asambleas y reuniones.

Las telenovelas, los dibujos animados y, en general, las diferentes programaciones de la radio, la televisión y las producciones cinematográficas, aun cuando hacen el esfuerzo por superar los estereotipos sexistas, siguen transmitiendo dentro del mismo código. El sexismo no solo pone grilletes en las mujeres, sino también en los hombres, que desde niños se ven obligados a reprimir la ternura, la sensibilidad, el deseo de expresar abiertamente sus sentimientos y el derecho de ejercer la paternidad.

La educación sexista, en la que tiene participación toda la sociedad, es empobrecedora de las relaciones humanas, lesiona el sentimiento de autoestima del hombre y de la mujer, crea confusiones e inseguridad en el proceso de construcción de la identidad de género en niñas y niños y da origen a un clima poco propicio para la comunicación y las decisiones responsables.

La sexualidad: un mundo de posibilidades  

Es una parte importantísima en nuestras vidas. La sexualidad la sentimos, la vivimos, pero no es fácil hablar de ella. Una de las razones es que tradicionalmente no se podía hablar de estas cosas. Por eso ni hemos hablado ni hemos escuchado mucho sobre la sexualidad. Así hemos pensado cosas, como que la sexualidad era algo malo, sucio y feo, era solo los genitales; solo para tener hijos o únicamente para adultos casados.

Todo lo anterior se debe a que desconocemos que la sexualidad es una dimensión humana que abarca todo nuestro ser, no solo nuestros genitales.  Conocer nuestro cuerpo, nuestros sentimientos y deseos, nuestras posibilidades, nos permitirá ser personas más sanas, más libres y responsables; en definitiva, nos ayudara a desarrollarnos mejor.

Desde que nacemos somos sexuados. La sexualidad no es algo que no podamos quitar o poner. Todo ser humano es un ser sexual. Durante toda la vida tenemos necesidades y conductas sexuales según la edad. No podemos hablar de la sexualidad humana sin tener en cuenta que es algo que está en constante cambio. La forma de vivir, asumir y potenciar  esta realidad, la denominamos conducta sexual. Este tanto, conforma por medios de la información que se recibe, de las actitudes que se desarrollen y de las experiencias que se tengan.

Cada edad es diferente y se vive de forma distinta, pero en todas ellas es importante la sexualidad. Los niños pequeños no solo tienen necesidades biológicas, comer, estar limpios, sino también sociales, afectivas y sexuales. Los niños sienten curiosidad por todas las cosas que tienen cerca. Una de estas cosas es su propio cuerpo. Por eso se tocaran para conocerse y porque les produce sensaciones de placer; observaran el cuerpo de las demás personas y harán preguntas sobre él. Es muy importante responder con naturalidad a sus, pues así estamos ayudándolos a que se desarrolle de manera adecuada su sexualidad.

Referencias 

Aller  Atucha, Luis María. (1991). Pedagogía de la Sexualidad Humana. Buenos Aires. Argentina: Editorial Galerna.

Ruiz Chiavo, M. (1994). Sexualmente Irreversible. Brasil: Editorial Comunicarte.

Del Valle Medina, B. (2000). Propuesta de Educación de la Sexualidad en la Formación Inicial de Profesores. Tesis presentada en opción al título académico de Máster en sexualidad, Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona. Ciudad de la Habana. Cuba.

__________________Flasses. (1ro de junio de 1994). Derecho de la vida. Una propuesta de educación para la sexualidad. Recomendaciones para el seminario sobre educación sexual y salud reproductiva. Documento 1. Varadero.

González Hernández, A. y Castellanos Simons, B. (1994). Sexualidad y Géneros. Ciudad de La Habana. Cuba: Editorial Pueblo y Educación.

Kinsey, A.C. (1948]) Sexual Behavior in the Human Male (Comportamiento sexual del hombre). Bloomington: Indiana University Press. ISBN 0-253-33412-8.

Kolodny, R. C; Masters Howell, W & Johnson, V. (1997). Human Sexuality. Estados Unidos de América: Harper Collins College Publishers, 5th Ed.

Leyva Marín, Y. (1998). Salud sexual y reproductiva. Ponencia. En encuentro de   solidaridad entre mujeres. Ciudad de la Habana, Cuba.

Masters, Howell W y Johnson, V. (1966). Human Sexual Response. Estados Unidos de América: University of Michigan, Little Brown.


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    Para citar este artículo:
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    Rodríguez, A. (2008, 17 de marzo). Educación sexual en escolares primarios. PsicoPediaHoy, 10(7). Disponible en: http://http://psicopediahoy.com/educacion-sexual-escolares-primarios/?preview=true&preview_id=3540&preview_nonce=4094a21773 ____________________________________________________

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