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El Hombre Inteligente

Publicado: Oct 25, 12 │ Categorías: Artículos, Artículos Educación1 Comentario
  • Santiago Alonso Díaz
    University of Rochester
    New York, Estados Unidos de América



Para muchos es difícil aceptar que la inteligencia puede surgir fuera de la humanidad, cualquiera que sea su significado, tanto el de humanidad como el de inteligencia. En tal sentido, simples interacciones biológicas son insuficientes para explicar el ser humano.

 

Resumen

Se propone en este ensayo la necesidad de flexibilizar ciertas expresiones: en particular, se afirma que la expresión “El Hombre es Inteligente” debe ser indefinida. Indefinición se entenderá como la posibilidad de múltiples imágenes o comprensiones. A manera de heurística, el ensayo se desarrolla alrededor de un paralelo con la oración “Esta frase es mentira”, famosa por el loop auto-referenciado que genera al leerse y que configura una indefinición natural. Indefinición natural se entenderá como aquella donde la estructura semántica genera ambigüedades insalvables. De hecho, la conclusión será que la frase “El Hombre es Inteligente” no solo es indefinida, sino que es una indefinición natural. Así, “El Hombre es Inteligente” no debe entenderse como una frase que define al hombre. Esta independencia del concepto de hombre, se concluye, da a la inteligencia la posibilidad de entenderse en frases como “Este Robot es Inteligente”.

Palabras Clave: Inteligencia, inteligencia artificial.

 

Introducción

Hay términos con definiciones difusas, en los bien puede haber múltiples interpretaciones (e. j. conciencia) o mutan según el contexto (e. j. equilibrio). En adelante se referenciarán como indefinidos (no porque falten definiciones, simplemente por convención del presente escrito). En geometría el caso es patente con la línea. La línea se puede definir como la distancia más corta entre dos puntos. En el plano esto es una recta. En geometrías esféricas, es el segmento de un círculo mayor sobre la esfera (e. j. el Ecuador, si se piensa en la Tierra como una esfera, es un círculo mayor) que pasa entre los puntos A y B. En solo la abstracción, la anterior definición de línea podría decirse absoluta (distancia más corta entre dos puntos), pero hay un salto que debe ocurrir en la mente, pues una misma idea, la línea, tiene dos posibles representaciones, una recta y un arco del círculo. Conceptos básicos, de un instantáneo mental único, pueden no ser tan simples. Colapsar un objeto, la línea, en dos o más representaciones, puede ocurrir, por una capacidad cognitiva que permite combinar conceptos (Fauconnier & Turner, 2002). Así es como, por ejemplo, se puede asignar a un amigo varías dimensiones. Se puede colpsar una persona en varías facetas, e incluso contradictorias en apariencia (e. j. María es jovial pero muchas veces le falta animo). Una línea, o un amigo, por lo tanto, se cuentan como términos indefinidos por la multitud de imágenes que despiertan.

La pregunta es si abstraer conceptos, al punto cercano de indefinición, es necesario. En su libro “Fin del Hombre”(2002), Fukuyama, famoso por escribir a comienzos de los 90 que la historia había terminado, y que el capitalismo democrático había triunfado, tuvo que aceptar al comienzo del “Fin del Hombre” que de todo el criticismo que recibió, lo único que lo cautivo fue la posibilidad que la historia no había terminado porque la ciencia aún tenía muchas fronteras que atravesar. Genética, neurociencias, nanotecnología, inteligencia artificial, todas se convierten en mundos intelectuales en donde la historia podría continuar. Ahora, el fin del fin de la historia de Fukuyama, gracias a la ciencia y la tecnología, implica que  el avance del hombre puede depender de que se abran ventanas de entendimiento. ¿Cómo abrirlas? De nuevo, la metáfora con la geometría puede ser útil pues pudo avanzar tan pronto pensó algunos de sus conceptos en el plano de lo indefinido (e. j. la línea). No por intentar hacer inteligible el conocimiento, ni por forzar lo abstracto en lo concreto, sino por responsabilidad y flexibilidad epistemológica. Esto es, muchas de las comprensiones geométricas nuevas dependieron de re-pensar y re-establecer. Además, la indefinición es posible, no colapsa nuestro cerebro. Por ejemplo, podemos conceptualizar el espacio y dividirlo en infinitas partes pero al tiempo entender que es continuo. Manejar está aparente contradicción es posible y nuestra cognición parece estar bien preparada para hacerlo, en tanto no se rompe en mil pedazos tratando de reconectar lo discreto con lo continuo. Al contrario,  tratar de entender aparentes contradicciones fortalece el conocimiento. ¿Por qué el 5º axioma de Euclides, si parece tan simple, resiste a ser probado? La indefinición lleva a re-comprensiones, que a su vez empujan lo que se comprende y aprehende.

La propuesta, por lo tanto, es considerar frases, ideas, como contradictorias, indefinidas, por sí mismas, aún cuando se observen diáfanas. La siguiente heurística puede ser útil para clarificar. Usualmente, se explica el teorema de incompletud de Gödel con la oración “Esta frase es mentira”. El loop que se crea es recursivo (más sobre loops en Hofstadter, 1979), en tanto, si aceptamos su verdad entonces es mentira, pero si la frase es mentira, entonces es verdadera. El teorema de incompletud de Gödel, de forma simple, establece que un sistema axiomático va a tener afirmaciones, que aún cuando verdaderas, no se podrán demostrar con el sistema. Es decir, algo verdadero puede no demostrarse, sin eso anular su verdad.  El ejemplo de “Esta frase es mentira” puede sentirse como una contradicción, por el loop recursivo que genera, y por eso se llamara una indefinición natural, simplemente porque nuestro sistema de lenguaje la procesa como indefinida. No se puede concluir nada de ella, pero se entiende.

En particular, a continuación se afirmará que una de esas indefiniciones naturales es “el hombre es inteligente”.  Antes de empezar, es preciso decir que “el hombre es inteligente” es una indefinición del tipo “esta frase es mentira”, y nada tiene que ver con una posición ética, religiosa o valorativa, es, literalmente, una que genera loops recursivos. Pero se empezará así, viéndola desde el campo ético y valorativo. Esto simplemente para re-afirmar que, aún cuando la indefinición puede surgir de ahí, no es del todo su fuente. Una vez esto se establezca, la última sección extenderá la idea de por qué “el hombre es inteligente” es una indefinición natural.

Moral, Progreso e Inteligencia

En principio un ser inteligente debería hacer acciones inteligentes. Ojalá no haya que ir más a fondo, pero a manera de ejemplo, se puede esperar que un radio haga cosas de radio. Por ser un caso relativamente reciente, las torturas en Abu Ghraib por soldados estadounidenses son útiles y reveladoras en dos sentidos. Primero son un caso moral y ético. Segundo, es uno si se deja a un lado el aspecto moral y ético, de violación del principio “un ser inteligente debe hacer acciones inteligentes”. Para entender porque Abu Ghraib es una violación del principio se utilizará como pivote la noción de inteligencia exitosa de Sternberg (1999). Para él, inteligencia es una habilidad para obtener éxito, definidos por estándares personales dentro de un marco sociocultural. Ahora, el resultado final, de exposición mediática y juicios dentro de su país, deja el aspecto de éxito en la definición de Sternberg sin acicate. Los soldados involucrados en la tortura no fueron exitosos por ende no inteligentes. De hecho, es difícil explicarse que iban a hacer con las fotos de la tortura que tomaron.

Extendiendo el ejemplo, en muchos aspectos éticos y morales, la afirmación “el hombre es inteligente” parece una contradicción. Destrucción del medio ambiente en el que se vive, robar recursos públicos y luego quejarse del mal estado de las carreteras, inflar informes financieros para mostrar resultados falsos, sin tener en cuenta que igual los verdaderos resultados existen, independiente de cualquier maniobra. Pero como se afirmó con anterioridad, la indefinición natural del “hombre es inteligente” no viene de problemas éticos o morales. Las violaciones éticas y morales pueden parecer poco inteligentes pero solo si son descubiertas y, si se sigue la definición de Sternberg, llevan al fracaso.

Por lo tanto, no es la ética o la moral lo que determina la indefinición natural del “hombre es inteligente”. Si así lo fuera, se estaría juzgando la afirmación y negando la inteligencia del hombre por sus actos amorales. No, “el hombre es inteligente” es una indefinición en sus propios términos, no dependiente de estándares éticos. ¿Es esto un problema? ¿Decir que una de la vanaglorias de ser hombre (i.e. ser inteligente) es indefinido, mejor aún, debe ser indefinido, es problemático? No. Así como encontrar frases como “esta frase es mentira” no destruye la sintaxis ni la semántica del lenguaje, aceptar una indefinición natural como “el hombre es inteligente” no destruye la semántica de ser humano.

Para efectos de claridad se atacará el problema ahora desde otro flanco: el progreso. Una pregunta evidente que aparece está centrada en la tecnología. Esto es, si “el hombre es inteligente” es una indefinición natural, ¿cómo puede explicarse el progreso humano? El concepto de progreso es amplio, pero en términos operativos, en la ciencia se puede visualizar con la clásica imagen de la Ley de Moore: la capacidad de los chips, medida por el número de transistores en ellos, se duplica casi cada dos años. Tendencias exponenciales similares también se han observado en otras áreas. Un ejemplo simple: el número de horas de videos que se cargan a la página de videos Youtube por minuto. En el 2007 eran 5 horas por minuto. Para octubre de 2010 casi 35 horas por minuto. Más sobre otras áreas con crecimientos acelerados en Kurzweil (2005).

Si el hombre no fuera inteligente, ¿cómo se explica este avance tecnológico consistente? Primero, afirmar que “el hombre es inteligente” es una indefinición, no niega ni confirma nada sobre el hombre, así como “esta frase es mentira” no dice nada sobre la frase. Tan solo se defiende la indefinición natural. Segundo, la pregunta es exquisita pero combina inteligencia con productos. Así como se puede combinar ética y moral con inteligencia, combinarla con progreso material es impreciso. La razón está en el mismo problema que aparece con violaciones o respetos de éticas y morales. Una vez ocurre el hecho se observa como evidente. En retrospectiva todo parece casi obvio, un efecto bien documentado en ciencias de la decisión (e. j. Gilovich, Griffin, & Kahneman, 2002). Algo parecido puede ocurrir con progreso material e inteligencia. Después de ver lo logros se juzga al hombre como inteligente. Sin embargo, no es difícil introducir ética en objetos materiales. Bombas nucleares, manipulaciones genéticas, drogas sintéticas, contaminantes, y demás subcategorías. Una valoración de estos avances técnicos fácilmente puede conducir a quitarle el calificativo de avance. Por ejemplo, tener un veneno mortal en la casa, con la capacidad de matar a toda la familia, que se active si el perro se enoja, sería extraño. Pero el periodo Guerra Fría precisamente se acomoda a la anterior descripción.  Esto no es un ataque al progreso material, se debe ver más como una observación sobre la separación necesaria entre la idea de inteligencia y progreso.

Además, el progreso y la frase “el hombre es inteligente” se entiende, de alguna forma, a partir del personalismo en la ciencia. Es decir, de la imagen del científico solitario e inspirado en el vació de sus divagaciones. Ahora bien, el personalismo tiene dos problemas fundamentales: 1)  su independencia del medio científico y 2) la negación de conocimientos acumulados. En cuanto el primero, el científico no es independiente del medio científico, es más, la ciencia es de intercambio, por ejemplo el epistolar entre Georg Cantor y Richard Dedekind, sobre correspondencias uno a uno entre un segmento de línea y un espacio de n dimensiones. De dicho intercambio epistolar surge el famoso “lo veo pero no lo creo” de Cantor cuando probó la correspondencia. También hay conferencias de asistencias masivas, y ejemplos abundan pero a manera de ilustración la reunión anual de la Sociedad para la Neurociencia de Estados Unidos aglomeró más de 30.000 participantes en el año 2009. En cuanto lo segundo, casi ningún conocimiento surge del vació. O bien, el científico se mueve en un paradigma que acepta o modifica (Kuhn, 1962) o forma parte de un continuo histórico (e. j. Pierre Duhem, citado en Alonso, 2001), similar a la famosa frase: Pararse en hombros de gigantes. Por ejemplo, la noción de espacio-tiempo planteada por Einstein le debe cantidades a la conceptualización geométrica en n dimensiones hecha por Riemann. Ningún científico trabaja en el vacío. Confundir personalismo con inteligencia sería algo como confundir evolución con diseño inteligente. El personalismo niega historia, así como diseño inteligente niega evolución.

El Hombre Inteligente Indefinido

A un nivel más fundamental, confundir ética, progreso, personalismos con la auto-definición “el hombre es inteligente” es obviar que la frase es una indefinición natural del tipo “esta frase es mentira”. De nuevo, no es posible determinarlo, hay una indefinición insalvable. En particular, la frase “el hombre es inteligente” auto asigna una característica al mismo hombre que la imaginó, la cual es “ser inteligente”. Pero para poder aceptar su falsedad o verdad, el hombre debe ser inteligente, lo cual configura un loop, similar al de “esta frase es mentira” en tanto no hay una metaestructura que nos confirme la falsedad. Es decir, para “esta frase es mentira” no existe un metalenguaje que nos permita decidir su verdad o mentira. Hay que aceptarla como indefinida. De la misma manera, no hay un metahumano que nos permita confirmar la frase “el hombre es inteligente”. Para Pinker (1997) la conciencia, un concepto cercano, no identificó a inteligencia, tal vez nunca pueda ser explicada, y si lo fuera, aquel que nos la explicara sería ininteligible pues se expresaría en términos fuera de la conciencia, la explicaría desde afuera.

Pero es plausible suponer que puede aparecer un “humano inteligente de la inteligencia” que juega como árbitro definitivo sobre la falsedad de “el hombre es inteligente”. Para aceptar su palabra sería preciso confirmar su propia inteligencia, es decir, aparece de nuevo la necesidad de confirmar “el humano inteligente es inteligente”. Para lo cual necesitaríamos otro “humano inteligente de la inteligencia del humano inteligente de la inteligencia”, y se configura un problema similar al del homúnculo i.e. uno de regresión infinita. Más interesante sería que “el humano inteligente de la inteligencia”  llegará a la conclusión que la frase “el hombre es inteligente” es mentira. Él, como humano, pues no hay que olvidar su condición, confirma que no es inteligente, pero para confirmarlo tenía que ser inteligente i.e. aparece un loop autoreferenciado similar al de “esta frase es mentira”.

Esto puede parecer un simple juego idiomático y conducir a deconstrucciones de muchas frases. Es decir, alguien podría refutar que entonces toda frase puede colapsarse a dichas regresiones y loops. Sin embargo, lo clave en la oración “el hombre es inteligente”, define al mismo objeto que la creó, y eso es lo que determina su indefinición natural. Por ejemplo, se puede decir “la bola es roja” por la relación de distancia entre la bola y el hombre que la describe. No es el caso con “el hombre es inteligente”. Entonces, por qué no conformarse con decir “Persona X es inteligente”, y si podemos decir esto de la mayoría ahí si afirmar “el hombre es inteligente”. Como una especie de autoevaluación masiva entre todos los individuos del planeta, en tanto cada uno conforma una relación de distancia con el otro. En otras palabras, cada uno es como una bola roja, que puede ser descrito por observadores externos y validar que la mayoría de personas X son inteligentes, por lo tanto confirmar que el hombre, en promedio, es inteligente. No obstante, intuir los siguientes dos problemas no es difícil: 1) “el hombre es inteligente” es una sentencia para el género hombre, no para el promedio, y 2) reconocer inteligencia no es parecido a reconocer categorías perceptuales, es un juego difícil, casi imposible, que  va más allá de simples índices como el IQ (e. j. Gould, 1981).

Conclusión

En suma, lo que se intentó no fue aceptar o refutar la noción “el hombre es inteligente”, tan solo introducirla a lo indefinido. ¿Por qué? Para muchos (e. j. dualistas) aún es difícil aceptar que la inteligencia puede surgir fuera de la humanidad, cualquiera que sea su significado, tanto el de humanidad como el de inteligencia. En tal sentido, simples interacciones biológicas son insuficientes para explicar el ser humano. Debe haber algo más. Más aún, simples interacciones materiales, como las que ocurren en una máquina artificial, nunca harán emerger un ente inteligente. Pero si se acepta que “el hombre es inteligente” es una indefinición natural, el misticismo debería perder fuerza, y no es difícil aceptar frases del tipo “el robot es inteligente”, “el animal es inteligente”, sin colapsar el significado de lo que es ser hombre, robot o animal. Así como la línea vive en esferas y planos, con representaciones diferentes, la inteligencia también.

 

 

Referencias

Alonso, C. J. (2001). Historia básica de la ciencia. Pamplona: Ediciones Universidad de Navarra.

Fauconnier, G., & Turner, M. (2002). The way we think: Conceptual blending and the mind’s hidden complexities. New York: Basic Books.

Fukuyama, F. (2002). Our Posthuman Future: Consequences of the biotechnology revolution . New York: Farrar, Straus and Giroux.

Gilovich, T., Griffin, D., & Kahneman, D. (2002). Heuristics and biases: the psychology of intuitive judgement . Cambridge, UK: Cambridge University Press.

Gould, S. J. (1981). The Mismeasure of Man. New York: W. W. Norton & Company.

Hofstadter, D. R. (1979). Godel, Escher and Bach: An eternal golden braid. New York: Basic Books.

Kuhn, T. S. (1962). The structure of scientific revolutions (3rd ed.). Chicago: The University of Chicago Press.

Kurzweil, R. (2005). The Singularity is Near: When Humans Transcend Biology. London: Penguin Books.

Pinker, S. (1997). How the mind works. New York: W.W. Norton & Company.

Sternberg, R. J. (1999). The theory of successful intelligence. Review of General Psychology , 292-316.


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    Para citar este artículo:
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    Díaz, S. A. (2012, 25 de octubre ). El Hombre Inteligente. PsicoPediaHoy, 14(15). Disponible en: http://psicopediahoy.com/el-hombre-inteligente/
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Un Comentario a El Hombre Inteligente

  1. raul Baldera Rivadeneira dice:

    Entiendo que la definición de que el hombre es inteligente se debe entender como que el hombre posee una inteligencia o un conjunto de capacidades que lo hacen diferente por que, en realidad diría tal vez que todos los hombres en realidad no son inteligentes porque cada uno tiene una naturaleza diferente, así como diferente cultura y diferentes aprendizajes.

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