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El Yo y los términos relacionados

Publicado: Nov 21, 12 │ Categorías: Artículos, Artículos PsicologíaSin Comentarios
términos relacionados
  • Juan Carlos Zavala Olalde
    Profesor Facultad de Ciencias
    Universidad Nacional Autónoma de México
    México D.F., México



Existe variedad de términos relativos al yo o a una noción del ser humano contenida en el pronombre yo, que han buscado ser explicada en una diversidad de términos que señala las facetas por la cuales se manifiesta el yo.


Resumen   

El presente artículo explora un orden de los términos que están relacionados con el yo. El objetivo es ordenar aquellos términos que al encontrarse relacionados con el yo ayudan en su comprensión. Se establece una explicación que busca ser sistemática y que deriva en comprender al yo como el resultado del sistema de interacción entre los fenómenos que la serie de términos sugieren. Uno de los requisitos de toda investigación está en la sistematización de los conceptos en los cuales se fundamenta. Además, el tema del yo es de un interés general que hace indispensable una primera orientación para abordarlo posteriormente con mayor especialización. El resultado del trabajo es conducir hacia una explicación la facultad humana de ser un yo en el mundo.

Palabras clave: Yo, conciencia del yo, sí mismo, autoconciencia, identidad.

 

Hay una gama de términos relativos al yo o a una noción del ser humano contenida en el pronombre yo, que han buscado ser explicada en una diversidad de términos que señala las facetas por la cuales se manifiesta el yo. Aún cuando forman parte de distintos enfoques teórico-metodológicos, tanto filosóficos, sociales y biopsicológicos, todos coinciden con asegurar la unidad sistémica del yo. Todos los términos son explicaciones de cualidades propias del ser humano que son esenciales (en el sentido de propias, básicas o elementales) o tan inherentes a él como para conformar el núcleo central que define; lo que es y hace posible la existencia del ser humano como ente independiente, así como el modo por medio del cual se relaciona con los demás entes vivos y personas como él. Cada término se genera en una perspectiva o tradición filosófica previa y cada uno tiene como referencia a algo que ciertamente existe o puede ser descrito de esa manera como una explicación factible. Para tener una idea coherente del sistema que explica al yo es posible tomar una de las vertientes y modificarla en la medida de las necesidades explicativas o supuestos teóricos que se asuman. Esa es una posibilidad y otra, que considero más fructífera, es hacer uso de los elementos conceptuales básicos del universo de términos y conceptos relativos al yo para construir una explicación coherente y el sistema de relaciones que se ajuste a la realidad del fenómeno humano del yo. Advierto que no es mi objetivo hacer una descripción o búsqueda del proceso evolutivo del yo, para ello pueden consultarse valiosos libros que abordan el tema (Durham 1991, Herbig 1997, Ursua 1993). Mi objetivo es establecer un orden sistemático y un esquema explicativo de los términos relativos al yo que permitan comprender el yo. El trabajo se fundamenta en el análisis de la relación entre los términos que refieren y se relación con el yo.

Este trabajo tiene como meta el hacer explícitos una serie de términos relacionados al yo a partir de sus propias definiciones y su posible orden en un sistema que constituya al yo como fenómeno emergente. Con lo cual se hacen claros cada uno de los términos que suelen utilizarse al hablar del yo y que mantengan un orden coherente que permita comprender al yo. Se ha realizado mediante la consulta del diccionario de Warren (1934, 1948, 1998) a partir del cual se buscaron los términos relativos al yo. Estos términos se ordenan siguiendo un sistema dicotómico cuya referencia central es el yo.

El orden de relación de los términos psicológicos

Comienzo con una postura que no es novedosa; tomo como centro del sistema por explicar al yo. Esta perspectiva es la que presenta la psicología del yo fundada por Calkins (1915). En su trabajo, Calkins afirma que la tarea de la psicología es la realizar una descripción que clarifique la noción de yo. Dentro de la psicología del yo toda introspección tiene como centro a el yo y todo fenómeno psíquico tiene que enlazarse a este yo. Evolutivamente puede ser más adecuado tomar como núcleo a la conciencia, por su impacto evolutivo (Llinas 2003), pues de la noción del yo sólo sabemos que aparece hasta nuestra especie. En términos del desarrollo infantil puede ser más adecuado tomar el nombre como núcleo de esta conciencia en desarrollo. No obstante, si consideramos a el yo como un individuo consciente de su propia y continua identidad y de su relación con el medio, ya tendremos un individuo en el sentido de un organismo con una facultad que es su conciencia, por lo tanto, resulta más apropiado tener como núcleo al yo. Porque puede incluir-relacionar a todos los demás términos, incluso a la conciencia como conciencia del yo o al ego no sólo como la expresión latina sino como una explicación particular del yo.

El yo se ha dividido históricamente en un yo racional y un yo empírico. Esto ayuda para definir dos espacios del desarrollo del yo que corresponden; 1. El yo racional con el pensamiento y 2. El yo empírico relacionado con la sensibilidad. Con ello estoy asumiendo que hay una dualidad que es utilizada por el yo para la creatividad y el desarrollo. Por pensamiento tenemos un tipo de experiencia que es fundamentalmente ideacional simbólica. El pensamiento se presenta como la sucesión o el curso de procesos simbólicos. También se tiene a la noción de pensamiento como aquella experiencia cognoscitiva en general. La razón, por su parte, corresponde a la facultad psíquica para adquirir conocimiento por medio del pensamiento o de la intuición. En todo caso, podemos dar cuenta de una mejor interrelación y más precisa entre el pensamiento y el ámbito racional del yo. En el otro lado tenemos el yo empírico que relaciono con la sensibilidad. La sensibilidad es la capacidad de cualquier organismo para recibir estímulos y reaccionarse a ellos. La sensibilidad faculta al organismo con el sentimiento orgánico del yo, la capacidad de obtener impresiones sensoriales, aparte de todos los procesos intelectuales. La sensibilidad capacita sensorialmente para hacer distinciones de cualidad, intensidad, extensidad y duración. La sensibilidad dota a un organismo para experimentar experiencias afectivas y emotivas. Es por ello que puede considerarse propio del ámbito empírico y conduce al ámbito de la experiencia. El conocimiento que se adquiere por medio de la sensibilidad es precisamente el empírico. Tenemos así que el yo tiene dos vertientes de manifestación y existencia; el yo que se expresa en el universo del pensamiento y el yo cuya existencia pertenece al universo de la sensibilidad. Como no hay una aislamiento entre uno y otro coinciden en la coherencia del yo, pero cada uno posee un ámbito de desarrollo con sus propiedades.

El yo se provee de dos ámbitos para tener acceso al mundo interno y externo, estos son el pensamiento y la sensibilidad a partir de los cuales se desarrolla la idea de sí mismo e interacciona con el mundo. A la noción de sí mismo corresponde en gran parte el sistema que se comienza a constituir. Pero es necesario decir que esta noción de sí mismo, el yo que se desarrolla, ocurre gracias a la existencia de el otro. El otro es el medio social, incluyéndose la noción de tú, él y esto en unidad con los otros. Al parecer durante el desarrollo de la idea de sí mismo en un infante se fundamenta en la oposición entre el yo y el no yo. En un ámbito así ocurre el desarrollo de una noción de persona. La noción de persona es el opuesto al animal. Los infantes identifican un par de opuestos, la persona y el animal como ejemplo de la no persona. Es sobre esta distinción básica sobre la cual después desarrollan una noción clara de lo que es ser persona. Esta primera noción es muy básica y primaria, su importancia radica en que a partir de ella se construye concretamente y la persona desarrolla una noción de sí cada vez más compleja. Como se verá en su desarrollo está íntimamente ligado a la presencia del otro. Seguramente del mismo modo es que se desarrolla una noción del yo a partir de la existencia del opuesto que es el otro. Al ser el medio social el que funge como el otro, su presencia siempre es evidente y constante en su influencia sobre el yo.

La interacción entre el yo con el otro genera un desarrollo claro de la noción y sistema que corresponde al yo. Dos son los primeros caminos o más generales en el desarrollo: el yo reflejo y el yo social que se relaciona con el nombre de la persona y es la primera forma de conocimiento que de sí mismo posee un infante. En primer lugar, el yo reflejo designa la impresión que genera el otro o el elogio de sí mismo que recibe un individuo fundándose en lo que otros creen de él. Veamos aquí una capacidad que es previa al pensamiento y hace posible la sensibilidad: la percepción. La percepción hace posible que el yo se dé cuenta de los objetos externos, sus cualidades o relaciones, que siguen directamente a los procesos sensoriales. Por medio de la percepción el yo se capacita para dar cuenta de las situaciones presentes. La percepción hace que el yo pueda desarrollarse como un yo reflejo que reacciona ante el medio social, ante el otro. La antropología nos ha permitido ver la importancia creativa de la otredad en la mismidad, es decir, la acción del otro en el desarrollo del yo. Aquí lo que importa es que el otro también es un yo. Esta dialéctica, dinamismo que significa el otro que es yo, determina un camino para el desarrollo de la propia noción. En segundo lugar está el que hemos llamado yo social y corresponde a la conciencia del propio yo o personalidad, pero en el sentido de conciencia del yo que se genera determinada por las actitudes de los demás. El yo se desarrolla con una facultad de conciencia que está determinada por las acciones del otro hacia el yo. De esa manera, parte de la conducta o personalidad del individuo tiene significado social, pues se incluye en el yo a partir del yo social. La posibilidad de identificarse como un yo por el entorno justifica la noción subjetiva del yo como una pretendida definición objetiva del yo.

Con lo dicho hasta ahora se ha definido un campo de dos amplias vías entre el yo y el otro. En una vertiente encontramos la racionalidad del yo que se manifiesta cognitivamente en el pensamiento del yo. En la otra vertiente nos encontramos con la existencia empírica del yo gracias a la sensibilidad, a la experiencia sensible y a la percepción. Estas dos vías propias del yo hacen posible que se genere una diversidad de vías, un par de ellas relacionadas con el otro y que tendrán una profunda influencia en el yo por su determinación de la conciencia y son el yo reflejo y el yo social. Este campo de relación entre el yo y el otro tiene un opuesto en un núcleo más próximo al yo. En ese núcleo próximo a el yo tenemos a la individualidad. La individualidad corresponde a la suma total y organizada de características de un organismo que le distingue de cualquier otro. La individualidad es una noción general que no sólo se aplica al ser humano como la personalidad. La individualidad se refiere a cualquier rasgo, cualidad o manifestación de conducta, mientras que personalidad se refiere a todo el complejo de características que constituyen al individuo; personalidad implica una pauta positiva, para el caso de la individualidad la pauta busca ser neutra. Esta es la distinción entre individualidad y el yo, pues su aplicación es general. Esta noción de individualidad genera una noción de indivisibilidad y continuidad del yo.

La individualidad ha hecho posible que se hable de identidad, pues como el primero, éste es una característica de un organismo. Desafortunadamente, hay una noción definida de identidad que genera cierta confusión, pues en matemáticas y en lógica significan la ecuación satisfecha por todos los valores de las constantes y variables, mientras que en lógica es la coherencia entre el uso de un término dentro de una parte determinada del discurso. Ambas determinaciones para identidad no son satisfechas para la identidad que corresponde al yo. La identidad del yo se restringe a la existencia continua de un individuo determinado a pesar de los cambios en sus funciones y estructura. La identidad del yo tiene un sentido subjetivo de esa existencia continua que hace que para hacer referencia a las experiencias no se requiera de una prueba de la identidad y por lo cual la identidad del yo posee un estatus espacial (véase Tirado 1987). La noción subjetiva que de identidad posee el yo funciona como una prueba objetiva de su existencia.

La identidad personal del yo está refiriendo a otra noción fundamental que es la de persona. Por persona podemos entender a un ser humano que en su entorno sociocultural es identificado en su individualidad de acuerdo a valores morales y a las costumbres aceptadas en el grupo. A la persona se le asigna un determinado rol en la sociedad que hace de la persona un tipo de persona, una personalidad. La persona está dotada de autonomía y aquello que le es propio le caracteriza como tal para ser reconocida. Posee el sentido de autonomía y de continuidad a lo largo de su vida. La autoidentifación hace sustantiva a la persona y autorreferencial. Esta noción de persona ha hecho que en el psicoanálisis se considere como el complejo funcional que ha cobrado existencia por razones de adaptación o de conveniencia necesaria en relación con el objeto, pero que no es idéntico a la individualidad. La persona está muy próxima a el yo, establece una coherencia entre la identidad del yo y la influencia del otro. La identidad del yo es, en términos reales, lo que el yo es, las notas que le hacen ser el yo que es. La persona rodea el núcleo del cual se apropia de acuerdo a las necesidades sociales donde el desarrollo de personas que dan continuidad al grupo. La persona toma esta identidad del yo como el núcleo de su ser persona con lo cual cubre la influencia que el entorno social genera así sobre la identidad. Este fenómeno aparenta un grado de objetividad y determinación personal sobre la construcción subjetiva de un constructo social que es la persona.

Hay una cercanía mayor a el yo por parte del id y ego. El id que es casi un sinónimo del ello que utiliza Freud, id es un término propuesto por Weismann para designar una supuesta unidad vital compleja que se compone de un grupo organizado de determinantes hipotéticos. El id para el psicoanálisis es la impersonalidad de la psique fuera de su ego, es el verdadero inconsciente o la parte más profunda de la psique, el receptáculo de los impulsos instintivos. Si bien los términos tratados hasta ahora son complejos por sí mismos, el caso del id es el que mayor complejidad presenta. El id se puede tomar como la forma latina del ello y entonces nos habla de una facultad inconsciente, pero sin eliminar dicha noción puede extenderse al sentido original de Weismann como unidad vital organizada causal. El id tiene entre su definición el carácter de inconsciente, lo que se reconoce como inconsciente caracteriza a una actividad que ocurre sin que el organismo que la ejecuta se dé cuenta de ella. Esta es la propiedad más evidente de los procesos mentales, pues si bien el yo puede hacer explícitos pensamientos y sensaciones que experimenta, el modo en el cual eso ocurre en su interior como un fenómeno cognitivo escapa a su identificación neuronal precisa (Changeux 2005). Por lo tanto, podemos decir que con id se califica a algo que existe en el fenómeno del yo. La coherencia del id procede de la existencia como un sistema del todo psíquico. La relación del id con una base instintiva procede de la asociación con una base neurofuncional sobre la cual tiene lugar, de ahí es desde donde se puede hablar de su carácter causal. El id explicado en estos términos corresponde a un elemento próximo al yo. Pues morfo-anatómicamente es el que le da existencia y continuidad. Con el id se asegura la funcionalidad del yo sin la intervención de la conciencia. Es probable que con id sólo califiquemos al Sistema Nervioso Central sobre el cual se desarrolla lentamente, en particular de el yo.

El ego por su parte es la propia persona. En ese sentido, el ego es la manera en la cual el yo se hace presente en el entorno sociocultural como un ser con individualidad e identidad que le hacen posible nombrarse como un yo. Lo cual no quiere decir que evidencie o sea suficiente para serlo, pero lo evidencia y esa es otra particularidad del ego; la expresión de un tipo de persona, la presentación del yo como un ser independiente que explicita dicha independencia. El ego para el psicoanálisis es la parte superficial de id que ha sido modificada por influencia directa del mundo externo a través de los sentidos. El ego habría sido imbuido de conciencia, por lo cual se presenta como un ser autorreferencial. Las funciones del ego para el psicoanálisis son la comprobación de la realidad y la aceptación (mediante selección y control) de parte de los deseos y exigencias procedentes de los impulsos que emanan del id. Presentándose así un ámbito de conflicto que pertenece al yo y está dividido en el id y el ego, donde cada uno tiene una facultad y el id parece el causal, al tiempo que el ego es capaz de decidir el orden del comportamiento por seguir. Las características del ego, efectivamente, son las que debe poseer el yo, salvo su determinación por el id que puede ser o no una posibilidad. Por lo dicho arriba podemos hablar de que efectivamente está presente.

Ambos conceptos, id & ego, presentan una problemática conceptual acerca del yo. El problema fundamental reside en el grado de causalidad. Se ha mencionado la causalidad como inherente a las propiedades del id, al tiempo que para el ego se establece la facultad de decidir acerca de la conducción de dicha causalidad. Considero que esta posibilidad de dos fuentes que se contrastan en el yo es factible y puede corresponder a la dualidad ya mencionada para la sensibilidad y el pensamiento. No obstante, no hay una certeza absoluta ni una prueba concluyente al respecto. Manteniendo la idea como un principio útil y posiblemente  necesario, podemos hablar que el yo se caracteriza por un dinamismo interno de causalidad y determinación de la conducta. El yo es el receptáculo de coherencia entre las entradas al sistema y las salidas.  En el yo la auto-identificación no se exige y al mismo tiempo es el lugar desde el cual por su uso se manifiesta su presencia. En el yo se dan cita los elementos inherentes al mismo, las características instintivas y los fundamentos socioculturales que se han aprendido y adquirido de manera inconsciente, al mismo tiempo se encuentran con los fundamentos de la conciencia y las  facultades que propicia para la expresión del yo. La manifestación coherente de la unidad del yo se hace evidente en la persona.

Una persona es la noción coherente en la que esperamos se den cita las experiencias de la vida de un individuo. He comentado la importancia de las experiencias como un modo de relación del yo a partir de su sensibilidad con el entorno. La experiencia corresponde a la integración de los fenómenos psíquicos de un individuo en un momento dado o durante cierto periodo. Las experiencias de una persona pueden ser referidas como la totalidad de los fenómenos psíquicos ocurridos en un momento dado y que son recibidos directamente por el individuo, por el yo. Las experiencias dotan de cualidad a una persona al ser lo propio y lo que llamamos subjetivo, por el modo en el cual se viven. La experiencia es posible para todo ser vivo, lo que la hace tan importante en el ser humano y en el desarrollo del contenido del yo es la memoria. La memoria es un término genérico que se ha utilizado para denotar experiencias, funciones o movimientos condicionados por experiencias, funciones o movimientos anteriores. En su sentido más importante, para lo que aquí referimos, es su propiedad de almacenamiento de información aprendida: a corto plazo (desde minutos hasta horas) y a largo plazo (desde días hasta semanas). Gracias a la acumulación de información acerca de las experiencias. el yo resulta capaz de asegurar su propiedad y subjetividad. Esta seguridad que provee la conciencia actuando sobre los recuerdos no se considera absoluta, pues se puede engañar a partir de los recuerdos imprecisos, pero la manera en la cual los seres humanos generan una idea de sí mismos. Las experiencias contenidas en la memoria constituyen el contenido sobre el cual actúa la conciencia dando lugar a una noción de sí mismo. Así es como la memoria de experiencias puede sostener la identidad del yo, defender la propiedad y así la supuesta realidad del yo.

La memoria tiene al menos dos facetas que aportan creatividad a la vida y desarrollo del yo. Me refiero a la memoria explícita y a la memoria implícita, la primera es la que corresponde al almacenamiento de información sobre personas, lugares y acontecimientos, recordada conscientemente, la segunda corresponde al almacenamiento de información, por lo general sobre hábitos, estrategias perceptivas o motoras, y condicionamiento asociativo y no asociativo, recordada inconscientemente. Estos dos tipos de memoria nos dan un índice de la realidad y utilidad de los mencionados términos del yo: id y ego. Así mismo, la memoria hace posible el carácter del yo en su facultad de tener experiencias.

La memoria dedicada a guardar la información que por la percepción y la simbolización se encuentra contenida (por efecto de la experiencia) y genera el contenido que la conciencia requiere para su existencia como parte del yo. La conciencia faculta al yo con la capacidad de formar una noción de sí mismo que sobre la identidad que ha adquirido la persona se manifiesta como un yo coherente que posee un conocimiento de sí mismo. Sobre la memoria se imprimen los conocimientos que procedentes de la percepción sensible y el mundo del pensamiento generan una idea de continuidad del yo. Sobre la misma memoria se desarrollan los fundamentos básicos de la oposición con el otro y así la existencia del yo. En el contenido de la memoria, entonces, actúa la conciencia para establecer la funcionalidad explícita del yo.

La conciencia y su comprensión se han vuelto el núcleo más fuerte de la investigación en ciencias cognitivas. Por ello hablar de conciencia es evidentemente más complicado ante la gran cantidad de ideas y nociones al respecto. Lo que podemos asegura acerca de la conciencia es que es una adaptación por lo tanto es importante por la sobrevivencia diferencial. Su importancia evolutiva seguramente hace que en nuestra especie encuentre un pronunciado desarrollo tanto en la historia de nuestra especie como a lo largo del desarrollo vital del individuo. La conciencia es importante porque provee al ser humano de la voluntad, de la función o grupo de funciones relacionadas con una reacción y decisión para actuar. Por medio de la voluntad el yo le hace de manera prevista una actividad. Esta capacidad de decidir acerca de la acción con una mirada puesta en las consecuencias es tan importante que se asocia con la sabiduría, noción positiva y más elevada de un tipo de vida humana digna.

La conciencia es el rasgo que se plantea como distintivo de la vida psíquica del ser humano y se ha presentado como el yo (Diaz 2007). Aquí se está presentando como una parte, si bien muy importante y fundamental, de ningún modo la más grande ni la única. La conciencia faculta al yo para percatarse, capacita para tener experiencias que asuma como una relación directa con el yo con el medio ambiente. Así mismo, la conciencia es la capacidad del individuo para conocer objetos externos e influir sobre ellos. Finalmente, una propiedad que se reconoce a la conciencia es que capacita al individuo en sus respuestas hacia las implicaciones morales y sociales y que suponen un juicio de valor.

Por medio de la comprensión de la conciencia se ha buscado abarcar el ámbito total del yo. Eso hace que puedan encontrarse una amplia variedad de tipos de acción de la conciencia. La función que está desarrollando la conciencia que hace posible lo antes dicho es cómo puede situarse en cada elemento que constituye el yo, en mayor o menor profundidad.

He comenzado este trabajo haciendo una distinción entre el yo racional y el yo empírico, ese principio ha permitido establecer una orden coherente entre una diversidad de elementos que forman el sistema del yo. La misma idea la manejaré para la explicación de los términos relativos a la conciencia y así a su relación con el yo.

Para comenzar tenemos a la conciencia como la capacidad de tener, de percatarse y adquirir experiencias que no dependen de la facultad cognoscitiva (la conciencia anoética), en oposición está la conciencia capaz de captar experiencias que son esencialmente cognoscitivas (la conciencia noetica). En la conciencia anoética podemos incluir al subconsciente que se refiere a los procesos de los que no se da cuenta el individuo, pero que parecen afines a los procesos de la experiencia consciente. El subconsciente no constituye el todo de la conciencia anoética, pero desde luego una parte fundamental propia del funcionamiento biológico y social básico de nuestra especie. La conciencia, con la participación cognoscitiva o sin ella, da paso a las posibilidades de la conciencia de sí mismo. Este es el punto máximo de la conciencia como autoconciencia que voluntariamente tiene acceso al yo. La conciencia de sí mismo es el hecho de darse cuenta de la propia existencia y las actividades que se realizan, generalmente tiene lugar en relación con otros individuos u objetos. Pues conciencia siempre lo es de algo, aquí el contenido de la conciencia busca ser el yo. Evidentemente no somos capaces de este nivel de autoconciencia todo el tiempo, en vez de ello vivimos una vida cotidiana en una conciencia marginal constituida por débiles experiencias que se hallan presentes en cualquier momento junto con la experiencia vivida y local. Mientras la conciencia de sí mismo está más próxima al ámbito cognoscitivo, la conciencia marginal lo está al no cognoscitivo.

Los correlatos más claros de la conciencia corresponden a la conciencia de acción, esto es, la experiencia de la propia actividad y a la conciencia de libertad, la experiencia consciente de que nuestras decisiones se toman o pueden tomarse por nosotros mismos, sin tener en cuenta influencias externas ni predisposiciones psíquicas. La conciencia tiene como meta dar cuenta o suposición consciente de una relación entre ciertos datos de la experiencia (conciencia de relación). El individuo consciente es capaz de percatarse de su lugar en el mundo y por medio de este conocimiento sobrevivir en él. Finalmente, la conciencia provee al ser humano de un sentido ético. Así el ser humano está capacitado para discernir entre los actos humanos partiendo de la base de su conformidad con una norma de rectitud, justicia o caridad hacia aquellos a quienes afecta.

Al hablar de conciencia es imprescindible hacerlo de los qualia de esa conciencia. El qualia de la conciencia se encuentra relatado en el gran número de elementos que se desarrollan de manera subjetiva en el yo. La problemática para explicitar y explicar a los qualia como parte de la conciencia puede resultar  en que no todos tienen como núcleo único a la conciencia. El único núcleo que podemos asignar a los qualia será el yo, que como vemos es un sistema coherente, pero con múltiples determinantes y una compleja manera de relación.

Conclusión

Los términos que nos refieren de un modo y otro al yo muestran lo complejo, difícil e interesante, posiblemente lo esencial del tema. Evolutivamente nuestra especie es capaz de formar una noción biocultural del yo y junto con esa facultad puede describir su conocimiento. El conocimiento acerca del yo forma un sistema que busca dar cuenta de los elementos, las características y las propiedades del yo. El yo del que hablamos es como tal una entidad emergente, surge de la existencia del sistema de relaciones. Si bien se ha planteado como núcleo en realidad surge como realidad al ser funcional cada uno de los elementos como un sistema. Así la conciencia no es capaz de dar cuenta del yo sin la memoria, y la experiencia no genera aquel sustrato sin el pensamiento y la sensibilidad. Concretamente, es en la funcionalidad coherente del sistema donde surge el yo. Cada elemento genera un aspecto cuya unidad es el yo que sabe de sí mismo. Por ello Hume (Díaz 2007) sólo encuentra contenidos en la búsqueda del yo, pues el yo se genera en el sistema de relaciones que hemos buscado establecer con un grado de orden. El yo es lo más próximo a la mente en tanto que puede captar, evaluar, transformar, almacenar, recuperar y emitir información desde sí mismo y del entorno. El yo como la mente se constituye como un sistema y seguramente la mente abarca el yo que hemos estado tratando como un núcleo fundamental de la vida mental.

Referencias

Calkins, M.W. 1915. The Self Scientific Psychology. American Journal of Psychology26, 495-524.

Changeux,  J-P. 2005. El hombre de verdad. FCE, México.

Diaz, J.L. 2007. La conciencia viviente. FCE, México.

Durham, W.H. 1991. Coevolution. Stanford University Press, California.

Herbig, J. 1997. La evolución del conocimiento. Del pensamiento mítico al racional. Herder, Barcelona.

Llinás, R. 2003. El cerebro y el mito del yo. El papel de las neuronas en el pensamiento y el comportamiento humanos. Grupo Norma, Bogotá.

Tirado, A.R. 1987. La identidad personal y el pensamiento auto-conciente. UNAM, México.

Ursua, N. 1993. Cerebro y conocimiento: un enfoque evolucionista. Antropos, Barcelona.

Warren; 1934, 1948 y 1998. Diccionario de psicología. FCE, México.


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    Para citar este artículo:
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    Zavala, J. C. (2012, 21 noviembre ). El Yo y los términos relacionados. PsicoPediaHoy, 14(16). Disponible en: http://el-yo-terminos-relacionados
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