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Epistemología del Presente Potencial y sus implicaciones en la enseñanza de la psicología: Algunas reflexiones

Publicado: Feb 19, 10 │ Categorías: ArtículosSin Comentarios
  • Julio Israel Flores González
    Docente Instituto Politécnico Nacional
    México



Este trabajo reflexiona sobre la postura de la Epistemología del Presente Potencial del Dr. Hugo Zemelman. Describe obstáculos epistemológicos en la enseñanza de la psicología y plantea sugerencias para su deconstrucción y reconstrucción como vía epistemológica en la formación profesional.

RESUMEN

Se expone una reflexión en a la enseñanza de la psicología sugiriendo algunas directrices de la actuación del docente en sus clases,  el tema se aborda  desde la Epistemología del Presente Potencial de Hugo Zemelman como fundamento de la profesionalización de la docencia, la cual también implica un saber disciplinario y un saber pedagógico como vías para favorecer la formación de los futuros psicólogos. Se describen algunos obstáculos epistemológicos en la enseñanza y se plantean sugerencias para su deconstrucción y reconstrucción como vía epistemológica en la formación profesional.

Palabras clave: Epistemología, hugo zemelman, enseñanza, docencia.

Introducción

Una de las tareas encomendadas a la universidad es la formación de profesionistas,  se busca cumplirla a través de una pluralidad de escenarios donde se establece el intercambio de diversos contenidos declarativos, procedimentales y actitudinales. Los primeros referidos a conocimientos de teorías, principios y conceptos; los segundos, a las habilidades para realizar cosas y, los últimos, referidos al ethos (manera de ser) que se busca en un sujeto. El currículum formal los ordena por asignaturas, áreas o módulos, cuyo fin es insertar al alumno de una licenciatura al campo disciplinar y profesional específico  de lo que esté estudiando pero, además, se complementan con otras actividades extracurriculares con la misma importancia formativa.

En este proceso formativo, la relación pedagógica establecida entre contenidos-alumnos-docente, tiene un papel sumamente importante, pues allí, se evidencian los elementos didácticos comunes a toda situación de enseñanza formal. Existe un contenido a ser aprehendido por el estudiante conforme a un objetivo, un sujeto que enseña y/o diseña las situaciones que coadyuven al aprendizaje de otro sujeto en proceso formativo, todo lo cual está mediado por herramientas, instrumentos, técnicas y estrategias para alcanzar los fines propuestos.

La labor docente como uno de los elementos esenciales en la formación de profesionistas, requiere de -valga la redundancia- una profesionalización (Zarzar, 2001). Esta actividad, podría decirse  que tiene su toque artístico, pues se demanda al docente creatividad, imaginación y sensibilidad ante el grupo, sin embargo, no se trata de un sentido común sino también se reclama el toque científico que pueda abrir nuevos horizontes a la formación de profesionistas. De otra forma, siguiendo a Menin (2001), se estaría en riesgo de viciar la práctica docente con el folclor pedagógico no tan extraño en las aulas universitarias, el cual se refiere la enseñanza por parte del docente  a partir de lo que dicta su experiencia como estudiante y el sentido común, dejando de lado la problematización e indagación científica de lo que hace o deja de hacer en el aula. En contraparte, al hablar de una profesionalización de la docencia se exige un saber a tres. Por un lado, el conocimiento de la materia a impartir, por otro, el conocimiento pedagógico (Zarzar, 2001) y, por último, una postura epistemológica.

La articulación de los tres saberes abre la posibilidad de que el docente se posicione como un agente de su práctica y no asumir a la enseñanza como un quehacer para mayor retribución económica o de consuelo ante las vicisitudes del desempleo. El primer saber aproxima al campo disciplinar y profesional de cada una de las carreras. Uno se refiere al cuerpo de conocimientos sobre determinado objeto de estudio, otro a la intervención en la realidad para cambiarla. Ambos están vinculados y en movimiento (Flores, 2007) donde el conocimiento teórico se alimenta del ejercicio en los campos de actuación profesional y viceversa. El segundo saber  hace referencia a los conocimientos sobre el hecho educativo en general y a la enseñanza en particular que permiten sistematizar  la práctica docente. El tercer saber  tiene que ver con una postura respecto a la forma en que se establece la relación entre un sujeto cognoscente y un objeto cognoscible, misma que posibilita el conocimiento y que sostendrá a los saberes anteriores. Es decir, la postura epistemológica que se tenga se reflejará en qué y cómo se transmiten los contenidos, además de las posibilidades de actuación que se brindan a los futuros profesionistas.

En este sentido, el presente trabajo es un ejercicio de reflexión sobre la postura de la Epistemología del Presente Potencial (EPP) del Dr. Hugo Zemelman, a partir de la cual bien se puede sustentar la enseñanza de la psicología.

En primer lugar, hay que decir que el docente puede posicionarse de diferentes maneras en su práctica profesional. De sólo estar inmerso en ella cumpliendo sus horas-clase y con un ejercicio acrítico, a permanecer en constante movimiento dentro-fuera de su práctica. Esto es, el ejercicio epistemológico de distanciamiento, donde el quehacer docente como parte del campo profesional del psicólogo, se convierte en objeto de estudio.

Este primer momento de distanciamiento supone observar la realidad para transformarla, exigiendo su problematización, esto es, darse cuenta del entramado de relaciones que subyacen a la práctica docente de la psicología. El profesor tiene un presente en su quehacer diario en el aula o fuera de ella cuyo fin es la formación de educandos, a partir de esta experiencia puede leer su pasado y reconstruirlo, pero además potenciarlo, es decir, convertirlo en un horizonte de posibilidades.

Problematizar la práctica docente es poner en interrogación el proceso mismo de enseñar que lleva a cabo el docente, los contenidos que se brindan,  los nexos que se tengan con otros campos de ejercicio profesional, hasta el contexto donde se desempeña el proceso educativo. Bajo esta mirada, el docente puede plantearse la pregunta ¿cómo me posiciono ante el campo disciplinar y profesional de la psicología así como ante el proceso formativo del cual estoy a cargo? Poner el proceso de formación de profesionales entre signos de interrogación y no asumirla como algo dado, es una exigencia epistemológica, pues, afirma Zemelman (1998:28) “… la verdad se convierte en una prisión que impide como lastre colocarnos ante lo inédito (…) de vislumbrar realidad nuevas como futuros posibles…”

Bajo la mirada de la Epistemología del Presente Potencial, existen algunos obstáculos que someten al docente en un estado de confusión de conciencia respecto a su práctica que inciden en la formación de profesionistas. Dentro de éstos están:

Dogmatismo teórico

Muchos  psicólogos docentes  se “casan” con una teoría y el aula se convierte en un recinto de adoctrinamiento. Si bien, tomar una postura teórica es una necesidad para hacer ciencia y  transmitirla, el  asumirla sin crítica conlleva a una educación bancaria y alienación a la misma. Al respecto Zemelman (1998: 14) comenta que, cuando  las  teorías son rígidas influye en el pensamiento puesto “… que definen cómo organizarlo y, por consiguiente determinan qué se puede pensar. Es lo que ocurre cuando se impone una visión de realidad que impide ver otras realidades que lo concebible en su marco…” Corriendo así  el riesgo de derivar en un cierre de pensamiento versus una forma de razonamiento crítico capaz de negar lo dicho, no en un sentido negativo, sino constructivo (Zemelman, 1998). El docente independientemente de que se asuma como partidiario de una postura psicológica, no le caería nada mal ponerla en interrogación para poder arribar a un nuevo nivel de comprensión de su propia teoría y de la realidad psicológica en general. Traducir esto a la práctica de la enseñanza invita a los docentes a exigir en sus alumnos un pensamiento crítico-argumentativo ante los contenidos que aprenden. No dar las cosas por hecho en un sentido dogmático, sino saber sus bondades de determinado conocimiento así como sus carencias.

Siguiendo a Zemelman (1998: 20) el hombre (alumno o docente) puede progresar cuando manifiesta una inconformidad con lo dado y busca otros recorridos, por lo tanto expande su universo de pertenencia. Y agrega “… si queremos mantenernos vivos requerimos de una constante trascendencia en la reflexión teórica, respecto de cualquier fórmula que nos encuadre acríticamente en una situación que se define como definitiva, por lo tanto carente de alternativas…”. Aquí la inconformidad no tiene una connotación negativa, sino más bien es el inicio para el movimiento. El docente que supone que su teoría psicológica es la explicación, volviéndose en un voceador de ésta, más que un constructor, corre el riesgo de alienarse y alienar al alumno. Lo mismo ocurre en los procedimientos de enseñanza, cuando el profesor cree que su método es el mejor para enseñar y no admite cuestionamientos e inclusive piensa en su fantasía que él si enseña y los otros colegas no. La inconformidad y crítica supone humildad ante el saber disciplinar pero también ante el propio ejercicio docente para que éste tenga un movimiento más ad hoc a los cambio de las generaciones en formación así como a la realidad en la que intervendrán.

La parcialización de saberes

La parcialización de saberes entre las áreas disciplinarias de la psicología, los campos profesionales y otras disciplinas, supone enfatizar la verticalidad y horizontalidad de todo currículum, dentro y fuera del aula, lo cual muchas veces es ignorada por el docente. La diversidad de áreas de conocimiento psicológico se distribuyen a lo largo y ancho de los cursos universitarios sobre psicología mas, en ocasiones, el docente queda encerrado en su asignatura sin favorecer que el alumno establezca puentes entre las diferentes materias que cursa, favoreciendo que el estudiante aprenda parcialmente.

Si en las aulas no es posible hacer esta integración por desconocimiento o por narcisismo, es menester que existan prácticas integrativas para posibilitar un acercamiento global a la realidad psicológica, la cual no sólo se constituye como un objeto de estudio, sino también como un horizonte de posibilidades de cambio hacia fuera como dentro de la misma psicología.

Ahora bien, el psicólogo que sólo lee de psicología ni de psicología sabe, parafraseando a un médico del siglo XIX, esto es, la Epistemología del Presente Potencial demanda que el docente reconozca la realidad como compleja, donde los fenómenos psicológicos no son acontextuales ni mucho menos ajenos a otros procesos (sociales, económicos, políticos). Estar abiertos a otras lecturas abre nuevos horizontes para entender y atender lo psicológico así como estructurar una enseñanza desde la complejidad, de tal forma que se superen las confabulaciones que en muchas ocasiones se viven por la parcialización que ignora la articulación de los distintos saberes intra y multidisciplinarios. Ante esto, Zemelman  (1987:31) comenta:

… esta compartimentalización limita las posibilidades de influir sobre la realidad, en la medida que no se tiene en cuenta la complejidad de relaciones sobre todos los niveles reales. Aunque la captación del todo no es metodológicamente posible, se debe corregir el sesgo de la compartimentalización mediante el enfoque de que, sin exigirse un contenido al todo, se apoye el razonamiento en una exigencia de construcción abierta del conocimiento…

Por otra parte, la articulación de los diferentes campos de acción profesional adquiere suma importancia, puesto que el docente que ejerce otras actividades profesionales, tiene un recurso inigualable para alimentar la enseñanza de la psicología, ya que esto permite acortar la distancia entre el discurso teórico y la realidad que ocurre en lo cotidiano a la que se enfrentará el futuro profesionista de la psicología. Para ser docente en psicología, como en cualquier otra disciplina, no basta con conocer teóricamente los saberes propios de la disciplina (campo disciplinar) sino también ver sus niveles de transferencia y viabilidad histórica en la realidad. Esto es, para entender la drogadicción no hay que ser drogadicto pero entre más acercamiento tenga con esa realidad, la manera de entender y atenderla trasciende el plano conjetural. Si bien, el trabajar como docente implica una cuestión político-económica puesto que para muchos es la única opción de fuente de ingresos, el profesor universitario que se queda encerrado en el mundo académico corre el riesgo de hablar en lo abstracto y la formación del futuro psicólogo sea ineficiente para su actuación profesional.

La Epistemología del Presente Potencial apuesta por un docente crítico, además se alienta de acciones que  inciden en la realidad, no sólo reflexionar sobre lo dado, sino abrirse a lo posible. El docente que toma distanciamiento respecto a su práctica, los contenidos, y otras áreas de ejercicio profesional, puede actuar en ellas creando nuevos caminos viables, buscando nuevas relaciones y acciones en pro del desarrollo de la psicología y la enseñanza de ésta. Actitud que también habría que fomentar en los alumnos para poder hacer de la formación de psicólogos no unos repetidores sino creadores y desarrolladores de esta ciencia. La Epistemología del Presente Potencial apela a la relación entre conocimiento, conciencia y voluntad (Zemelman, 1998), esto es, los contenidos propios de la psicología como ciencia, el conocimiento sobre la construcción de dichos contenidos, pero además, el querer saber y hacer algo más en el campo de la psicología. Favorecer este tipo de actitud en los profesores, es tarea de la formación docente o de la lectura y compromiso profesional de cada uno, y en el caso de los alumnos, es el docente la figura responsable de ésta.

En este mismo orden de ideas, la UNESCO propone que la educación forme al sujeto para enfrentarse a la vida, por ello sugiere que “… la educación  debe estructurarse en torno a cuatro aprendizajes fundamentales que en el transcurso de la vida serán (…) los pilares del conocimiento: aprender a conocer, es decir, adquirir los instrumentos de la comprensión; aprender a hacer, para poder influir sobre el propio entorno; aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con los demás en todas las actividades humanas, por último, aprender a ser, un proceso fundamental que recoge elementos de los tres anteriores…” (Delors, 1996: 91). Tal vez, cabría también aprender a crear, de tal forma que el docente universitario como el principal promotor del aprendizaje, no sólo formara profesionistas que se inserten en el aparato productivo, sino que se redefina la figura del alumno como un sujeto que se apropia e instala en el mundo profesional. Es decir, que el alumno pueda trascender lo sabido a partir de su formación universitaria. Lo mismo vale para el docente, que no sólo sea tal sino que se ubique trascendiendo su práctica y saber psicológico, para que pueda formar dicha actitud en sus alumnos.

La enseñanza de la psicología con base a la Epistemología del Presente Potencial supone que el alumno y docente sean protagonistas, que puedan establecer relaciones de conocimiento inclusivas en una actitud de desafío a los saberes instituidos asumiendo la mirada de lo instituyente en la psicología y su práctica (Zemelman, 1998).

En este sentido, el docente puede asumir que su papel en la educación universitaria está orientada a hacer de ésta:

“… Un horizonte que puede aportar a la potenciación de sujetos a partir de formas de razonamiento en las que se aprehenda problemáticamente lo acumulado y se despliegue en la historicidad del saber y del saber hacer un marco de posibilidades que vaya más allá de las pautas culturales que bloquean la capacidad del individuo para sumirse como persona en y de la historia, como aquellas que la rutina e inercias marcan cuando están asociadas a la sobrevivencia, el consumo y el mercado…” (Gómez, 2001: 67)

Para lograrlo el docente, en una primera instancia así como la institución educativa en general, tendría que reconocer la labor de enseñanza como un campo de acción-reflexión-creación histórico y en potencia.

A manera de conclusión

La reflexión epistemológica es uno de los pilares del ejercicio docente. Una actuación no mecanizada sino comprometida supone la problematización del propio sujeto que enseña y realiza práctica. La profesionalización docente no es tomar un curso de técnicas didácticas sino más bien implica tomar conciencia desde donde se realiza la práctica y el para qué de ésta, además de indagarse acerca de  cómo docente si se está implicado en dicho proceso para poder marcar directrices diversas ante contextos, alumnos y exigencias diferentes. Es una invitación a la deconstrucción de la práctica de la enseñanza de la psicología para entonces reconstruirla desde otra  mirada siempre abierta.

Referencias 

 Delors, J. (1996). La educación encierra un tesoro. México: UNESCO.

Menin, O, (2001) Pedagogía y universidad: currículum, didáctica y evaluación. Argentina: Homo Sapiens.

Gómez, M. (2001)  Formación de sujetos de la educación y configuraciones epistémico – pedagógicas. En: Gómez, M. y Orozco, B. Pensar lo educativo: tejidos conceptuales. México: Plaza y Valdéz.
Zarzar, C. (2000) Temas de didáctica: reflexiones sobre la función de la escuela y del profesor. México: Progreso.

Zemelman, H. (1987a) Uso crítico de la teoría: en torno a las funciones anaíticas de la totalidad. México: Universidad de las Naciones Unidas – El Colegio de México

Zemelman, H. (1987b) Conocimiento y sujetos sociales: contribuciones al estudio del presente. México: El Colegio de México.

Zemelman, H. (1998) Sujeto: existencia y potencia. México: Anthropos – UNAM


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    Para citar este artículo:
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    Flores, J. I. (2010, 19 de febrero ). Epistemología del Presente Potencial y sus implicaciones en la enseñanza de la psicología: Algunas reflexiones. PsicoPediaHoy, 12(1). Disponible en: http://psicopediahoy.com/epistemologia-presente-potencial-psicologia/
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