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Ética psicológica ante el avance científico-tecnológico contemporáneo

Publicado: Sep 17, 12 │ Categorías: Artículos1 Comentario
  • Dunia Chappotin Rodríguez
    Universidad "Carlos Rafael Rodríguez" de Cienfuegos
    Cienfuegos Cuba



El artículo presenta dilemas éticos que enfrenta la ciencia psicológica ante el avance científico-tecnológico contemporáneo, señalando los profundos cambios que en la disciplina se han producido, a la par que en el ser humano y las posibilidades científicas y las limitaciones éticas que en muchos casos implica. Demuestra, además, como la psicología tiene la responsabilidad, no solo para su campo, sino para el ser humano en todas sus dimensiones de velar por el adecuado transcurrir ético del desarrollo científico-tecnológico.

 

A finales del año 2011 una noticia me llegó por la vía más insospechada; la prestigiosa revista Science.  En la publicación se hace una recopilación de los 10 eventos científicos de mayor relevancia del año y, para mi sorpresa, el cuarto lugar estaba ocupado por un representante de mi profesión, un psicólogo (Collazo, 2012). Lo que debió ser un hecho regocijante al menos, se convirtió en motivo de vergüenza al ver que lo hacía situarse en tan codiciado lugar era una situación bien atípica: un fraude.

Diederik Stapel, reconocido psicólogo holandés, logró publicar los resultados de una de sus investigaciones en la ya mencionada revista Science, hecho considerado por muchos un logro significativo. Sin embargo, sus colegas lograron descubrir que el profesor falseó los resultados de la investigación, es más, decía recopilar datos que en realidad nunca tuvieron ese destino sino que creaba aquellos que más le convenía a sus propósitos; al menos 30 estudios publicados se reconocen como falsos. ¿Por qué? El propio Stapel da sus razones: “No fui capaz de aguantar la presión para sumar puntos, para publicar, para tener siempre lo mejor”, señaló el psicólogo en su comunicado. “Quería [tener] demasiado y muy rápido. Y en un sistema en el que hay poco control, donde la gente trabaja normalmente sola, escogí el camino equivocado” (Stapel, D. citado por De Martos, C, 2011). De por sí estas palabras constituyen un llamado a la actualidad de la ética científica en un mundo en que lo nuevo puede desactualizarse en 24 horas, y las redes virtuales han alcanzado tal importancia que para algunos contextos no se existe si no es virtualmente. Razones semejantes hicieron a Science ubicar este hecho como uno de los eventos científicos más relevantes del año, ya que su logro no es académico sino que constituye un llamado de alerta ante la vertiginosidad del mundo contemporáneo que exige a la ciencia un ritmo, que tal vez por su propia naturaleza no lleva.

La psicología como ciencia que estudia la subjetividad humana es altamente permeable a estas situaciones, la inmaterialidad de nuestro objeto de estudio, lo contextualizado de sus verdades (relatividad, dirían algunos) que perfectamente pueden llegar a 7000 millones de ellas, hacen de la ética una dimensión indispensable de nuestro actuar científico.

El desarrollo científico-tecnológico no solo ha producido cambios en la ciencia, en sus teorías y métodos, sino que, además, ha cambiado y cambia constantemente a su objeto de estudio: el hombre.

Con este artículo se pretende hacer un llamado de atención a los dilemas éticos que para la psicología trae aparejado el desarrollo científico- tecnológico contemporáneo; no aspiran estas letras a dar respuesta a aquello que detecta sino a mostrar lo más objetivamente posible estos fenómenos. El desarrollo paradójicamente ha hecho al hombre moderno más poderoso y frágil que nunca antes, sus conocimientos son tales que con igual facilidad puede trascender o simplemente perecer ante y por sus propios logros.

Ética y Psicología

Todas las profesiones tienen principios éticos que la rigen con mayor o menor efectividad, pero a la vez existen principios éticos intrínsecos al género humano que muchas veces son ignorados por aquellos que pretenden dirigir sus disciplinas. La ética como conjunto de valores y normas morales que rigen la conducta humana tiene en la psicología, ciencia de la subjetividad humana, no solo su campo de aplicación por excelencia sino, además, de creación de postulados y nuevas formas de comprenderla y aplicarla.

Para Evandro Agazzi (1996), el análisis ético de una ciencia, independientemente de sus peculiaridades, debe pasar por varios factores de análisis, entre ellos se encuentra la cuestión de la autonomía tradicionalmente entendida como la tendencia a obrar según los criterios de validez del campo en específico, con independencia de otros valores y criterios, llegando a implicar una independencia en la acción y la ausencia de limitación de instancias externas. Actitud nefasta al estilo “de ciencia por la ciencia” que tantas consecuencias negativas ha acarreado.

En el caso de la psicología, creo importante señalar el cúmulo de material teórico creado que no ha tenido una huella significativa en la práctica y cuyo fin último, cuando más, es lograr la obtención de alguna categoría científica, esta situación está estrechamente vinculada a otra de las cuestiones mencionadas por Agazzi (1996), la de los fines con lo cual llama a cuestionar la validez de los objetivos científicos. La historia de la psicología está tristemente plagada de objetivos indecorosos para la ciencia, destacándose el eterno deseo de control y manipulación sobre la conducta humana para lo cual se han dedicado enormes recursos humanos y financieros. Desde un control total pronosticado por los conductistas iniciales hasta uno menos aireado pero más efectivo: la manipulación de la que somos objeto mediante los medios de comunicación, siendo el ejemplo tradicional las campañas publicitarias, aunque en mi opinión no las más nocivas, cuestión en la que se ahondará posteriormente.

Siendo psicológicamente precisos, sería imposible escapar a la modelación social, pero es aquí donde entra a jugar su papel la ética y los fines que cuestiona Agazzi (1996); una ciencia que contribuya a la modelación humana debe perseguir el desarrollar valores sociales positivos en los seres humanos y potenciar al máximo sus habilidades, no emplear sus recursos con miras a una mejor venta de productos o mayor audiencia televisiva o simplemente desviar la atención de lo verdaderamente importante.

Continúa Agazzi (1996) con la reflexión en torno a los medios, no basta con que una investigación persiga fines nobles pues los medios que emplea puede que no lo sean tanto, la manipulación de la naturaleza y el hombre bajo la divisa de perseguir el bien mayor no puede llegar a ser un justificante. Los casos más tristes se reportan en el área de la experimentación (experimentos de Stanford, el experimento de Milgram), nuestro objeto de estudio es tan esencialmente humano que la experimentación animal de la que se valen otras ciencias en la nuestra, aunque de innegable, valor tiene un alcance limitado, la historia de estas situaciones va desde una craneotomía hasta una experimentación no comunicada a los sujetos involucrados.

El problema de las condiciones y circunstancias: el surgimiento de una investigación bajo determinadas condiciones económicas o sociales pueden hacerla cuestionable, al igual que variar sus circunstancias y ya no resultar válida éticamente. En este punto es importante señalar la condición incompleta del conocimiento y la necesidad de actualización y revisión constante de los objetivos y medios de la investigación, así como de las razones que le dieron origen, la actitud flexible del científico posibilita el reconocimiento de la viabilidad y actualidad de su investigación. Nuestra academia está plagada de ejemplos en los que las condiciones económicas lastraron una gran idea, pero también de temas recurrentemente investigados que en la realidad social y científica que les rodea cuentan con muy poco valor.

Las consecuencias son un factor que pudiera calificarse de evidente, pero en este caso Agazzi (1996) hace énfasis en las consecuencias involuntarias y en la necesidad de intentar preverlas. “Hoy el hombre ha ampliado la esfera de su acción, ya que mucho de lo que hace traerá consecuencias para la vida futura de los seres humanos. Estamos hablando del impacto de la ciencia y la tecnología, tanto en el plano de la vida humana como en el de la naturaleza en general. La propuesta consiste en pensar un modelo ético que parta del impacto de la tecnología en la naturaleza, de modo tal que se pueda regular el costo futuro de las acciones” (Lamas, H, 2009.). La psicología no solo está llamada a prever las consecuencias de su propio actuar científico sino además de alertar de las que otros campos del saber pueden provocar sobre el ser humano.

Desarrollo científico-tecnológico de la ciencia psicológica: dilemas éticos

Es habitual hacer la distinción entre investigación básica y tecnológica de lo cual la psicología no está exenta, esta última dirigida especialmente a la creación de artefactos de intervención sobre conducta funcional y disfuncional y de medición del comportamiento.

En el primer caso, se desarrollan infinidad de psicoterapias, como la psicoanalítica, gestáltica, sistémica, logoterapia, humanista, transpersonal, cognitiva y conductual, entre otras, además de programas para intervenir en problemas escolares, comunitarios, organizacionales y dentro de cada una de ellas se crean técnicas que responden a sus necesidades particulares. En el segundo caso, se han diseñado instrumentos destinados a medir la inteligencia, la memoria, la percepción y diversos tipos de respuestas psicofisiológicas; a describir las actitudes, la personalidad, los valores, el lenguaje. También han de señalarse aquellos productos científico-tecnológicos que sin haber surgido en el seno de esta ciencia, sí impactan grandemente en su desarrollo; hacemos referencia a descubrimientos hechos en el área de las neurociencias, la inmunología, la medicina en general y a las tecnologías de la información y de las comunicaciones.

Para ambas producciones se presentan dilemas éticos cada vez con mayor vigencia. Los descubrimientos hechos por las neurociencias hacen de la neuropsicología una de las ramas con mayor prestigio e importancia del sector, pero sobre la que pende con mayor frecuencia el riesgo de experimentos cuestionables y, más aún, aunque mucho menos admitido, hace replantear el temor eterno a la biologización y consecuente reduccionismo de la psicología, a la vez que hay que aceptar, por imposible de ignorar, los incuestionables hallazgos de esta transdisciplina.

Otros hallazgos médicos de gran importancia para nuestra ciencia han tenido lugar en el área de la sexualidad, con lo cual se han revolucionado las representaciones y patrones que sobre esta dimensión se poseían.

En la psicología de la salud y en todas las ramas con mayor o menor intensidad, ha surgido una nueva modalidad de consultas psicológicas online que despierta sospechas. ¿Es sustituible el vínculo especial que se crea en un espacio común, cara a cara, terapeuta-paciente?

En el área de la psicología educativa aún subsisten las eternas interrogantes acerca de los límites entre la educación y la manipulación, entre los intereses personales y los intereses externos. Los retos que imponen las nuevas tecnologías con la posibilidad de la educación a distancia con la consecuente pérdida de la interacción personal alumno-profesor, es otro de los dilemas, al igual que la utilización intensiva de estas tecnologías en la educación, elemento cuestionado por muchos.

Para la psicología social cobra vital importancia el tema de la manipulación, fundamentalmente mediática, respondiendo a los intereses comerciales o políticos. ¿Pero es aceptable negar la oportunidad que ofrecen para llegar a las grandes masas? ¿Es posible no influir de algún modo?

Son estas algunas de las interrogantes que el vertiginoso desarrollo científico-tecnológico contemporáneo trae a de nuestra ciencia, pues muchas de sus respuestas no han de ser encontradas en la ciencia sino en una dimensión ética.

Ética humana y profesional: impacto del cambio científico-tecnológico en el ser humano

No solo al propio desarrollo de la ciencia psicológica afectan los cambios científico-tecnológicos sino que estos van hasta la transformación de su propio objeto de estudio, el ser humano. Muchos de estos cambios de por sí constituyen grandes cuestionamientos morales que atañen directamente al campo de acción del psicólogo.

Para la psicología de la salud es inevitable ignorar el creciente número de patologías asociadas a productos científico-tecnológicos, tales como la adicción a la Internet o a los juegos electrónicos o, simplemente, alteraciones emocionales creadas por el aislamiento social en que puede sumar tantos “amigos” digitales. Por otra parte, es evidente como las inmensas posibilidades que ofrecen las TIC han ido transformando muchas de las funciones y procesos humanos tradicionales tales como la comunicación, la escritura y los estilos de vida de manera general. Cada vez es menos necesario saber manuscribir sino teclear, no hablar sino chatear, no reunirse a almorzar sino acceder a Facebook ¿Qué hacer desde la psicología ante estos cambios innegables en los procesos psicosociales del hombre? ¿Negar las posibilidades de comunicación que ofrecen las redes sociales? ¿Ignorar la optimización de tiempo y calidad que significa la utilización de una computadora? (en la cual, dicho sea de paso, muy cómodamente hago este artículo).

Respuestas no prometí, solo cuestionamientos y ahora una reflexión final: la tecnología no da la respuesta a estas interrogantes, la ciencia puede parecer ilimitada por sus posibilidades intrínsecas, solo en el hombre se pueden hallar los límites a su desarrollo. Pero al hacer referencia a esto, no solo hablo del hombre como especie, lo que de por sí es evidente, sino del hombre individual, subjetivo, que tiene la elección de qué hacer cuando está frente a una PC, puede elegir entre acceder a los últimos avances de su ciencia o simplemente descargar series de televisión. Ya hablaban los humanista de la responsabilidad que implica la libertad del ser humano y este no es un ámbito aparte, es a nosotros los “usuarios”, los “clientes”, los “sujetos” a quienes nos corresponde tomar la decisión final frente la vorágine científica-tecnológica con la cual nos ha atrapado el siglo XXI.

Referencias

Agazzi, E. (1996). El bien, el mal y la ciencia. Las dimensiones éticas de la empresa científico-tecnológica. Madrid: TECNOS S.A.

Collazo, V. (2012, January 7). Diez que marcaron la ciencia. ORBE. Retrieved January 7, 2012, .

De Martos, C. (2011, November 3). El holandés farsante. El Mundo. Retrieved December 12, 2012, from www.elmundo.es.

Ferrer, I. (2011, November 3). Escándalo científico por el fraude de un psicólogo social holandés que inventó sus investigaciones y las publicó en ‘Science’. El País. Retrieved December 12, 2012, from www.elpaís.com.

González, M. (2006). Ética entre ciencia y tecnología: apuntes para reflexionar ante los dilemas de la informática. Retrieved December 12, 2011, from http://www.eumed.net/eve/resum/07-abril/mga.htm.

Lamas, H. (n.d.). Debates en psicología. Cuestiones de ética contemporánea. Academia peruana de psicología. Retrieved from http://www.academiaperuanadepsicologia.org/site/index.php?option=com_content&view=article&id=79&Itemid=86.

Núñez, Jorge (1999): “De la Ciencia a la Tecnociencia: Pongamos los conceptos en orden”, La ciencia y la tecnología como procesos sociales, lo que la educación científica no debería olvidar. Ed. Félix Varela, La Habana.

Núñez, Jorge (1999): “Tratando de conectar las dos Culturas”, La ciencia y la tecnología como procesos sociales, lo que la educación científica no debería olvidar. Ed. Félix Varela, La Habana.


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    Para citar este artículo:
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    Chappotin, D. (2012, 17 de septiembre ). Ética psicológica ante el avance científico-tecnológico contemporáneo. PsicoPediaHoy, 14(7). Disponible en: http://psicopediahoy.com/etica-psicologica-avance-cientifico-tecnologico/
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Un Comentario a Ética psicológica ante el avance científico-tecnológico contemporáneo

  1. Jospeh Conteras dice:

    Goao! Es Muy Buena Información … Me Ayudó Mucho ¡Gracias!

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