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Influencia de la familia en la formación de comportamientos de riesgo en escolares con hipertensión arterial

Publicado: Jul 11, 06 │ Categorías: Artículos2 Comentarios
  • Adairis Balsa Alfonso
    Centro Comunitario de Salud Mental
    Manicaragua, Villa Clara, Cuba

    Yoilén Barreira Rodríguez



El artículo parte del papel que desempeña la familia en la formación de comportamientos de riesgo asociados a la hipertensión arterial en escolares. Se analiza la relación entre estilos educativos de la familia y la hipertensión arterial examinando los resultados.

RESUMEN

El artículo se realiza partiendo del papel que desempeña la familia como contexto de desarrollo en la formación de comportamientos de riesgo asociados a la hipertensión arterial en escolares. Esta enfermedad conlleva a una variedad de ajustes y cambios en el estilo de vida de las personas, por ello, se brinda gran importancia a su aparición desde etapas tempranas del desarrollo, analizando la influencia que ejerce la familia en dichos comportamientos. También se analiza la relación existente entre los estilos educativos asumidos por la familia y la hipertensión arterial, examinando los resultados que tienen los estilos educativos inadecuados asumidos por los padres para la vida de los escolares y, en particular, para una mejor evolución de la hipertensión arterial.

Introducción

En la vida del ser humano influyen, en gran medida, las relaciones interpersonales que se establecen con los demás. Es por ello que continuamente se hace referencia al importante papel que ejercen los contextos de desarrollo en la vida de un individuo. Como sabemos, son muchos los contextos socializadores que se presentan desde etapas tempranas del desarrollo, aunque entre los más mencionados encontramos la familia, la escuela y la comunidad.

En este sentido, Bronfenbrenner (1985) plantea su definición al expresar que los contextos de desarrollo son todas aquellas actividades organizadas que tienen lugar rutinariamente y en las que el niño participa; actividades donde tanto el niño como los demás individuos tienen roles asignados, donde las relaciones interpersonales son sumamente importantes, así como el escenario físico. De esta forma, se entiende por contextos de desarrollo las actividades que se dan en todas estas situaciones, que hacen posible que los escolares observen e incorporen modelos de acciones cada vez más complejos.

El enfoque histórico cultural de Vigotsky (1896-1934) juega un importante papel en este sentido, pues se basa en la concepción histórico cultural de la psiquis y le otorga gran relevancia al entorno; tanto es así que refiere su opinión sobre el mismo al plantear que constituye la fuente de todos los rasgos específicos del niño y, si la forma ideal apropiada no está presente en el entorno, dejará de desarrollarse en el niño la actividad, la característica o el rasgo correspondiente (Vigotsky, 1935, citado en Domínguez, 2007). De esta manera, el medio cobra gran relevancia para lograr un desarrollo exitoso en el menor, pues continuamente recibe e intercambia información con el mismo, posibilitándole la adquisición de nuevas formaciones.

Dentro de la etapa escolar, la familia desempeña un papel primordial como contexto de desarrollo, ya que permite la formación y el desarrollo de determinadas actitudes, habilidades, hábitos, etcétera, pues los miembros de la misma son los encargados de educar a los menores y de transmitir patrones de conducta.

Tanto así que la familia, como grupo social  primario, trasmite al individuo sus primeras experiencias y es la encargada de educarlo desde sus inicios, es quien brinda  conocimientos, habilidades, normas y patrones de comportamientos que pueden ser favorecedores o entorpecedores del mismo, con una repercusión tanto positiva como negativa en el desarrollo del individuo y en su personalidad (Batista y Moreno-aureoles, 2010).

La hipertensión arterial, como toda enfermedad crónica, en cualquier etapa de la vida conlleva a una gran variedad de ajustes psicológicos en el individuo que la padece. Cuando aparece en escolares, su presentación implica tanto a la familia como al escolar, pues este requiere de la ayuda de sus padres para enfrentar la enfermedad y tratamiento.

Múltiples estudios revelan la importancia de incluir a toda la familia en el tratamiento (Díaz Atienza, 1999 citado en Madrigal, 2006), esto se puede explicar partiendo de la influencia que el medio familiar ejerce en el menor, al ser los responsables de prepararlos ante la enfermedad, indicándoles los alimentos que deben ingerir y las actividades a realizar para mejorar su salud.

Al respecto, Ruiz (citado en Núñez, 2001) refiere que ha visto cómo la salud se enriquece cuando se enfoca desde el ángulo del grupo familiar y, que cuando se vislumbra la acción de la familia como un todo sobre cada uno de sus integrantes, la salud adquiere nuevas dimensiones.

Partiendo de la importancia que representa la familia para afrontar la enfermedad de sus hijos, desarrollar hábitos y cambios en el estilo de vida de los escolares, utilizando diversos estilos educativos, nos centraremos en la misma como contexto socializador en la formación y el desarrollo de comportamientos de riesgo asociados a la hipertensión arterial.

Marco teórico

La familia desempeña una notable autoridad en el menor y las prácticas de comportamientos saludables de los padres continúan siendo efectivas como patrones de imitación para los escolares. Por tanto, las conductas que asuman los padres ante la dieta, el ejercicio físico, el hábito de fumar y el consumo de alcohol son altamente significativas para sus hijos.

El núcleo familiar es el contexto donde los niños adquieren las creencias, actitudes y valores propios del sistema social que los circunda. Además, en esta etapa de la vida aún no han adquirido totalmente la capacidad para discernir cuándo el comportamiento es no saludable. En este sentido, se hace necesario referirse a la definición de comportamiento de riesgo, viéndolos como las conductas que atentan contra el estado de bienestar de un individuo y que constituyen una amenaza para su salud.

De esta forma, la percepción y actitud que asuman los escolares sobre los comportamientos de riesgo, va a estar matizada por las ideas que su familia le haya transmitido y por las conductas que estos practiquen, ya que los menores reflejan, mediante su comportamiento, las relaciones que vivencian. Asimismo, los modos de comportamiento de la familia y el sistema de comunicación entre sus integrantes, constituyen modelos de conducta a seguir por el niño (Arés, 2002).

En general, el niño aprende estilos de relación con los demás, no tanto por lo que se le dice, como por lo que ve hacer. Y, en este sentido, las relaciones de sus padres son decisivamente influyentes, tanto en lo que puedan tener de positivas, como de negativas (Sorín, 1990).

Es por ello que, al observar los comportamientos de riesgo en los menores, los comportamientos específicos que realizan los padres son de especial importancia. Algunos autores plantean que los padres son los maestros que más influyen en sus hijos, esta enorme influencia ejercida sobre los comportamientos puede implicar en riesgo, como por ejemplo fumar, beber, hábitos deficientes de ejercicio o alimentación (Newman, Harrison, Dashiff & Davies, 2008).

Por otra parte, se plantea que la familia es la instancia de intermediación entre el individuo y la sociedad. Constituye el espacio por excelencia para el desarrollo de la identidad y es el primer grupo de socialización del individuo. Es en la familia donde la persona adquiere sus primeras experiencias, valores y concepciones del mundo. La familia aporta al individuo las condiciones para un desarrollo sano de la personalidad o, en su defecto, es la principal fuente de trastornos emocionales (Arés, 2002).

Esto se puede explicar partiendo de que la educación que la familia le transmite al escolar tiene en su base las características presentes en la dinámica familiar, por lo que los padres pueden representar una fuente de estados negativos para los escolares o, por el contrario, convertirse en una fuente de apoyo que permita atenuar la ansiedad e inseguridad que muchas veces vivencian.

Además, los estilos de vida que asuman los escolares ante la hipertensión arterial y la realización de conductas saludables o no va a estar matizada por la influencia de la familia, según los patrones que los mismos le transmiten y enseñan.

Partiendo de cómo la familia maneje sus miedos y ansiedades, de cómo elabore sus estrategias de afrontamiento, de la educación que le transmitan a sus hijos y los estilos que adopten para hacerlo, se podrá predecir el éxito del tratamiento y la mejora en la salud de los escolares.

Los padres tienen la tarea de la educación de sus hijos con las implicaciones propias de su desarrollo, además, deben enseñarle a afrontar de manera sana sus limitaciones, sin que esto constituya un freno para el desarrollo de una vida normal. Moreno y Cubero (citados en Segarte, Martínez y Rodríguez, 2003) plantean que si los padres han mantenido exigencias de conducta madura y una consistente exigencia de cumplimiento de reglas, la capacidad de los escolares para tomar iniciativas, asumir el control de situaciones y esforzarse en las actividades cotidianas, es mayor.

Es de vital importancia que los padres conozcan las conductas que se deben seguir en el hogar, los alimentos que sus hijos deben ingerir, las actividades a cumplir, así como la influencia que ejercen los estilos educativos para la apropiación de conductas saludables por parte de sus hijos. Lo que los padres no sean capaces de enseñarle a sus hijos se convertirá en una necesidad para ellos.

De esta forma, la familia ejerce una importante función en la vida del escolar, siendo el grupo humano que los protege o, por el contrario, pone en riesgo su salud; pues esto depende de las conductas, los estilos educativos y la comunicación que se establezca en el ámbito familiar.

En este sentido, también es importante analizar la forma en que los miembros de la familia educan a sus hijos, pues son diversos los estilos educativos asumidos en el hogar y muchas veces influyen de forma negativa en la vida de los escolares, no solo en sentido general sino también ante el padecimiento de una enfermedad como la hipertensión arterial.

Estilos educativos de la familia: Relación con la hipertensión arterial

Es necesario hacer referencia a algunos de los estilos educativos que muchos miembros de la familia asumen en el hogar. Aurora García concibe los estilos educativos como actitudes potencialmente generadoras de alteraciones psicológicas en el ámbito familiar (García, 2003). Además, el equilibrio del pequeño está muy vinculado a la estabilidad y adecuación de las normas familiares (Sorín, 1990).

Entre ellos, podemos mencionar la sobreprotección y la limitación, basadas en excesos de cuidados y conductas sobreprotectoras, limitando al escolar a realizar determinadas actividades, lo que da lugar a niños dependientes, con escaso éxito en las relaciones sociales, pues pudieran generar invalidismo, dependencia, además de provocar inseguridad y temor, estando más propensos a experimentar estados emocionales negativos. En este sentido, Sorín (1990) plantea que, cuando se asume este estilo, no se estimula al menor a lograr nuevos avances en su desarrollo. Esto influye de forma inadecuada en la vida del menor, pues trae limitaciones que pudieran contribuir a una vida sedentaria, limitándolos solo a realizar actividades pasivas ante el temor de sus padres de que les ocurra algo, pues, como expresa Rodríguez (2007), la sobreprotección se basa en la limitación de las actividades y posibilidades del niño por los familiares porque estos temen que al pequeño le suceda algo, es decir, que corra peligro. Frecuentemente, estas familias tienen un manejo inconsistente (Rodríguez, 2007).

La inconsistencia es otro de los estilos educativos que suelen darse en muchas familias, refiriéndose al hecho de que no existan acuerdos en relación a los métodos educativos a utilizar por los padres en la forma de educar a los hijos, muchas veces en presencia de los mismos, provocando que se pierda el respeto, que consuman alimentos no saludables y asuman una vida sedentaria que, como se sabe, trae consigo el aumento de peso y podría llegar a la obesidad, lo cual es un factor de riesgo para padecer hipertensión arterial esencial.

También está el estilo rígido, donde se imponen normas y metas de manera inflexible, sin tomar en cuenta sus motivaciones y posibilidades de cumplirlas, esto genera una forma de vivir muy agitada, sin descanso, exigiendo mucho de sí mismo para lograr cada meta, representando de esta forma un riesgo de sufrir enfermedades coronarias.

Resulta importante destacar la relación autoritaria, donde el hijo es ante todo subordinado de los padres, quienes representan el criterio de autoridad suprema y la razón absoluta. Esta relación, unida a los conflictos que se dan en la familia, así como las carencias afectivas y comunicativas, puede actuar como fuente generadora de tensión en los escolares, contribuyendo a la gravedad de la enfermedad. Tal es así que Sorín (1990) explica las posibles reacciones del niño, donde plantea que si es de temperamento débil, lo iremos convirtiendo en un ser indefenso; si es fuerte, se nos opondrá, y el choque puede resultar bastante brutal.

Por otra parte, tenemos la relación permisiva, en la que no se ejerce ningún control por parte de los adultos para con el menor. De esta forma, el escolar hace todo lo que desea sin límites. El menor “(…) no aprenderá qué se puede y qué no se puede, qué debe y que no debe” (Rodríguez, 2007, p.136). Es vital que los padres transmitan a sus hijos las conductas que deben asumir ante la enfermedad, lo cual sería imposible en estos casos, por la pérdida de respeto a la que se llega, y con ello, la libertad que adquieren los escolares sobre las conductas que realizan. Por tanto, ingieren alimentos no saludables y realizan actividades con efectos perjudiciales para su salud.

También está la relación indiferente, caracterizada por su bajo tono afectivo y la despreocupación de los padres por el desarrollo y comportamiento de sus hijos, llegando a ser permisivos, no por afinidad con los menores sino, más bien, por despreocupación, contribuyendo a que el escolar practique conductas que pueden afectar su salud

Estos sólo son algunos de los estilos educativos inadecuados que suelen darse en el marco de las relaciones familiares. Moreno y Cubero (citado en Segarte y cols., 2003) refieren que son los estilos educativos democráticos, por su juiciosa combinación de control, afecto, comunicación y exigencias de madurez, los que propician un mejor desarrollo en el niño.

Conclusiones

– La familia constituye el principal recurso para la promoción de la salud para los escolares hipertensos, influyendo en la formación y desarrollo de hábitos y conductas que pueden ser saludables o perjudiciales para la salud de los mismos, así como en el cumplimiento de un adecuado tratamiento.

– Los estilos educativos inadecuados asumidos por la familia influyen de forma significativa en los escolares, y en particular ante el desarrollo de comportamientos de riesgo asociados a la hipertensión arterial.

Referencias

Arés, P. (2002). Psicología de familia una aproximación a su estudio. Ciudad de la Habana: Félix Varela.

Batista, N. y Moreno-aureoles, A. (2010). Agresividad y timidez: consejos a la familia. Revista electrónica de psicología científica. Extraído el 22 octubre 2010 de http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-456-6-agresividad-y-timidez-consejos-a-la-familia.html

Domínguez, L. (2007). Psicología del desarrollo: problemas, principios y categorías. La Habana: Félix Varela.

García, A. (2003). Psicopatología Infantil. Su evaluación y diagnóstico. La Habana: Félix Varela.

Madrigal, M. (2006). Caracterización psicopedagógica de adolescentes con Enfermedad celiaca. Tesis de maestría no publicada, Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, Villa Clara, Cuba.

Moreno, M. C. y Cubero, R. (2003). Relaciones sociales: familia,escuela, compañeros. Años escolares. En A. L. Segarte, G. A. Martínez y M. E. Rodríguez (Comp.), Psicología del desarrollo selección de lecturas (pp. 354). La Habana: Félix Varela.

Newman, K., Harrison, L., Dashiff, C. & Davies, S. (2008). Relaciones entre los tipos de padres y comportamientos de riesgo en la salud del adolescente: una revisión bibliográfica integrada. Revista Latinoamericana Enfermagen, 16 (1). Extraído el 24 octubre 2010 de www.eerp.usp.br/rlae.

Rodríguez, M.A. (2007). Niños, padres y conductas. Santiago de Cuba: Oriente.

Ruiz, G. (2001). La familia. En F. Núñez (Comp.), Psicología de la Salud (pp.101).  ciudad  de La Habana: Ciencias Médicas.

Sorín, M. (1990). Padres e hijos: ¿amigos o adversarios?.La Habana: Ciencias Sociales

 


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    Para citar este artículo:
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    Balsa, A. & Barreira, Y. (2006, 11 de julio). Influencia de la familia en la formación de comportamientos de riesgo en escolares con hipertensión arterial. PsicoPediaHoy, 8(15). Disponible en: http://psicopediahoy.com/hipertension-arterial-influencia-familiar/
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2 Comentarios a: Influencia de la familia en la formación de comportamientos de riesgo en escolares con hipertensión arterial

  1. Barbara Espino Treto dice:

    Pienso que el artículo es excelente. Después de leerlo podemos escoger el mejor estilo educativo para ayudar a nuestros hijos a enfrentar la enfermedad. Nos orienta de como la familia juega un papel primordial en la educación de nuestros hijos para ayudarlos a ser mejor en el futuro.

  2. Jany dice:

    Soy estudiante de comunicación social, pienso que el artículo aborda un tema de gran actualidad como la hipertensión en niños así como la influencia de la familia en este proceso, que ciertamente desempeña un papel fundamental en la formación de comportamientos de riesgo en los niños.

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