Recursos de Psicología y Educación

Aproximaciones explicativas de la homosexualidad desde tres perspectivas psicológicas

Publicado: Sep 14, 12 │ Categorías: Artículos1 Comentario
  • José Alonso Andrade Salazar
    Universidad de San Buenaventura
    Armenia, Colombia

    Yessica Tatiana Quintero
    Cesar Humberto Téllez C.




Los seres humanos son moldeados por la sociedad y la cultura en la que se  desenvuelven, siendo ésta en gran medida, la encargada de  delimitar y moldear los comportamientos sexuales que se deben asumir en la orientación de sus conductas sociales.

 

Resumen

Esta investigación tiene como objetivo realizar una aproximación al tema de la homosexualidad desde la psicología, donde se identificaron las causas y consecuencias psicosociales derivadas de la relación homosexual, por medio de una investigación cualitativa abordada desde los principios epistemológicos de los enfoques experimental, psicoanalista y humanista. El análisis del problema se plantea desde el paradigma constructivista socio biológico de Humberto Maturana, el cual señala que la homosexualidad, como construcción social de nuevos sentidos afectivos, que produce polémica social a razón de las creencias y normas estrictas que la objetan y la deslegitiman, generando un escenario de rechazo, exclusión y señalamiento.

Palabras clave: matrimonio, homosexualidad, familia, sociedad, enfoque experimental, enfoque humanista, enfoque psicoanalista, psicología social.

Los seres humanos son moldeados por la sociedad y la cultura en la que se  desenvuelven, siendo ésta la encargada de  delimitar y moldear los comportamientos sexuales que se deben asumir en la orientación de sus conductas sociales. La orientación sexual es definida “como la inclinación o preferencia hacia miembros del sexo opuesto (heterosexualismo), del mismo sexo (homosexualismo) o de ambos sexos (bisexualismo)” (Soler F, 2005).  Lo anterior genera controversias universales, y permite que “la  concepción  de  la  homosexualidad evolucione a  lo largo de  la  historia. Pues en sus inicios era conceptualizada como pecado, delito, enfermedad o trastorno mental, llegando a convertirse actualmente en una variante de la conducta sexual normal” (Campo A, 2005). Organizaciones como la ONU han luchado por garantizar los derechos de igualdad sexual de todas las personas del mundo, sin importar su orientación sexual; asimismo, en Colombia la Constitución Nacional (1991, art.13) plantea que “todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismo derechos, libertad y oportunidades sin ninguna discriminación por razón de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica”.

Lo expuesto anteriormente permite considerar como legítimo el hecho de que las personas homosexuales luchen por sus derechos, especialmente los homosexuales que anhelan que el matrimonio entre parejas del mismo sexo sea aceptado legalmente en el país. La homosexualidad es una condición afectiva que irrumpe los parámetros con los que son aceptadas las relaciones heterosexuales, y es tan amplio su espectro de actividad, que un estudio colombiano informó que “el 1% de hombres y el 0,2% de mujeres tienen  habitualmente relaciones homosexuales” (Campo A, 2005). Tomando en cuenta el análisis de la homosexualidad, la idea del matrimonio homosexual será aborda desde las distintas escuelas psicológicas, entre las que se encuentran la psicología experimental, que ve al organismo como un ser sujeto a las contingencias ambientales y a la conducta individual y social. , luego el psicoanálisis concibe al individuo como un ser de lenguaje que determina su existencia como sujeto y realidad psíquica, a partir de devenir de contingencias en cuya relación dialógica se produce el choque del instinto con la conciencia moral y lo social. Por último, se encuentra la psicología humanista que lo concibe al individuo como un ser total, con un potencial que debe desarrollar y que lo lleva a lograr su autorrealización (Cabrales, 2009).

De igual manera, dentro de las diferentes perspectivas psicológicas acerca del matrimonio homosexual y de la consolidación de éste dentro de la estructura social, se puede evidenciar que la toma de decisiones acerca de esta construcción marital, tiene como base fundamental las experiencias que el individuo ha obtenido en su medio, permitiéndole la identificación con el género opuesto y, por consiguiente, su orientación homosexual; a partir de las relaciones del individuo en el sistema y de la correlación e identidad de los diversos esquemas y sistemas de pensamiento generados a través de la cultura, la sociedad y sus instituciones se han encargado de generar propuestas de aceptación o de rechazo, donde el individuo tiene la capacidad de aceptarse a sí mismo en su intimidad psicoafectiva y, como resultado, lograr construir un estilo de vida con base en la unión con su pareja, ante lo cual lo justo sería optar por el matrimonio homosexual o vivir el estigma de la ilegitimidad social de su condición afectiva.

La libre elección del rol sexual y de la pareja son acciones generadas a partir de la autonomía que el individuo adquiere con el ejercicio de sus derechos y a través de la conciencia individual en relación con la conciencia social, lo que le permite vivir en armonía con los demás al tiempo que, instaura las normas con las que es posible la convivencia en el matrimonio y en comunidad. En este sentido, el matrimonio homosexual se ve reprimido y juzgado por los distintos medios sociales, lo cual genera en muchos individuos alteraciones significativas en sus procesos emocionales y conductuales, los cuales instauran frustraciones recidivantes y estados afectivos fluctuantes que propician una saturación del yo, porque la realidad compartida por la sociedad está constituida por la interacción de actividades de exclusión de la homosexualidad, a razón de matrices socioculturales que la predeterminan, de acuerdo con Gergen K. (1996), el análisis crítico de los fenómenos sociales —orientado a revelar los propósitos ideológicos, morales o políticos en el seno de explicaciones aparentemente objetivas o desapasionadas del mundo— es utilizado por los negros, por muchas agrupaciones excluidas; tal es el caso de los homosexuales que lo usan para poner de manifiesto las actitudes homofóbicas en el seno de las representaciones comunes del mundo.

A partir de esa construcción social de sentidos que el matrimonio homosexual representa, se establecen las categorías del lenguaje con los que se abordan las diversas prácticas que cada rol conlleva, relaciones en las que juega un papel muy importante el amor, concepto que desde el constructivismo socio-biológico de Humberto Maturana, se construye a partir de la emocionalidad del encuentro, condición que dota de sentidos afectivos las interacciones recurrentes a partir de la convivencia, y que permite construir espacios de legitimización fundados en la aceptación del otro como un ser complementario pero diferente.

Contextualización y análisis desde las escuelas psicológicas

Perspectiva Experimental

A lo largo de la historia de la psicología se habla de tres filósofos principales: Sócrates, su discípulo Platón y Aristóteles “grandes pensadores interesados en temas psicológicos como el aprendizaje, la memoria y la conciencia” (Hothersall, D, 2005). Desde estos lugares epistémicos era importante el estudio de alma y del cuerpo, pues según Aristóteles “el alma es racional” (Leahey, 2005), idea con la que se anticipó al pensamiento de muchos filósofos empiristas como Thomas Hobbes, John Locke y George Berkeley, que hicieron hincapié en los efectos que la experiencia tiene en una mente pasiva. Los asociacionistas posteriores como David Hume, David Hartley, James Mill y John Stuart Mill, consideraron el papel que la mente activa desempeña en la formación de asociaciones, sentando con ello las bases del estudio psicológico del aprendizaje y de la memoria (Hothersall, D. 2005). Después de ellos se perpetuó el innativismo en los filósofos alemanes como Gottfried Wilhelm von Leibniz y Emmanuel Kant, quien afirmaba que los contenidos de la mente no son solo producto de la experiencia, pues en ellos influye su estructura innata (Hothersall, D. 2005).

Igualmente, en Alemania, Ernst Weber y Gustav Fechner realizaron investigaciones acerca de la medición de las sensaciones, señalando así la introducción de la medición en psicología (psicofísica). Análogamente, Wilhelm Wundt fue el fundador de la psicología como institución, vinculándola con la fisiología, pues “creó el primer laboratorio de psicología experimental en 1879 en Leipzing” (Leadhey, 2005), constituyendo una nueva ciencia: la psicología fisiológica, a la que también llamó psicología experimental; él fue seguido por Edward Tintchener que contribuyó con la psicología estructural a la determinación de “los elementos que conforman la estructura de la mente, analizar la conciencia y reducirla a elementos más simples y fundamentales” (Hothersall, D. 2005). A mediados del siglo XIX se inició el funcionalismo en Estados Unidos, con representantes como John Dewey, James Rowlanf Angell y Edward Lee Thorndike, cuyo objetivo principal fue ver cómo el sujeto (organismo) se desenvolvía y funcionaba con el ambiente. Seguidamente al funcionalismo lo desplazó, a principios del siglo XX, un movimiento más radical, denominado el conductismo de J.B. Watson, Iván Pavlov, Thorndike & Skinner, quienes se concentraron en el estudio de las conductas que se pueden observar y medir.

En contra posición a estos postulados, surgió la corriente neo conductista de Edward Tolman y Clark Hull, que pusieron en duda el principio Watsoniano, elaborando nuevas concepciones denominadas “cognoscitivas” que, según Tolman, “acuñaron el concepto de “variables cognoscitivas” que influyen en el comportamiento” (Rivera, Forteza & Rivera, 2007). Sin embargo, el neo conductismo fue incapaz de explicar ciertas conductas sociales; debido a esto Bandura y Walters (1963) condujeron sus postulados hacia la teoría Cognitiva Social, postulando que los individuos son participes activos en su desarrollo porque aprenden de sus experiencias haciendo énfasis en sus pensamientos y sensaciones (Dembo, 1994, citado por Mergel, B. 1998) y el enfoque del procesamiento de información. La concepción del ser humano como “procesador de información se basa en esta analogía, por lo que se adoptan programas de computador como metáfora del funcionamiento cognitivo humano” (Abate, 2001). De dicha teoría se destacaron teóricos como Jean Piaget, Vygotsky, Albert Ellis y Beck. Los primeros hablaron de los procesos adaptativos y de organización a través de la experiencia y de la socialización con otros individuos. Albert Ellis y Beck se centraron en los esquemas cognoscitivos creados por los seres humanos a través de las experiencias.

La vida del ser humano se caracteriza por un aprendizaje complejo y cotidiano mediante el cual se adquieren los repertorios básicos de la conducta (RBC), que son los encargados de “determinar la habilidad del individuo para aprender, experimentar y comportarse en las situaciones que se encuentra” (Staats A, 1997). Las personas difieren en su conducta y estas diferencias son aprendidas a partir de la influencia de las experiencias; así, cuando en algunas sociedades estas habilidades sensoriales motoras son manifestadas en los hombres y son comunes a las de las mujeres o viceversa, son apreciadas como incorrectas para la expresión de la conducta del género siendo tomadas como conductas homosexuales. Según la teoría básica de la conducta, existen habilidades sensoriales motoras únicas de cada persona tales como, “los tipos de gestos que se hacen, las expresiones faciales, las formas peculiares que tiene el individuo de andar y moverse y otras formas distintivas de hacer las cosas” (Staats A, 1997), por tal motivo pueden ser incorporadas por medio de la imitación, permitiéndole al homosexual incorporar repertorios conductuales de su género opuesto pues, “cada ser humano aprende solamente un subconjunto de esas habilidades sensoriales-motoras que pueden aprenderse, constituyendo su repertorio básico de conducta” (Staats A, 1997), ergo, la persona homosexual incorpora RBC cognitiva y emocional, dentro de las cuales el lenguaje juega un papel importante, estimulando positivamente respuestas de aproximación y apoyo o, en caso contrario, respuestas de evitación, oposición y rechazo.

Los RBC motora, emocional y cognitiva que pueden ser expresados por los individuos con orientación homosexual pueden ser: a) sentirse atraído solamente por personas del mismo sexo, b) mostrar clara preferencia por los roles del sexo opuesto, c) expresar el deseo de ser del sexo opuesto, d) realizar conductas evitativas ante la posibilidad de relación con parejas del sexo opuesto, e) mostrar preferencias por vestir prendas del sexo opuesto,  a la vez que puede rechazar vestir prendas consideradas de su sexo, y f) experimentar placer sexual con personas del mismo sexo, entre otras, teniendo en cuenta que no todas las personas con orientación homosexual adquieren estos repertorios comportamentales. A partir de las respuestas emocionales relacionadas con las cognitivas, el individuo “aprende conjuntos de lenguaje organizado que se refieren a objetos complejos, a gente, conductas, acciones y a sucesos” (Staats A, 1997) que al ser incorporados en al experiencia son llamados “sistemas de pensamiento”, y permiten la creación de pensamientos, creencias, valores, opiniones, temas o esquemas. A través de las experiencias, la persona expresa sus RBC y construye nuevos esquemas cognitivos que están influenciados principalmente por la familia.

En la dinámica familiar se edifican esquemas acerca de lo que se cree y se piensa de la vida, el mundo y todo lo que gira en torno al individuo, pues “los esquemas están firmemente fijados por elementos conductuales, cognitivos y afectivos” (Beck A & Freeman A, 1995) que se forman en la familia de origen y son replicados en su propia familia. En la constitución de una familia homosexual, los esquemas cognitivos conformados varían de acuerdo a las emociones percibidas del medio social y los pensamientos individuales acerca de su condición sexual. De igual manera, si los esquemas se han formado de emociones y de pensamientos positivos acerca de sí mismos, el mundo y su futuro, los repertorios básicos cognitivos serán positivos y la familia tendrá la capacidad para referirse al mundo como un lugar de aceptación, donde se obtiene respeto y  adaptación además de seguridad propia. Sin embargo, según Beck “existen cogniciones negativas de sí mismo y de su entorno” (Beck A & Freeman A, 1995), que permiten hacer inferencias negativas por parte de la familia conformada dentro del matrimonio homosexual, lo cual induce  a la conformación de distorsiones cognitivas con base en la vulnerabilidad y el fracaso percibidos como propios; ergo se produce una no-aceptación de un mundo por ser el causante de exclusión e inhibiciones emocionales que no permiten un adecuado funcionamiento y autonomía.

El ser humano vive inmerso en grupos sociales, uno de ellos, el más importante, es el grupo de pares; el aprendizaje que se obtiene dentro de estos grupos es fundamental para la aprehensión y categorización de las relaciones internas y externas con el mundo. Este aprendizaje se adquiere a través de la imitación o el modelado definido como “la adquisición de una conducta como consecuencia de la observación de la experiencia de otras personas” (Klein S, 1994) que permite la incorporación de nuevos conocimientos de otras personas significativas en su vida. Así, cuando la conformación de estos grupos surge a través de una inclinación u orientación sexual como la homosexualidad, se da un proceso de identificación el cual se aprende “incorporando a su repertorio de conducta aquellos comportamientos de un modelo significativo con el que se identifica” (Watson R, 1979). Esta identificación surge a través de tres clases de refuerzos: “el refuerzo primario, incluye reforzadores positivos como la atención y la alabanza, y negativos como la crítica y el rechazo” (Watson R, 1979), los cuales tienen la capacidad de generar respuestas emocionales, que pueden provocar una conducta sexual manifiesta como lo es la homosexualidad o, de lo contrario, una inhibición de ésta.

Los refuerzos secundarios “gestos, palabras y expresiones faciales que acompañan a los comportamientos de atención de los reforzadores primarios y el refuerzo vicario que surge de los reforzadores que otros reciben, como una generalización de los efectos reforzadores, desde otras personas a uno mismo” (Watson R, 1979), de este modo a través del aprendizaje por conductas imitativas y el refuerzo directo de estas, se da el proceso de modelamiento en la conductas homosexuales; cabe resaltar que la motivación y el deseo de afianzamiento en el matrimonio, fortalecen la relación pero que el modelo cognitivo cae un grave error pues “al hacer hincapié en los mecanismos internos, los cognitivistas suprimen los problemas del mundo real en el que las personas están atrapadas” (Gergen, K. 1996, p.107).

Perspectiva psicoanalítica

El psicoanálisis es considerado la segunda fuerza de la psicología y su mayor precursor es Sigmund Freud, quien orientó parte de sus estudios a partir de las ideas de Jean Martin Charcot (1885) acerca de las enfermedades mentales y la hipnosis; lo anterior motivó a Freud para indagar acerca de la importancia de aspectos como el inconsciente, el “ello”, lo preconsciente y lo consiente, el “yo” y el “súper yo” al igual que los distintos mecanismos de defensa de la mente humana (Haffnir C & Lusitana D, 1995). Freud adopta un sistema de tratamiento que llamó “la cura por la palabra” y gracias a la información brindada por Joseph Breuer sobre la paciente “Anna O” introduce el método de “asociación libre de ideas” que lo llevó a plantear que toda  histeria proviene de acontecimientos estresantes en la infancia que generan una fijación en cualquiera de las cinco etapas psicosexuales por las que cada individuo debe pasar y superar para evitar una conflicto; entre las etapas se encuentran: a) oral, b) anal, c) fálica: con los complejos de “Edipo y Electra”, d) latencia y e) genital, (Charles, G. Morris C. & Maisto A. 2005).

Entre 1890 y 1900, Freud publica el libro sobre “La interpretación de los sueños” (Tortosa F. & Civera C. 2006) y dos años después (1902) creó la Sociedad de los Miércoles con participantes como Alfred Adler, Wilhelm Stekel, Rudolf Reitler, Max Kahane (judíos y seguidores de Freud). En esta agrupación, Jung fue considerado por Freud como su “hijo amado” aunque esa buena relación duró solamente doce años, ya que hacia 1914 Jung no compartía totalmente las teorías de Freud, y decidió abandonar la sociedad inicial, que tiempo después fue reemplazada por una institución de tipo asociativa llamada la Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV); no obstante, con este antecedente Alfred Adler también reprochó muchas de las teorías de Freud y desertó, puesto que para él “las personas poseen motivos positivos e innatos que las llevan a esforzarse para logar la perfección personal y social” (Charles, G. Morris C. & Maisto A. 2005, p.427), y no solamente un conglomerado de pulsiones en constante pugna por su gratificación.

A consecuencia de la experiencia vivida con Jung, Adler y otros, Freud creó un comité secreto de discípulos incondicionales para evitar la disociación de sus teorías. Asimismo, eventos como la Primera Guerra Mundial llevaron a Freud a identificar la parte oscura del inconsciente, lo cual le permitió en 1920 publicar su libro: Más allá del principio del placer, donde desarrolló su teoría de “Eros” como impulso amoroso y constructivo, y de “tánatos” como impulso agresivo y destructivo. Otros autores de gran importancia que contribuyeron a la formación del psicoanálisis fueron: Otto Rank, Wilhelm Reich, Hanns Sachs, Anna Freud, Erik Erikson, Melanie Klein, Ernest Jones, Marie Bonaparte, Lou Andreas-Salomé, SándorFerenczi, Karl Abraham, entre otros. Por otra parte, teóricos como Alfred Adler, Karen Horney, Harry Sullivan y Eric Fromm con “la teoría humanista-dialéctica” (Larsen R. &Buss D. 2005) favorecieron la formación de la nueva visión del psicoanálisis que se llamó: “neopsicoanálisis” que permitió una visión más abierta y dinámica de la naturaleza humana. El neopsicoanálisis ha generado influencias a múltiples áreas de las ciencias humanas, y en las últimas décadas la neurología se ha interesado en crear una relación entre el psicoanálisis y las descripciones biológicas del cerebro (neuropsicoanálisis).

Para la psicología dinámica, la homosexualidad vincula variables intrapsíquicas asociadas a experiencias sexuales marcadas por comportamientos con personas del mismo sexo,  de acuerdo con Freud (1905) citado por Rubio S. (1999), pese a que la homosexualidad no viene con la  persona  al nacer, no se debe olvidar ni negar la influencia de los distintos factores ambientales y hereditarios tales como: la inteligencia, el temperamento, el carácter moral y el valores éticos, entre otros. Al tiempo que considerar que para la estructuración y formación del súper yo, estos dos últimos aspectos son prioritarios, ya que éste es influido por el “ideal del yo” quien, lo conlleva a ejecutar las normas sociales establecidas por los distintos medios de interacción en la infancia, (colegio, pares, religión y familia) especialmente en “los padres quienes ordenan y que sin importar la orden dada, ésta se convertirá hacia el futuro en la voz del súper yo” (Yospe J. & Izaguirre G. 1999), lo cual es importante para la conformación de personalidades con parámetros de comportamiento homosexual. De igual manera, el súper yo se ve ampliamente influido por la sociedad en cuanto esquemas de control moral, y aunque existan avances en los derechos humanos, la sociedad, la cultura y las agrupaciones extremistas aún rechazan, segregan y castigan la homosexualidad o sus comportamientos exteriorizados, lo cual conlleva a que el súper yo individual y toda la estructura de respuesta psicológica de un homosexual se vea atacada drásticamente por las normas y convenciones sociales.

En cuanto a las personas que viven su homosexualidad, en primera instancia están aquellos que aceptan y hacen pública su orientación sexual, debido a que han interiorizado su identidad sexual, y pese a las discriminaciones de su entorno, no reprimen u ocultan su identidad por lo que prima el enaltecimiento de sus ideales. En segunda instancia están aquellas personas que aceptan su homosexualidad pero que no la hacen pública a razón de una estricta estructuración súper yoica. Durante su infancia el súper yo aparece alrededor de los cinco años (Freud. S, citado por Rubio S. 1999), cuando termina de elaborarse el complejo de Edipo y, por tanto, se convierte en su heredero. En las personas que no aceptan su homosexualidad, el súper yo se encarga de influir la represión de la identidad homosexual, generando un conflicto en la personalidad; de acuerdo con  Ortega P. (2011), éste se presenta como una opresión insensata en la autoridad motivada por la estricta conciencia moral, que se ha interiorizado a través de la experiencia y que actúa bajo fuertes sentimientos de culpa, temor, rechazo y exclusión de la sociedad, lo cual produce una elevada restricción onírica como también la frustración de su ideales a razón de la magnitud y severidad de las reglas interiorizadas por el súper yo, en los distintos medios sociales, especialmente en la familia.

De igual manera, se debe de tener en cuenta que así como la familia es de vital importancia en la formación de la conciencia moral del súper yo, es también necesaria en la identificación de los individuos con su rol sexual, condición que se presenta especialmente en la etapa fálica, con el paso obligado por el complejo de Edipo y Electra (Freud S. 1905; citado por Rubio S. 1999), los cuales permiten que la  familia se convierta en el principal medio de orientación de la identidad sexual de los hijos. En las familias con hijos homosexuales, la etapa fálica se aborda a través de un Edipo negativo donde los patrones de identificación se orientan solo hacia el padre de sexo contrario. Según Rubio S. (1999), en esta etapa todos los instintos sexuales se concentran y se dirigen hacia una única persona que se convierte en objeto de deseo y satisfacción, ya sea madre o el padre; pero que si el complejo de Edipo o de Electra no es superado, esto será un patrón generador de conductas no acordes al rol sexual a razón de una sobre identificación con el padre o cuidador de sexo contrario.

Freud (1917) considera que el joven que ha permanecido fijado a su madre, o la joven que ha permanecido fijada a su padre durante un periodo de tiempo mucho más largo y en formas más intensa de lo habitual y no renuncia a ellos y se identifica con ellos, porque quiere ser como su padre o su madre, los tomará a estos como modelo sexual y buscará objetos y sujetos para cuidarlos y amarlos como su madre en el caso del hombre o padre en el caso de la mujer del mismo modo que lo hicieron con él o ella. Así el complejo de Edipo o de Electra invertido puede generar patrones de identificación inadecuados con los padres, condición evidente cuando el niño toma una actitud femenina o la niña una actitud masculina y dirige su deseo sexual hacia el padre si es niño o la madre si es una niña, ergo éste u otros que lo reemplazan se convierten en los objetos de los cuales se espera que compensen los deseos libidinosos. Cabe destacar que esto no implica a todas las familias con hijos homosexuales y por esta razón es de vital importancia identificar, según Kernberg O. (1979), que  el comportamiento afectivo de la identificación tiene un carácter más elaborado debido a los efectos de diversos aparatos yoicos en desarrollo que pueden ser influidos por la sociedad, y que hacen parte de la diversidad yoica de los distintos individuos sin importar su género u orientación sexual.

Las relaciones homosexuales aun no son aceptadas por algunos sectores sociales porque las discriminan, castigan y rechazan ocasionando desajustes en el funcionamiento de un Yo que resulta ser interdependiente de otras instancias psíquicas pero dependiente de condiciones sociales, y la influencia de súper yo (Markus & Kitayama. 1991),  en palabras de Maturana (1990), la discriminación se construye en la horizontalidad de las relaciones, pues “sin aceptación mutua no puede haber coincidencia en los deseos, y sin coincidencia en los deseos no hay armonía en la convivencia, ni en la acción, ni en la razón y por lo tanto no hay libertad social” (p.68). En muchas parejas homosexuales la segregación sexual genera defensas neuróticas y comportamientos paranoides que afectan el funcionamiento auto compensado del aparato psíquico y que permiten a  la psique la activación de mecanismos de defensa intrapsíquicos. especialmente el de represión, el cual impide y limita la totalidad en la expresión de la identidad de la pareja homosexual.

Perspectiva Humanista

La psicología humanista tiene su comienzo en los años cincuenta y sesenta en los Estados Unidos, donde se consolida como la tercera fuerza psicológica existente; cabe resaltar que algunos de los “conceptos fueron dados por alemanes como Kurt Goldstein, Erich Fromm, Fritz Perls, Charlotte Bühler, Ruth cohn” (Quitmann H. 1989)  y otros que emigraron hacia Estados Unidos debido al surgimiento de Hitler en el poder. Las raíces del humanismo se remontan a dos movimientos filosóficos: el primero es el existencialismo con “Kierkegaard, Heidegger, Sartre, Buber y Jaspers”, para quienes lo primero que se debe de tener en cuenta es el hombre y no las cosas, ya que el ser humano no tiene una esencia que le indique o le determine qué hacer, debido a que el mismo individuo da origen y determina su manera de hacer y de existir. En segundo lugar se encuentra la fenomenología, que es el método por el cual se orienta la psicología humanista; sus principales autores son Edmund Husserl, quien toma el legado de Brentano. Para ellos, éste es el mejor método para realizar el acercamiento con el hombre al permitirle la búsqueda de la razón ligada a la experiencia, para así realizar el acercamiento de la conciencia sin prejuicios ni preconceptos por parte del observador; aquí la consciencia es básicamente intencional (Tortosa f. & Civera C. 2006).

La psicología humanista fue influida por algunas religiones orientales y el judaísmo, al igual que por la educación, la ciencia, la política, la economía, la psicología y el Gestalt, por lo que se considera un movimiento holístico. Teóricos como Otto Rank, Allport, Murray, Adler, Moreno, Murphy, Carl G. Jung y Marcusse, fueron de gran influencia para la consolidación del humanismo como tercera fuerza psicológica. Igualmente, eventos como la I y II guerras mundiales, la matanza de My Lay, el homicidio de Martin Luther King, las relaciones de parejas del mismo sexo y, en especial, el movimiento hippie, influyeron en el pensamiento y en la conceptualización del ser. A consecuencia de estos eventos aparecen meta teóricos como Maslow con su teoría de las de las necesidades humanas (Carpintero, Mayor & Zalbidea. 1990), el mismo que en “1962 funda la American Association of Humanistic Psychology (AAHP)” (Quitmann H. 1989 pag.28)  y junto a él también se destacan los psicólogos Carl Rogers, fundador del enfoque humanista; Fritz Perls y su esposa, Laura Perls, quienes crearon la terapia gestáltica, que trata de buscar una totalidad de un sentido simple. También se destacan Viktor Frankl, Goldstein, Ruth Cohn, Charlotte Buhler, Erich Fromm,  Ponty y Rollo May, entre muchos otros.

Para la psicología humanista, los factores que aprueban la elección del rol sexual en un homosexual son múltiples, ya que “todo hombre tiene clara consciencia de sí mismo como ser libre” (Martínez M, 2007), y dicha libertad necesita la existencia de un proceso que le permita conocer y llevar a cabo la naturaleza de la misma, escenario en el que se ven vinculados factores como la  educación, la cultura y una amplia experiencia que sirva de soporte para decidir la orientación de su rol sexual y, asimismo, afrontar las distintas perspectivas y puntos de vista de las personas; todo esto genera en el individuo un mayor grado de libertad, donde sus posibles acciones hacia el futuro tendrán una mayor autonomía. De igual manera, uno de los factores determinantes para la vinculación hacia la decisión de asumir los roles sexuales son las emociones que  se encargan de motivar soluciones ligadas al interés sexual. Así, el curso de la vida, la satisfacción, la realidad, las acciones y la intencionalidad por la existencia personal también hacen parte de los factores que permiten que un individuo homosexual realice su libre elección del rol sexual, sin olvidar que la “libertad que goza el hombre no es absoluta” (Martínez M, 2007) y que estamos ligados a la cultura, la sociedad y a la familia, convirtiéndose en el núcleo principal de toda decisión y elección, pues la familia es más que la suma de sus partes y por ello actúa como un todo.

Para Cusinato, (1988): “las relaciones familiares son la fuente mediadora entre la persona y la sociedad”, donde la perspectiva de familia ha cambiado con el trascurso del tiempo, y la actualidad el matrimonio no solo se limita a la  heterosexualidad sino también a la homosexualidad, quizá porque dicho vínculo ofrece nuevas posibilidades en la conformación social contemporánea, y al igual que en las familias nucleares heterosexuales, las familias homoparentales permiten la creación de espacios para el  aprendizaje del respeto y la inclusión social debido a que “la existencia del ser humano se consume en el seno de la relaciones humanas” (Quitmann H. 1989). Para Willis, (2004) “la familia conformada por el matrimonio de parejas del mismo sexo, refuerzan a adscribirse a un estado civil particular, amparado por el Estado que define la relación a partir de un esquema religioso si se quiere gozar del reconocimiento como padres y miembros de una comunidad”.  De acuerdo con Maturana, “la tarea de crear una democracia comienza en el espacio de la emoción con la seducción mutua para crear un mundo en el cual continuamente surja de nuestras acciones la legitimidad del otro en la convivencia, sin discriminación ni abuso sistemático” (Maturana, H. 1990, p. 70)

Por esta razón, la concepción de familia dentro del matrimonio o la unión homosexual, gira en torno al respeto, intercambio de opiniones y el amor de la pareja. Para Perls F, (citado por Quitmann H. 1989) es necesario el auto-percibirse como ser humano ya que normalmente el sí mismo no puede existir sin el fondo, en este sentido para que sea posible una adecuada autorrealización en individuos homosexuales, es de vital importancia una adecuada estructura de familia, la cual cumple los mismos esquemas que en relaciones heterosexuales, pues en este tipo de parejas los dos individuos del mismo sexo ejercen los roles que se exigen y se ejecutan en una familia compuesta por dos personas de sexos diferentes. Para Dynes, (1990) las parejas de matrimonios homosexuales educan a sus hijos a partir de roles tradicionales, a las dificultades económicas o afectivas que puedan enfrentar, proveyendo amor, apoyo emocional y personal a sus hijos. En estos roles juega un papel muy importante los “atributos asignados por tradición a la filiación de la descendencia, la distribución, el aprendizaje de roles, la disposición para enfrentar el cambio y la provisión de afecto sobre los atributos sociales”. (Castellar A. 2011)

En la actualidad, el matrimonio homosexual es una de las problemáticas más amplias y que generan mayor controversia en los distintos países de Sur América a excepción de Argentina, donde el matrimonio homosexual es legal y aceptado por la sociedad. Por otra parte, países como Colombia lo rechazan aun cuando a nivel legal es válida la libertad de elección sexual y la unión entre dos personas del mismo sexo. De acuerdo con Quitmann H (1989),  “el ser humano está en situación de elegir y decidir pese a la problemática existente y el impacto social que ésta decisión genere.” En Colombia, el matrimonio homosexual ha sido causante de un sinnúmero de polémicas, puesto que para algunos no es aceptable y lo rechazan por motivos y creencias religiosas, y otros lo aceptan sin ninguna dificultad negando su posibilidad por temor  incluir la diferencia, ergo “el poder surge con la obediencia y la obediencia constituye el poder como relaciones de mutua negación” (Maturana, H. 1990, pp. 63-64); en la actualidad se vive un debate en el Congreso por el proyecto que propone que se acepte el matrimonio homosexual en el  país, ponencia que ha sido  liderada por Marcela Sánchez. Castelar (2007) afirma que “ésta problemática no solo trataba un tema de discriminación en la ley, que conducía a la vulnerabilidad de las personas, sino incluso en algunos casos, de supervivencia de uno de los miembros de la pareja […] según lo que se puede ver en Colombia, la sola evidencia de discriminación no es suficiente para generar un cambio legal.”

Grosso modo, existen dos puntos de vista en la sociedad colombiana sobre el matrimonio homosexual: el primero está compuesto por aquellas personas que lo rechazan debido a que en sus ideologías y creencias no es aceptable el matrimonio entre las parejas del mismo sexo, a tal punto de generar discriminación y exclusión de las distintas actividades que se realizan en el ámbito cotidiano y en los distintivos medios laborales, educativos y religiosos, entre otros. El segundo punto de vista se incluyen todas aquellas personas que ven el matrimonio homosexual como un modo de vida y de expresión, en el que no le hacen daño a nadie y que, por lo contario, es un aspecto de libertad y de búsqueda de la felicidad, ya que “el ser humano vive orientado hacia un objetivo o una meta que forma la base de su identidad” (Quitmann H. 1989). Maturana es claro al respecto y afirma que “al pretender diseñar un orden social abrimos el espacio de la tiranía, porque nos erigimos en sabedores del deber ser social y le exigimos a los otros que sean de una cierta manera que es la que nosotros consideramos apropiada (…) conspiración ontológica a la libertad de acción que se logra al compartir un deseo que sirve de referencia para guiar el actuar de los conspiradores en la convivencia” (Maturana, H. 1990, p.71)                                                                                  

A modo de corolario

La psicología social es el estudio de la persona como ser social y, por tanto, sus raíces se remontan a los pensadores políticos griegos, a la aproximación objetiva de Maquiavelo a la política práctica, y a la primera ciencia política de Hobbes. (Leahey, T. 2005). Según Allport (1954, citado por Andrade, 2011), la psicología social es un intento por entender y explicar cómo el pensamiento, el sentimiento y la conducta de los individuos son influidos por la presencia actual, imaginada o implicada de otros seres humanos; así, fenómenos sociales, como el matrimonio homosexual, generan un elevado interés y una amplia necesidad de explicaciones que conlleven a entender una problemática que para otros países latinoamericanos como Argentina no genera ninguna polémica, mientras que en Colombia ha sido causante de grandes controversias y debates en las distintas organizaciones como la iglesia, el Senado, la familia y universidades, entre otras. En el proceso de socialización “cada organización socio-cultural determina explícitamente, las formas aceptadas como ejemplares y necesarias para cada sexo” (Baro I, 1988. p.170), de esta manera es como la sociedad lleva un control en el rol de género de cada persona, debido a que hay identidad personal que no sea al mismo tiempo y por lo mismo identidad social” (Baro I, 1988. p.11).

En la sociedad, el matrimonio es un vínculo en el cual se conforma una familia; estas relaciones están dotadas de amor y “el amor es la emoción que constituye el dominio de acciones en que nuestras interacciones recurrentes con otro hacen al otro un legítimo otro en la convivencia” (Maturana H, 1990, p.21). La familia está constituida por una serie de relaciones necesarias para la supervivencia psicosocial, puesto que “somos seres sociales y por ende no podemos subsistir solos, necesitamos de la presencia del otro, no podemos considerarnos como entes aislados sino siempre dentro de un sistema más amplio” (Arriagada D, Bascur A, Smith P & Tiznado M, 2004. p.28). Este tipo de relaciones en el matrimonio implican derechos y responsabilidades, pues es el matrimonio la etapa final de un proceso social que incluye el galanteo, el cortejo y el noviazgo, y aunque el matrimonio homosexual propenda un modelo de vida familiar cuyo lenguaje genera acciones de estabilidad psicoafectiva; actualmente se ve limitado como institución en el goce de sus derechos sociales, así, “el lenguaje tiene que ver con coordinación de acción, pero no con cualquier coordinación de acción sino con coordinaciones de acciones consensuales” (Maturana, H. 1990, p. 18), en las que la pareja homosexual halla el sentido de su reciprocidad psicoafectiva.

A partir de representaciones sociales que determina el matrimonio, éste se entiende como “un acuerdo legal entre un hombre y una mujer para participar de una relación socio-sexual a largo plazo, con el fin de establecer un hogar, satisfacer las necesidades sexuales y criar a los hijos” (Crofton I, 1995, P. 256), en éste acuerdo, el matrimonio homosexual se encuentra rechazado ante las representaciones e imaginarios de la sociedad, y puesto que “el rechazo constituye el espacio de conductas que niegan al otro en la convivencia” (Maturana H, 1990, p. 61), la negación del otro ser de acuerdo a su elección sexual implica la negación de sí mismo en la interacción, pues instituye acciones violentas con base en la segregación, el señalamiento y las tareas colectivas de persecución, silenciamiento o de agresión a homosexuales. Maturana indica que solo las interacciones recurrentes en el amor amplían y estabilizan la convivencia, mientras las interacciones recurrentes en la agresión la interfieren y rompen, por lo que la dificultad para aceptar la homosexualidad es una interferencia en la capacidad para amar socialmente al otro y de entrar en un dialogo legitimo con el otro.

Según la teoría de las representaciones sociales “Las personas conocen la realidad que les circunda mediante explicaciones que extraen de los procesos de comunicación y del pensamiento social. Las representaciones sociales sintetizan dichas explicaciones y en consecuencia, hacen referencia a un tipo específico de conocimiento que juega un papel crucial sobre cómo la gente piensa y organiza su vida cotidiana: el conocimiento del sentido común” (Araya S, 2002. P. 11). De acuerdo con los esquemas cognitivos que se tienen acerca de los repertorios conductuales que las personas con orientación homosexual poseen y la construcción de vida que ellos forman en el vínculo marital, espacio en el que es posible ver la libertad y aceptación del otro en la relación, debido la elección de su orientación sexual y de una pareja estable, en estas parejas existe el amor y se evidencia como un proceso de aceptación mutua de las emociones y de interacción recíproca, pues “en un sentido estricto, los seres humanos nos originamos en el amor y somos dependientes de él. En la vida humana, la mayor parte del sufrimiento viene de la negación del amor: los seres humanos somos hijos de amor” (Maturana, H. 1990, p. 23).

A raíz del intercambio de pareja y el amor de la relación homosexual, la pareja edifica esquemas con base en las experiencias que estos han tenido a lo largo de su vida, “en el desarrollo de la identidad sexual juega un papel importante el desarrollo de las estructuras cognoscitivas y, por consiguiente, la imagen que de sí mismo adquiere como hombre o mujer cada individuo” (Baro I, 1988. p.171), estos esquemas surgen a partir de la interacción de la familia con otros, quienes les permiten incorporar patrones conductuales y cognoscitivos, basados en las emociones percibidas, pues “las relaciones humanas se dan siempre desde una base emocional que define el ámbito de convivencia” (Maturana H, 1990. P. 68). De acuerdo con esas emociones, las cuales tienen el dominio de las acciones “el amor es un fenómeno biológico tan básico y cotidiano, que frecuentemente se niega en la legitimidad de la convivencia en función de otras emociones” (Maturana H, 1990. P. 62), así cuando éste amor le es negado en la convivencia a los individuos con orientación homosexual, éstos desarrollan esquemas no adaptativos respecto a lo que les brinda la construcción de su mundo.  Lo anterior cultiva una dinámica de rechazo y odio que frecuentemente afecta el desarrollo emocional de la familia con orientación homosexual y que pueden llevar al sistema hacia la disfunción familiar.

De acuerdo con Maturana (1990), “amar es abrir un espacio de interacciones recurrentes con otro en el que su presencia es legítima sin exigencias” (p.62), de este modo, las interacciones conformadas de emociones con base en el amor, permiten a estas familias conformar espacios de sociabilización fundados en la aceptación del otro como legítimo otro, llegando a convertir los espacios de ilegitimidad en escenarios de estabilidad, exclusividad y seguridad entre la pareja, en que se desarrollen y cultiven emociones positivas que favorezcan el mantenimiento de relaciones, y donde al cambiar la emoción se logre, también, cambiar el dominio de la acción, pues “el amor es la emoción que funda lo social; sin aceptación del otro en la convivencia no hay fenómeno social” (Maturana, H. 1990, p. 22)

Referencias

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    Para citar este artículo:
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    Andrade, J. A., Quintero, T. Y. & Téllez, C. H. (2012, 14 de septiembre ).Aproximaciones explicativas de la homosexualidad desde tres perspectivas psicológicas. PsicoPediaHoy, 14(5). Disponible en: http://psicopediahoy.com/homosexualidad-perspectivas-psicologicas/
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Un Comentario a Aproximaciones explicativas de la homosexualidad desde tres perspectivas psicológicas

  1. ivan dario carmona calderon dice:

    buen articulo, ofrece una mirada a esta conducta. felicitaciones

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