Recursos de Psicología y Educación

La cultura del “i”

Publicado: Abr 29, 15 │ Categorías: Artículos EducaciónSin Comentarios

culturai

Contar con un alumno de matemáticas en un curso universitario de Ciencias Sociales es un gran reto: más aún, cuando se trata de una mente brillante, capaz de probar tus conocimientos con una sola pregunta, plantear conceptos que están próximos a mencionarse en la clase o simplemente, finalizar la tarea y desparecer, como por arte de magia, del aula: quienes entendemos de las mentes brillantes y las denominadas “mentes del futuro” sabemos que la aparición de ese Ovni que hace aparecer y desaparecer entes es justificado. Inspirado en uno de los retos de Carlos, mi discente, acá les expongo algunos de sus cuestionamientos, desde mi mirada, sin editar. ¿El tema? La tan mencionada mundialización.

En primer lugar, hablar de globalización es sinónimo de “proximidad” del entorno mundial; es la posibilidad de poseer, seducir, adquirir y hasta saborear, literalmente, al Mundo. El simple hecho de ver la palabra y casi no poder resistir la tentación de ir a “google”, “Wikipedia” o cualquier fuente de información, nuevo “oráculo”, es un síntoma propio de la también llamada “mundialización”. Hablar de globalización no es algo nuevo: si analizamos la cultura romana y su visión asertiva de expansión con sus aires de Imperio, a la vez que si tomamos ese preciso instante en que se intentó establecer una moneda estandarizada entre tierras algo distantes en pleno período post “oscurantismo” y del nacimiento de los “burgos”, nos daremos cuenta que desde momentos antiquísimos de nuestra historia ha existido ese anhelo ambicioso de ser “uno con el Todo”. Por todo ello, la globalización, desde mis ojos, corresponde a ese deseo colectivo que se lleva construyendo, por siglos, para ser capaces de tener el pleno dominio del Mundo; sea políticamente, económicamente, socialmente, culturalmente y hasta genéticamente.

Definitivamente, no podemos hablar de globalización sin mencionar a su amante predilecta, la tecnología. Por ejemplo, podemos mencionar la utilización de “objetos nómadas” que nos acercan al Mundo (como se le llama a los denominados artefactos desde la mirada cultural; esos que, hoy y mañana nos acompañarán, desde el celular inteligente hasta el “google glass”); de igual manera, destacamos la posibilidad de crear proyectos investigativos/educativos/artísticos con otros países en tiempo real y el poder degustar las maravillas de una Europa que hoy se interconecta mediante el ya adolescente Euro e “il treno regionale veloce” (el tren veloz). Estas son algunas de las consecuencias de este fenómeno que lleva construyéndose desde hace siglos y no pasan desapercibidas. La denominada “modernidad líquida”, el análisis de fenómenos con una mirada mundialista, la “telerrealidad” y sus consecuencias, la hiperrealidad, el fenómeno “Starbucks” incluso en China y pronto hasta en Cuba, la tacita de café puertorriqueño en manos del Papa en Italia, la tan nombrada “macdonalización” con todo y críticas documentadas a lo “Super Size Me” y la búsqueda de alternativas para solidificar esa visión de defensa a los derechos de los seres humanos que surge ante una de nuestras tantas “crisis paradigmáticas”, particularmente esa del 1789 –ahora, con el toque del arcoíris de la llamada “diversidad- han sido algunas de las tantas repercusiones interesantes que han surgido en pleno “boom” de la globalización. Si ya nos preparamos para un auto volador, no dudemos que pronto existan reglas “universales” o “mundiales” para sobrevolar nuestro entorno, más allá del holograma o del viaje imaginario que nos provee “Youtube”; ya “Google Earth” nos permite esta posibilidad, con la promesa viviente de continuar con ese deseo de ser “Uno con el Todo”.

¿Repercusiones negativas? Sus paradojas. Nos acercamos a todos, en el Mundo, mientras cultivamos la cultura del individualista del “i”: “i”-‘Phone’, “i”-‘Pad’, “i”-Watch, entre otros objetos propios del capitalismo y del culto a la individualidad, en un Mundo aparentemente “de todos”. La demonización del fenómeno es otra de las tantas preocupaciones relacionadas a la globalización: desde que escuché de hablar de este término, cuando adolescente, se mencionaba de una forma que aterrorizaba -a lo “Voldemort”- el “master plan” o plan maestro de la globalización. Es cuestión de buscar en la Internet esas historias de conspiración de un Nuevo Orden Mundial que, aparentemente, todavía se nutren de las garras de la también llamada mundialización. Incluso seguimos hablando del bendito chip. ¿La denominada “crisis” a nivel mundial? ¿La desaparición de la clase media? ¿Naciones que se fusionarán o territorios que cambiarán ante los fenómenos climatológicos, sísmicos y hasta por probables cataclismos, ante una geografía evidentemente cambiante? ¿Nociones del género y la geografía? ¿Leyes para promover el matrimonio igualitario que se solidifican con la misma fuerza que aquellas posibles leyes que permitan erradicar “a la fuerza” a los marginados? ¿Esfuerzos asociados a la clonación y la impresora 3D, a la partícula de Dios o el “Bosón de Higgs” y al fascinante “viaje” de universos paralelos? ¿La pérdida de recursos como el petróleo y las guerras por agua?

Definitivamente, todavía nos quedan varios años para explorar y degustar este fenómeno, tal como lo hacemos hoy en día con el “turismo gastronómico”, fruto de ese mismo proceso global: mientras esto ocurre, disfruto el poder reflexionar sobre este tema, a la vez que comparto esta mirada personal con uno de mis estudiantes estrella de Ciencias Sociales, por Internet, con la seguridad –sin dejar de temblarme la mano- que estas generaciones experimentarán -de forma “extrema”- mucho más de este fenómeno que lo que nosotros hemos vivido hasta ahora.

Mientras tanto, con la rapidez en la que pudiese enviar un “Tweet” en tiempo real y sin perder mi humanismo ante el narcisismo a lo “deidad” que provee el fascinante “mundo de las posibilidades” de este llamado mundo “globalizado”, “cuántico”, “líquido”, “diverso”, “terrorista”, “hospitalario”, “hiperreal”, “excesivo” y hasta “utópico”, diría lo siguiente: “Solo Dios sabe”.

 

Dr. Ariel Orama López
Catedrático Auxiliar UPRH Humacao
Psicólogo y actor colegiado
Twitter: @AG_ORLOZ



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