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Reflexiones en torno al trato humano de la -locura- en Uruguay

Publicado: Dic 29, 10 │ Categorías: Artículos1 Comentario
  • Agustín Oscar Romano Trinidad
    Hospital Vilardebó
    Montevideo, Uruguay



Presenta una experiencia con pacientes internados en un hospital psiquiátrico basado en: la necesidad de considerar las condiciones de vida y carencias de los pacientes y,  exponer la forma en que los profesionales de la salud mental brindan su asistencia.

RESUMEN

El presente artículo surge a partir de la experiencia de trabajo realizada con pacientes internados en un hospital psiquiátrico, en la cual se llevó adelante la contemplación de dos aspectos: por un lado, la necesidad de considerar las condiciones de vida y las carencias de los pacientes institucionalizados en el nosocomio durante el período de internación, y también considerando la post-internación de los mismos, y por otra, dar cuenta de la forma en que los profesionales de la salud mental brindan su asistencia a estos pacientes, apostando a reflexionar en torno a nuestras prácticas en este terreno.

Palabras clave: Paciente, rehabilitación, locura, salud mental, modelo asilar, hospital psiquiátrico, centro diurno.

Conocido seguramente por todos o casi todos los que ejercemos la profesión de Psicología, es el hecho de que rondan muchas creencias en torno a nuestro campo clínico de trabajo, principalmente en el ámbito de las instituciones de salud mental; dichas creencias, provienen fundamentalmente de la sociedad a la que pertenecemos y que también formamos con nuestra presencia y nuestras prácticas.

Creencias que se han forjado a lo largo del tiempo, que han configurado modelos respecto a la locura y su tratamiento, siendo uno de los más remarcables, el modelo asilar, que implicaba aislar al loco y extraerle la locura; segregándolo y separándolo de la sociedad.

Es así que las instituciones de salud mental se han convertido en referentes de depósitos humanos replegados, desconectados de un mundo circundante, cuyo objetivo consiste en contener personas y tratarlas básicamente con medicación y terapia de electroshock.

Las creencias que circulan en torno a la locura incluso hasta el presente son múltiples, y quien no habrá oído a alguien decir alguna vez: “ustedes trabajan con locos, y es mejor dejarlos quietos, aislados, porque se pueden tornar violentos, peligrosos, hostiles”.

Lo cierto es que por suerte existe mucha gente que decide hacer caso omiso a estas expresiones, y día a día, desde su rol aportan con su trabajo, su contribución al tratamiento o acompañamiento terapéutico de cada paciente que se encuentra internado en una institución psiquiátrica, abordando cada situación desde un modelo integral, de rehabilitación.

Esto de alguna forma, demuestra que más allá de las necesidades y motivaciones personales que puedan conducir a un profesional de la salud mental a desempeñar tal labor, de todas maneras se privilegia el demostrar ante el medio social, que los pacientes que alguna vez fueron parte del mismo y en la actualidad se hallan excluidos “esperando” su reinserción, no necesariamente son personas que se tornen violentas, y menos aún, que deban dejar de ser tomados en consideración por quienes de alguna forma u otra, los pusimos en el lugar en que están.

De allí que resulte necesario hacerse responsable de la parte que a cada uno nos corresponde frente a los diversos avatares a lo largo del tiempo, que han desembocado en nuestro días promoviendo estas creencias, las cuales es nuestra labor desestructurar en muchos casos.

Sin embargo, no alcanza solamente con derribar ciertas afirmaciones, si quienes nos desempeñamos en la atención de pacientes psiquiátricos hospitalizados, no promovemos una actitud de acercamiento, desde un lado humano, para con los mismos, puesto que de no priorizarse este componente, incurriríamos en cierta forma, en esta especie de reproducción del aislamiento del síntoma social depositado en quienes se encuentran internados.

Debemos ser concientes de la posible complicidad que tenemos con el sistema al cual nos acoplamos muchas veces, pasando así al orden de lo instituido; una complicidad que no implica estar de acuerdo con el sistema, sino desde la implicancia que generamos.

Pero esta labor no resulta nada sencilla, si desde el ámbito institucional, no se cuenta con un respaldo que nos permita desarrollar nuestra labor, con plena libertad y confianza, y a su vez, se siga sosteniendo como se mencionaba anteriormente, una forma de funcionamiento mayoritariamente referente (aunque con algunos cambios), al modelo asilar.

Asimismo, hay varios elementos llamativos desde la óptica de las necesidades (entiéndase por necesidad a todo estado de carencia), no sólo de quienes transitan su internación en una institución denominada de salud mental, sino también de los demás componentes que hacen a esta misma. Institución como tal, atravesada por varios elementos que pareciera ser, apuntan a dejar en evidencia los desafíos y malabares que se deben llevar a cabo para sostener un cometido que a veces pareciera difuminarse: promover la salud mental de los pacientes internados; tarea relevante que a veces -por no decir constantemente y a falta de recursos- pareciera transitar por una cuerda floja.

De hecho, es muy factible también que en varias ocasiones, sean las propias lógicas institucionales las que lleven -arrastrando un peso histórico- a fomentar ciertas prácticas respecto al enfermo mental, que en nada colaboran con su mejora durante su tránsito por la institución sanitaria en la que se halla internado.

Pacientes, ámbito institucional (que involucra el establecimiento específico, así como a sus funcionarios) y el medio social, conforman un entramado con características rizomáticas que en su conjunto, promueven un determinado producto con determinadas características, que a su vez se encuentra ubicado en un contexto histórico, político y cultural que lo atraviesa, frente al cual se acomoda y responde.

De lo que se ha trabajado y destaca en particular de los pacientes a lo largo del tiempo, se encuentra el posicionamiento que estos, en su gran mayoría, adoptan respecto a su tránsito durante la internación hospitalaria, signada principalmente por su disconformidad en relación al trato que suelen recibir por parte de funcionarios de la Institución, así como también por las carencias de recursos a los que se ven expuestos en materia de bienes para uso personal o compartido (que vale aclarar, no conforman productos de primera necesidad, tales como tabaco, cigarrillos o yerba, entre otros).

Fundamentalmente en lo que respecta al trato que reciben por parte de profesionales de salud mental, es destacable que muchos refieren sentir que no reciben un buen trato por parte del personal médico y de enfermería; en relación a los asistentes sociales y psicólogos, la mayoría refiere que no se atiende con los mismos.

No es menos importante comprender que al preguntárseles si se siente escuchados y si presentan dificultades de comunicación, la mayoría de los pacientes responda que no al primer planteo, y que sí al segundo.

La oferta que se hace al paciente entra en clara “rivalidad” con la demanda que este pretendería construir junto con el personal que lo atiende, generándose así un circuito que no alcanza un punto cúlmine, reiterando incesantemente pautas de vinculación que siempre resultan improductivas para quien debería verse asistido en la mejora de su calidad de vida y en el respeto de sus derechos como persona, apostando a su dignidad básica, hallándose por ejemplo inserto en lugares limpios, calefaccionados y cómodos.

Es inevitable cuestionarse ¿por qué pasa esto? ¿cómo ciertas conductas que deberían promover la posibilidad de otorgarles un respaldo desde lo institucional en materia de holding, soporte, continentación; ceden ante una función mayormente de contención, rechazo, aislamiento?

¿Por qué quienes sufren, deben seguir sufriendo, siendo separados de sus referentes, perdiendo su dignidad, y constantemente se sigan enfrentando al castigo que les imparte su sentencia de locura?

Y, quizá, una de las preguntas más pertinentes que puede nacer a partir de estas interrogantes sea ¿hasta cuándo se mantendrá hegemónicamente esta situación? Situación que durante mucho tiempo se ha erigido como paradigma, y que notoriamente en nuestro país, en muchos ámbitos destinados a atender la salud mental, se sigue promulgando.

Claro está que a las Instituciones también las forman las personas, por lo cual volvemos al punto en el cual se debe considerar que la promoción de un cambio en la mejora de las condiciones de permanencia en el hospital psiquiátrico depende de la adecuada interacción entre los distintos actores que allí confluyen.

Cabe destacar asimismo que, como de alguna manera se hacía mención anteriormente, el individuo que ingresa al hospital proviene de un medio social, y a su vez es producto de este; un medio social que lo segrega y lo envía a otro medio, en el cual los locos están controlados, y allí quedan, en el único lugar que pareciera ser que la sociedad en su mayoría conoce para depositarlos. Allí se encuentran, quienes denuncian -y  a su vez son emergentes de- una sociedad que se enferma.

Exiliar la locura, permite evitar la denuncia que los “locos” realizan constantemente de la sociedad que los albergó y que no quiere “responsabilizarse” de las carencias que puedan manifestar algunos de sus miembros. Son aquellos “chivos emisarios” de la enfermedad inherente a la sociedad, que debe ser “eliminada” mediante la reclusión, fuera de la vista de la mayoría de las personas.

Por tanto, no es sólo la respuesta que se obtiene de los trabajadores de la Institución sanitaria la que ha de cuestionarse, sino también del conjunto social, que da la espalda a una realidad que resulta insoslayable.

Nuestra labor debería apuntar hacia la rehabilitación y reinserción del paciente en ese medio que alguna vez lo excluyó, de modo tal que se pueda adaptar nuevamente promoviendo el menor impacto posible para el paciente, trabajando principalmente en la forma de re-inclusión, y logrando que pueda posicionarse desde un lugar ajeno a la asunción de una imagen de sí mismo como “enfermo mental”, para despojarse así de clasificaciones estigmatizantes.

Nuestra labor como prestadores de asistencia en el área de la salud, y más específicamente en el campo de la salud mental, debe propender a aportarle los elementos necesarios para el individuo, para allanarle el camino rumbo a su reinserción social, lo cual también nos pone en el compromiso de despojarnos de nuestros prejuicios frente a los pacientes y, a su vez, promover un seguimiento post-internación para asegurarle al sujeto una continuidad en su desprendimiento de la institución hospitalaria que no le cause tanto impacto.

Por ende, cabe destacar la relevancia que nuestro quehacer también tiene en lo que respecta al acompañamiento de estos individuos, y en ese trayecto debieran producirse cambios ya desde nuestra formación curricular como profesionales de la salud mental, en pro de brindar un servicio cuyos resultados apunten cada vez más y mejor al logro del beneficio de los pacientes, para poder así también resarcir nuestra deuda con los “locos”, a quienes les quitamos parcialmente sus derechos que les son inherentes: libertad, trabajo, condiciones dignas de vida.

Afortunadamente, y desde hace varios años, se han creado espacios institucionales dentro de los hospitales, que conforman lugares en los cuales es posible conectarse con los “alienados” durante su internación, citando a modo de ejemplo, los que se insertan en una de las principales instituciones de salud mental de Uruguay: el Hospital Vilardebó.

En esta institución, y desde hace ya más de quince años, uno de los espacios que funciona es el Centro Diurno, al cual concurren pacientes derivados por su médico tratante a los efectos de que pueda realizar rehabilitación. También es de mencionarse el espacio de Huerta Orgánica que funciona en el predio del Hospital, el cual es trabajado por los pacientes en conjunto con psicólogos, principalmente.

Otro de los espacios intrahospitalarios lo conforma el programa denominado “Puertas Abiertas”; una sala acondicionada para funcionar como centro recreativo, en el cual se realizan diversas actividades tales como gimnasia, artesanías, música, entre otras. Asimismo, se brinda un espacio de escucha en el cual el paciente puede compartir necesidades e intereses.

Dicho espacio no sólo apunta a conservar su status de sala de recreación para los pacientes internados sino que, además, desde su propia gestación, ha sabido convertirse en un espacio para que muchos estudiantes universitarios de la carrera de Psicología principalmente, pudiesen descubrirse a sí mismos en su comienzo por el tránsito en el trato con pacientes psiquiátricos.

Trabajando en este ámbito, quienes comienzan sus actividades en la sala de “Puertas Abiertas” siendo estudiantes, y continúan al día de hoy su labor allí siendo profesionales, llegan a encontrarse con sus potenciales y estilos propios, los cuales no están sesgados por una mirada rígida, que impone pautas de trabajo. De hecho, desde el comienzo, se espera por parte de los coordinadores, que se le indique el camino que se debe seguir, cómo hablar con el paciente, qué decirle y qué no, qué es lo que se debería y lo que no se debería hacer con el mismo.

Esa espera, afortunadamente, se prolonga indefinidamente, en tanto una vez que uno se inserta a trabajar en ese ámbito, descubre que no debe seguir un manual de procedimientos, sino que se comienzan a desplegar en el campo con el paciente, aspectos que tienen que ver con la formación universitaria, pero también entran en juego componentes que son parte de la propia idoneidad de quienes asisten a los pacientes, y que dichos componentes pueden llegar a ser mucho más eficaces que una guía estandarizada de pautas de atención de pacientes mentales hospitalizados.

Se descubre que cada situación es única, la experiencia debe ser pensada según la instancia que se presenta, muchas veces sin seguir indicaciones específicas, las estrategias terapéuticas son elaboradas según cada caso en particular, atendiendo a la patología o trastorno que pueda presentar el paciente.

En definitiva, propuestas como la del Centro Diurno o “Puertas Abiertas” constituyen un espacio de aprendizaje, concebido en primera instancia para que los pacientes internados puedan contar con un ámbito diferente dentro del Hospital, que los habilite a establecer un cambio dentro de su rutina si así lo desean, pero también está concebido para aquellos estudiantes y egresados que están dispuestos a abordar el trabajo con pacientes psiquiátricos desde un lugar diferente al que habitualmente se pauta desde la formación universitaria: se apunta a la rehabilitación, y ésta esencia deberá seguirse priorizando, para las futuras generaciones de psicólogos de nuestro país.

Se percibe que no sólo en Uruguay se ha dado cabida a este fenómeno, sino que esta forma de vinculación con el paciente psiquiátrico viene teniendo también su repercusión en varios países de América Latina, y sobre esta base, debemos seguir trabajando, priorizando el trato humano para con el enfermo mental, apostando a mejorar su calidad de vida, tanto dentro de la institución de salud mental, como fuera de la misma, una vez que vuelve al medio social, y fomentando desde nuestro lugar y rol, que el paciente vea a su familia y al trabajo como ámbitos con los cuales revincularse.

Es necesario trabajar la identidad donde la patología forme parte, pero que se pueda reinsertar desde otro lugar, y que ese lugar no esté signado por suplir una carencia, puesto que se deberá partir de la base de que el sujeto puede hacer cosas, por lo que se deberá ayudarle a reencontrarse, promoviendo a que se empodere de lo que sabe hacer.

Conclusiones

Nuestra misión como profesionales de la salud mental que apuntamos a la rehabilitación de los pacientes institucionalizados, no consiste en hacer cosas por ellos, sino para ellos, y con esta tarea tenemos el compromiso de abocarnos todos quienes de alguna manera estamos vinculados al trabajo con otros seres humanos que padecen un trastorno o una patología mental.

Debemos aspirar a que el tratamiento no quede solamente en una entrevista o interrogatorio, saliendo meramente del discurso y apostando a obtener acciones redituables para el paciente, desde un plano simbólico y concreto.

Fomentar rutinas, itinerarios, actividades, trabajo, con un trasfondo de respaldo y tenacidad, así también como de creatividad, es una herramienta que debe ser cada vez más priorizada a los efectos de sostener un proceso de reinserción psicosocial de los pacientes, oficiando los profesionales en salud mental como nexo entra la Institución y un mundo extramuros, que al paciente, quizás sólo, le costaría mucho enfrentar.

Debemos propender a que el paciente amplíe su gama interaccional con el mundo externo, buscando que nuevos sentidos se desplieguen para él, sin generarle una condena. Una de nuestras misiones debe ser la de generar solidaridad social para poder evitar así el rechazo, a través de la promoción de una reeducación, y cabe destacar que el establecimiento de contacto con las posibles redes sociales que den soporte a los pacientes una vez que se encuentran egresados de su internación, pero también durante el transcurso que dure la misma, es un pilar fundamental en el proceso de rehabilitación.

En esto también resulta necesario pensar a la salud como una inversión en términos de crear una serie de dispositivos que den cuenta de la realidad social de los pacientes psiquiátricos.

Actualmente, algunos de los centros de rehabilitación psíquica con los que cuenta Uruguay son el mencionado Centro Diurno del Hospital Vilardebó, y el Centro Diurno Sayago, ambos dependientes de la Administración de Servicios de Salud del Estado.

También existen centros de rehabilitación psíquica en las Colonias Etchepare y Santín Carlos Rossi, dependientes ambas del Ministerio de Salud Pública.

Asimismo, se encuentran en Montevideo, el Centro Nacional de Rehabilitación Psíquica y Taller El Ceibo, que dependen de la Comisión Honoraria del Patronato del Psicópata; el Centro de Investigación en Psicoterapia y Rehabilitación Social (CIPRES); el Centro Psicosocial Sur Palermo (privado).

En el resto del país, existen centros públicos de rehabilitación psíquica, algunos de los cuales son intrahospitalarios, ubicados en Soriano, Cerro Largo, Artigas, Lavalleja, Tacuarembó, San José, Paysandú, Rivera, Salto, Rocha, Río Negro, Durazno,  Maldonado y Flores.

Actualmente, la creación de estos centros se enmarca dentro de las bases para la reconversión del modelo de atención de pacientes psiquiátricos, a lo cual el Programa Nacional de Salud Mental agrega, entre otros: elevar la calidad de hospitalización de los pacientes en los episodios críticos; consolidar los Centros de Salud en la comunidad; crear Albergues Comunitarios Permanentes (Hogares Protegidos); el acceso pleno o protegido de los pacientes a la vida social y otro de los puntos es, en concordancia con lo que se venía exponiendo, multiplicar los Centros de Rehabilitación.

Si bien es destacable que existan estos centros en todo el país y sean accesibles a los pacientes, es también importante tener presente que se sigue necesitando una transformación en cuanto a las condiciones de internación en todo sentido, así como al soporte que se pueda brindar a los pacientes una vez que son dados de alta de las instituciones, y es necesario preguntarse constantemente qué es lo que se requiere para cambiar dicha situación, a la vez que es importante cuestionarse por qué no cambia la oferta institucional.

Siempre habrá cosas que faltarán hacer, pero siempre habrá algo que se pueda ir haciendo, llevando adelante propuestas viables y concretas, identificando las debilidades y fortalezas inmanentes, en pro de brindar una mejor asistencia.

Sería conveniente que se pueda seguir pensando y re-pensando nuestra labor en el marco del compromiso social, profesional y humano que asumimos con los pacientes psiquiátricos, apostando a contactarnos cada vez más con lo que habremos de sentir, cada vez que un paciente, quiera que su historia, sea escuchada, porque ellos nos necesitan, y porque nadie está libre de poder llegar a padecer su misma situación.

Referencias

 Gilabert, A. (1992). El manicomio ¿una institución para los locos?. Buenos Aires: Ediciones Cinco.

Iuorno, R. (2004). En el hospital… Buenos Aires: Catálogos.

Liberman, R. (1993). Rehabilitación integral del enfermo mental crónico. Barcelona: Ediciones Martínez Roca, S.A.

Manson, F., Rossi, G., Pulice, G., Frank, M., Alderete, S., Leblebidjian, L. Et al.  (2002). Eficacia clínica del acompañamiento terapéutico. Buenos Aires: Editorial Polemos

Sindicato Médico del Uruguay (2005). Bases para la reconversión del asilo mental. Extraído el 15 de Julio, 2010 de
http://www.smu.org.uy/dpmc/pracmed/temas/msp-asilomental-dic05.html


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    Para citar este artículo:
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    Romano, A. O. (2010, 29 de diciembre ). Reflexiones en torno al trato humano de la -locura- en Uruguay. PsicoPediaHoy, 12(16). Disponible en: http://psicopediahoy.com/locura-trato-humano-uruguay/
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Un Comentario a Reflexiones en torno al trato humano de la -locura- en Uruguay

  1. sandra dice:

    Me pareció de suma importancia la propuesta que en el das por la rehabilitación que a los enfermo dignos como seres humanos que son se les debe de dar, mas sin embargo hay pocos centros de asistencia para la rehabilitación de los pacientes según sus habilidades, así como en el ámbito social y no nos queda más que trabajar en esta área como estudiante de psicología clínica casi egresada me interesa muchísimo esta área de la psicología.

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