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Microexpresiones Emocionales: Generalidades y usos en el contexto clínico

Publicado: Abr 4, 11 │ Categorías: ArtículosSin Comentarios
  • Yunier Broche Pérez
    Villa Clara, Cuba



El artículo aborda, de manera histórica,  los elementos teóricos sobre la teoría de las microexpresiones emocionales. Trata la Teoría Neuro-Cultural y relaciona expresión facial y musculatura del rostro en la expresión de emociones y su importancia en la indagación psicológica.

RESUMEN

El presente artículo aborda, de manera general y en un primer momento, los elementos teóricos generales sobre la teoría de las microexpresiones emocionales desde una perspectiva histórica. Se abordan los orígenes de la teoría desde la década de los 60 y su desarrollo hasta convertirse en un núcleo de referencia para el estudio de las emociones humanas. En un segundo momento se abordan, muy concisamente, los aportes de la Teoría Neuro-Cultural para la práctica psicológica, especialmente en el contexto clínico. Se expone la relación entre expresión facial y la musculatura del rostro en la expresión de emociones y su importancia en la indagación psicológica.

Microexpresiones Emocionales. Generalidades

Cuando Paul Ekman1 decidió investigar sobre la universalidad de las expresiones faciales de las emociones no tenía mucho más que una cámara fotográfica y muchísimo coraje consigo. La cámara le era necesaria para registrar las distintas imágenes que esperaba captar y que sirvieran de soporte para su hipótesis de la existencia de emociones universales. El coraje, por otra parte, lo necesitaba para navegar contra las ideas antropológicas dominantes de la época, que defendían la postura de la determinación cultural de las emociones. Lideraba esta postura Margaret Mead, antropóloga de prestigio mundial y principal exponente de esta corriente. El mundo académico aceptaba esta idea como verdad absoluta (Ekman; Keltner, 1997) y cualquier artículo que se prestigiara en la época y pretendiera ser considerado serio, debía coincidir con esta explicación. En ese entonces, Ekman había cumplido ya sus treinta años y manejaba una hipótesis diferente basado en los estudios realizados por Charles Darwin. El joven psicólogo se veía influido por la idea expresada por Darwin en su obra Expresión de las emociones en los animales y el hombre, donde planteaba la existencia de emociones que le eran comunes a todos los animales (incluido el hombre) y que se expresaban de forma similar en ellos. La revisión de estos escritos llevó a Ekman a reconsiderar los postulados relacionados con determinación cultural de la expresión de las emociones y comenzó sus investigaciones en un campo que debe hoy los mayores avances a este emprendedor especialista. Cámara en mano, se dirigió a una tribu completamente aislada de Papua, Nueva Guinea, que nunca había estado expuesta a ningún tipo de influencia cultural tecnológica (televisión fundamentalmente) ni tampoco con otros grupos humanos. De esta manera, Ekman accedía a un grupo poblacional donde le era posible corroborar su hipótesis, puesto que si nunca habían tenido contacto con humanos pertenecientes a otras culturas, podrían observarse en ellos formas particulares de expresión de las emociones, distintas a todas las descritas hasta ese momento. De comprobarse esto (la existencia de expresiones particulares para determinadas emociones), la teoría de Mead sería comprobada radicalmente, por otra parte, de no ser así, se premiaría el esfuerzo realizado por este norteamericano y con el nuevo descubrimiento cambiarían radicalmente muchas concepciones de la antropología y la psicología.

Luego de revisar cuidadosamente cientos de fotografías y horas de video, recopiladas a partir de los experimentos realizados, no encontraron ni una sola forma particular para la expresión de las emociones en los habitantes de la tribu, todo lo contrario, la forma de mostrar sus emociones en el rostro coincidían, perfectamente, con las formas en las que lo expresaba un ciudadano norteamericano, japonés o suramericano. Quedaba demostrado, de esta forma, que la expresión de las emociones en el rostro humano trascendía el marco cultural y se expresaban universalmente. Particularmente los estudios se dirigieron a la representación facial de seis emociones denominadas “básicas”: alegría, tristeza, miedo, enojo, sorpresa y disgusto. Cada una de estas emociones responde a un patrón muscular específico para su representación y sobre este patrón es que pueden estudiarse y emplearse las microexpresiones emocionales. Seguidamente, se analizarán los elementos más importantes relacionados directamente con las “micro” y cómo su empleo adecuado facilita una mejor comprensión del paciente por parte del especialista de la salud.

Historia convertida en ciencia

Una microexpresión, de acuerdo con Ekman (1994), es el movimiento muscular involuntario que realizan las personas cuando, por algún motivo, suprimen o reprimen las emociones que vivencian o no dejan que estas se expresen en toda su magnitud y correspondencia con el estímulo que les da origen. La expresión apenas se muestra por espacio de milisegundos (de 1 a 3 milisegundos) en el rostro de quien la expresa para desaparecer de inmediato; sin embargo, para una persona entrenada en su detección es perfectamente visible y decodificable. De esta manera, puede conocerse cómo se siente una persona en realidad, más allá de lo que dice sentir y de lo que quiere ocultar.

En un día común y corriente las personas, atendiendo a diversos factores, pueden esconder lo que emocionalmente están sintiendo o minimizar su intensidad, sin embargo, es poco probable que no escapen a través de su cuerpo, y especialmente de su rostro, los indicadores de lo que está vivenciando en forma de pequeños latigazos, suficientemente grandes para un ojo perspicaz y entrenado.

Cuando buscamos la residencia permanente de las microexpresiones encontramos que se solapan dentro del amplio mundo de lo que se ha denominado comunicación no-verbal y que, al mismo tiempo, ofrece un arma importante para el análisis del comportamiento, así como también ha sido blanco de misticismos. Según el propio Ekman, en un artículo publicado en coautoría con Harold Jhonson y Wallace Friesen (1975) titulado Communicative Body Movements: American Emblems, existen cinco tipos de gestos. Los autores los clasifican de la siguiente manera: ilustradores, adaptadores, manipuladores, emblemas y gestos faciales. Las micros son una derivación o particularidad (esperamos hacernos entender con uno u otro término) de los gestos faciales. Cada microexpresión expresa una emoción particular o fragmento de ella, expresando lo que la persona realmente siente y la intensidad de lo que siente.

Metafóricamente podríamos comparar este fenómeno con la represa de un gran embalse. La cortina de concreto impide que todo el volumen de agua fluya libremente, sin embargo, cuando el volumen sube demasiado se escapan chorros de agua a gran presión, hasta que vuelve a bajar el nivel, logrando nuevamente un equilibrio. En este ejemplo la cortina de concreto sería la persona que cancela sus emociones y las limita deliberadamente o sin darse cuenta, y los chorros de agua, la forma que encuentra el cuerpo de logar un balance en relación al estímulo que genera la emoción. Este mecanismo de acción encuentra su explicación en un epígrafe de uno de los libros de Daniel Goleman (2006), donde se analizan las vías corticales que utiliza el cuerpo para trasmitir la información. En la obra se hace referencia a una vía “seca”, racional, donde la persona tiene el control de la información que brinda y regula lo que quiere decir y otra vía “húmeda”, emocional, a través de la que se expresa la vida afectiva. El vehículo que utiliza la primera de las dos vías es el lenguaje, y el de la segunda, el cuerpo. Cuando la persona refiere algo con lo que se siente cómoda, ambas “carreteras” de informativas corren paralelamente, por el contrario, si la situación se considera hostil, como para expresarse con autenticidad, el individuo podrá controlar lo que dice y brindar una información que se ajuste a las exigencias de la situación, pero su cuerpo buscará la manera de expresar lo que siente en realidad y lograr el equilibrio perdido. Esta situación es el caldo de cultivo idóneo para la aparición de microexpresiones en el rostro.

Emociones Básicas y Microexpresiones Emocionales

En la literatura puede encontrase indistintamente el término básicas y universales haciendo referencia a las seis emociones abordadas con anterioridad y que ahora se retoman. ¿Qué relación guardan las emociones básicas con las microexpresiones emocionales? Las micros son manifestaciones relampagueantes de las siete emociones y responden a los patrones específicos de activación muscular para cada una de estas. El rostro humano puede generar aproximadamente 10.000 expresiones faciales distintas. Esto es posible a partir de las combinaciones que son capaces de generar 43 músculos que poseemos en nuestro rostro. No todos los gestos son expresión de una emoción particular, algunos simplemente no poseen un significado estricto. En este caso, interesa profundizar en las combinaciones que son distintivas para las emociones básicas. Cuando observamos a una persona reír lo que ocurre bajo la piel es la activación exacta de los músculos que participan en la realización de la sonrisa.

Al parecer, desde el punto de vista evolutivo, la exposición reiterada de nuestros antepasados más primitivos a estímulos específicos (por ejemplo, situaciones de miedo) configuró patrones característicos de representar el estado interno en el rostro. Estas situaciones esculpieron paulatinamente las formas típicas que hoy conocemos y que nos son familiares. El mecanismo final opera sobre la base de una especie de “logaritmo” donde ante un estímulo determinado, y a partir de la valoración del individuo, el cerebro acciona los músculos necesarios para expresar la emoción que sentimos. Nadie sonríe ante una situación que genera temor y no lo hace porque la expresión correcta ya está programada desde hace miles de años.

Un elemento que puede ser ilustrativo en relación a la determinación filogenética de las formas de expresión facial de las emociones básicas son los estudios realizados con ciegos. Los resultados al respecto arrojaron que las personas invidentes de nacimiento expresan facialmente las emociones de igual forma que los videntes, sustentando la postura de la trasmisión hereditaria de las formas de expresión facial. De ser expresiones aprendidas, una persona que nunca hubiese visto como se expresa, por ejemplo, el asco nunca hubiese podido expresarlo con perfecta congruencia como lo hacen los invidentes de nacimiento. Un elemento interesante en el análisis del rostro es su capacidad reguladora en las interacciones humanas. Los rostros trasmiten información de manera continua y sin descanso. Cuando expresamos una emoción en particular comienza un ciclo de reactivación sostenida de la emoción que estamos sintiendo. En tanto, el rostro es, en primera instancia, la respuesta a lo que sentimos y se convierte en efecto. La causa que lo originó pudo ser cualquiera. Ahora, cuando la causa desaparece y permanecemos con el rostro activado para la emoción originaria, la expresión facial pasa de un papel pasivo a uno activo. A partir de ese momento el estado interno está siendo fuertemente condicionado, ya no por la situación desencadenante, sino por el rostro que permanece pasada la situación: se condiciona el estado de ánimo desde el rostro. En algunas ocasiones nos sentimos tristes y no existe una sola causa que pueda explicar esa sensación. Sin embargo, no nos percatamos que, tal vez, sólo tenemos mal sincronizando el rostro. La relevancia de estos estudios radica en que, sin importar la procedencia de la persona, las expresiones faciales asociadas a las emociones básicas se mostrarán de igual manera en cualquier lugar del planeta. Bajo este postulado se puede establecer otro de igual cuantía: si la expresión no varía para las siete formas discutidas, tampoco varían las microexpresiones faciales. Son igualmente universales, puesto que responden directamente a las emociones básicas.

Musculatura facial y microexpresiones

Anteriormente se ha hecho alusión a la universalidad de las expresiones faciales que acompañan a las emociones básicas y las microexpresiones. Esta universalidad, determinada desde el punto de vista evolutivo, está marcada por la activación exacta de los músculos del rostro ante determinadas situaciones. La determinación de la aparición de micros y su significado están marcados mayoritariamente por el reconocimiento preciso, por parte del psicólogo, de los músculos que están siendo activados. Si el profesional no conoce la anatomía que se relaciona con la expresión emocional, no reconocerá tampoco a que emoción hace referencia la mímica del rostro. Por esta razón, el profesional debe familiarizarse con los elementos anatómicos del rostro. Para ello es de utilidad cualquier atlas de anatomía humana, para de esa forma localizar cada músculo y poder realizar expresiones que permitan mostrar su funcionamiento. A continuación se hace una breve referencia a las estructuras fundamentales y su función para la expresión de gestos faciales específicos.

Lo que popularmente se conocen como “músculos de la mímica” o “músculos de la expresión facial” son nombrados en los textos de anatomía humana como músculos cutáneos de la cabeza y se dividen en cuatro grupos: 1) músculos epicraneales, 2) músculos nasales, 3) músculos de la boca y 4) músculos de los párpados (Cheping, 1990).

Los músculos epicraneales se dividen en dos grupos, uno medial y el otro lateral . Los epicráneos u occípito-frontales se relacionan específicamente con el grupo medial y está integrado por dos vientres, el occipital y el frontal. El vientre frontal se encuentra bajo la piel de la frente. Al contraerse tira la parte cabelluda hacia delante y viceversa cuando se contrae el occipital. Ambas acciones están relacionadas con acciones específicas. En la contracción frontal la persona puede experimentar enojo o concentración ante algo o alguien y en el caso de la contracción del occipital en la expresión de la sorpresa o el miedo, dependiendo del contexto.

Dentro de los músculos nasales se encuentra el músculo prócer, dos estructuras carnosas que se ubican sobre el dorso de la nariz. Su función dentro de la expresión de las emociones es bien interesante y su visualización en la vida cotidiana frecuente. Cuando se activan estos músculos, la emoción que subyace es el enojo de manera contenida. Esta activación se muestra con movimientos espasmódicos del área, simulando un pequeño temblor en el sitio que rodea las fosas nasales.

Los músculos de la boca se encuentran alrededor de la fisura oral y se dividen en dos grupos: los dilatadores y el constrictor. Como estructura representativa de este grupo muscular encontramos el cigomático mayor cuya acción fundamental es tirar de los labios hacia arriba y afuera, movimiento característico presente en la sonrisa y expresión real de felicidad y agrado. Por otra parte encontramos el músculo depresor del ángulo de la boca, su función principal (como lo indica su nombre) es tirar el ángulo de la boca hacia abajo, de ahí que se refleje en los rostros que expresan abatimiento, tristeza o depresión, siendo reflejo siempre de un estado displacentero.

Por último, encontramos los músculos de los párpados. Como ejemplo tomaremos el músculo corrugador de las cejas. Cuando se activa, esta estructura desplaza la piel de las cejas hacia la línea mediana, formando pliegues verticales en la región del entrecejo. Esta activación se muestra en episodios de ira, dolor, etcétera. La determinación de la emoción que expresa está marcada por el contexto y la combinación con otros músculos.

Cada uno de estos músculos representa una pequeña parte de la estructura que descansa bajo la piel del rostro humano. La totalidad de la musculatura facial es capaz de generar aproximadamente 10.000 expresiones distintas y sólo conociendo cada músculo por separado, y su función, puede determinarse la emoción que se oculta tras la microexpresión, o si la emoción que dice sentir una persona coincide con lo que en realidad experimenta. El estudio anatómico del rostro se hace imprescindible para aquellos especialistas que pretendan estudiar el mundo de las expresiones faciales y las emociones y, al mismo tiempo, establece puntos de complementariedad para las ciencias médicas y psicológicas.

Expresión Facial y Emociones Básicas

Anteriormente se abordaron las siete emociones consideradas básicas. Cada una de ellas, como también se explicó, se ejecuta sobre la base de un logaritmo específico que activa los músculos necesarios para expresar lo que el individuo está sintiendo. Existe concordancia en el ámbito académico con relación a los tipos de expresiones faciales que acompañan a las emociones de ira, alegría, tristeza, disgusto, sorpresa y miedo (Stewart, M y cols., 1996), existiendo cierta polémica con relación al desprecio. En nuestra opinión, la expresión facial del desprecio no necesariamente coincide con la expresión descrita por Ekman en su obra, elemento que puede ser objeto de análisis en otros trabajos. Sin embargo, en el caso de las restantes seis las investigaciones de Ekman y los estudios posteriores aseveran la universalidad, no sólo de las emociones, sino de su expresión. Seguidamente se realiza un breve resumen de los patrones que distinguen cada emoción.

Sorpresa:

– Cejas levantadas, colocándose curvas y elevadas.
– Piel estirada debajo de las cejas.
– Arrugas horizontales en la frente.
– Párpados abiertos, párpado superior levantado, y párpado inferior bajado; el blanco del ojo suele verse por encima del iris.
– La mandíbula cae abierta, de modo que los labios y los dientes quedan separados, pero no hay tensión ni estiramiento de la boca.

Miedo:

– Cejas levantadas y contraídas al mismo tiempo.
– Las arrugas de la frente se sitúan en el centro y no extendidas por toda la frente.
– Párpado superior levantado, mostrando la esclerótica, con el párpado inferior en tensión y alzado.
– Boca abierta y labios o bien tensos y ligeramente contraídos hacia atrás, o bien estrechados y contraídos hacia atrás.

Disgusto:

– Labio superior levantado.
– Labio inferior también levantado, y empujando hacia arriba el labio superior, o bien tirado hacia abajo y ligeramente hacia adelante.
– Nariz arrugada.
– Mejillas levantadas.
– Aparecen líneas debajo del párpado inferior.
– Cejas bajas, empujando hacia abajo al párpado superior.

Enojo:

– Cejas bajas y contraídas al mismo tiempo.
– Líneas verticales entre las cejas.
– Párpado inferior tenso; puede estar levantado o no.
– Párpado superior tenso, puede estar bajo o no por la acción de las cejas.
– Mirada dura en los ojos, que pueden parecer prominentes.
– Labios en una de estas dos posiciones: continuamente apretados, con las comisuras rectas o bajas, o abiertos, tensos y en forma cuadrangular, como si gritaran.
– Las pupilas pueden estar dilatadas.

Felicidad:

– Comisuras de los labios hacia atrás y arriba.
– La boca puede estar abierta o no, con o sin exposición de los dientes.
– El pliegue naso-labial, baja desde la nariz hasta el borde exterior por fuera de la comisura de los labios.
– Mejillas levantadas.
– Aparecen arrugas debajo del párpado inferior.
– Las arrugas denominadas ‘patas de gallo’ van hacia afuera, desde el ángulo externo del ojo.

Tristeza:

– Los ángulos interiores de los ojos hacia arriba.
– La piel de las cejas forma un triángulo.
– El ángulo interior del párpado superior aparece levantado.
– Las comisuras de los labios se inclinan hacia abajo, los labios pueden temblar.

Estos son indicios generales que pueden ayudar en la práctica cotidiana del médico, el psicólogo o cualquier otro profesional de la salud. Se debe señalar que no necesariamente la expresión tiene que mostrarse de manera completa e incluir cada acción descrita. La expresión de la emoción puede ser tan sutil que se no se muestre más que una pequeña porción del gesto. De esa forma, no bastaría una escucha atenta sin una observación particularmente aguda.

Teniendo esta información es que puede constituirse un sistema para interpretar los mensajes del rostro según un código particular. Este código lo podemos dividir en tres zonas: zona cejas-frente, zona ojos-párpado-caballete de la nariz y zona mejillas-boca-mandíbula. Esta información optimiza la capacidad para reconocer estados emociones de los pacientes aun cuando estos tratan de ocultarlos.

Consideraciones finales

El mundo interior de cada persona nunca será completamente accesible para el especialista que le brinda ayuda. La tendencia a proteger la integridad personal a través de la limitación de la información que se brinda es un recurso que no abandonarán nunca los pacientes, especialmente los que asisten a una consulta de psicología o psiquiatría. Sin embargo, aun cuando esta realidad se nos presente de esta forma, el objetivo del profesional que recolecta la información debe ser siempre el de obtener la mayor cantidad posible de elementos fidedignos sobre el estado de su paciente, y debe hacerlo además en el menor tiempo posible; esta es la oportunidad que nos brindan las microexpresiones emocionales. Si bien es cierto que las micros no ofrecen una explicación de la vivencia, sí nos acercan a la vivencia tal y como la experimenta la persona. Consideramos que, aún en la actualidad, el conocimiento y utilización de la comunicación no-verbal es insuficiente en la práctica clínica. Particularmente el tema de las microexpresiones, no se estudia ni se utiliza de acuerdo a sus posibilidades reales. La sobrestimación del material verbal que ofrecen los pacientes nos lleva, muchas veces, a dar vueltas en círculos, perdiendo tiempo y lentificando la intervención. En este sentido la profundización en este tema favorecería la comprensión emocional de los pacientes y las pautas a seguir en el tratamiento.

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1 Psicólogo norteamericano. Profesor Emérito de la Universidad de California. Considerado una autoridad mundial en el tema de las emociones y la comunicación no-verbal. Seleccionado como uno de los 100 psicólogos más importantes del siglo XX y entre las 20 personas más influyentes de los Estados Unidos por la revista Forbes.

 

Referencias

Ekman, P. (1990) Universality of emotional expression? A personal history of the dispute. Oxford University Press: New York.

Ekman, P. y Rosenberg, E. (1997) What the face reveals: Basic and applied studies of spontaneous expression using the facial coding system (FACS). Oxford University Press: New York.

Ekman, P. (1994) All emotion are basic. The nature of emotion. Oxford University Press: New York.

Ekman, P. (1964) Body position, facial expression and verbal behavior during interviews. Journal of Abnormal and Social Psychology, vol. 60, No. 3.

Ekman, P. (1972) Universals and cultural differences in facial expression of emotion. Nebraska Symposium on motivation, Vol. 19, Lincoln University of Nebraska Press.

Ekman, P, (1977) Biological and cultural contributions to body and facial movement. The anthropology of the body, Academic Press: London.

Ekman, P. (1997) Universal facial expressions of emotion: And old controversy and new findings. Non verbal communication. Lawrence Elbaum Associates: New Jersey.

Ekman, P. (1997) Universals and cultural differences in facial expression of emotion. Nebraska symposium on motivation. University of Nebraska Press.

Ekman, P; Keltner, D. (1997) Universal facial expression of emotion: an old controversy and new findings. Non verbal communication: New Jersey.

Ekman, P. (1994.)All emotion are basic. The nature of emotion. Oxford University Press, pp 15-19.

Goleman, D. (2006) Inteligencia Social: La nueva Ciencia de las Relaciones Interpersonales. Barcelona.

Cheping, N. (1990) Temas de anatomía humana. Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas (MINSAP).

Stewart, M y cols. (1996) Classifying facial action. Advances in neural information processing system 8. MIT Press, pp 823-829.

Un experimento con ciegos revela que los gestos faciales se heredan. (2006) Periódico “El Mundo”, Octubre de, p.33.


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    Para citar este artículo:
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    Broche, Y. (2011, 4 de abril ). Microexpresiones Emocionales: Generalidades y usos en el contexto clínico. PsicoPediaHoy, 13(2). Disponible en: http://psicopediahoy.com/microexpresiones-emocionales/
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