Recursos de Psicología y Educación

Pobreza, valores humanos y sexualidad

Publicado: Oct 10, 03 │ Categorías: Artículos, Artículos Psicología3 Comentarios
  • José Manuel González
    Universidad Simón Bolívar
    Barranquilla, Colombia.



En términos generales, puede decirse que en la población más pobre se encuentra dificultades para expresar el cariño, el amor o la ternura. También es común que se tengan creencias erróneas con respecto al amor, lo que genera mucha frustración.

Durante los últimos años las estrategias de desarrollo social han tenido una amplia transformación, evolucionando desde las corrientes teóricas que enfatizaban en el incremento del crecimiento económico, hasta llegar a las que proponen una estrategia de satisfacción de las “necesidades humanas básicas” (Consuegra Bolívar, 1994).

Desde esta perspectiva, el desarrollo social se concibe como un proceso conducente a la satisfacción de las necesidades humanas y a la obtención de una mejor calidad de vida para todos los integrantes de una sociedad. Consuegra Bolívar (1994) plantea que la salud es un factor fundamental en la dinámica del desarrollo social por su doble condición de meta específica del desarrollo y de medio indispensable para garantizar los niveles mínimos de productividad, ahorro y crecimiento económico, tanto a nivel individual como colectivo.

El 52% de la población colombiana presenta carencias materiales y no materiales que limitan la potenciación de capacidades e impiden que se alcance una calidad de vida digna (Montoya Serrano, 1998). Podríamos decir que existen cuatro grandes causas de este fenómeno: la concentración de la propiedad, la debilidad del estado, el modelo de desarrollo y la cultura del pueblo colombiano. Este último factor es de mucha importancia para los estudiosos del amor, la vida en pareja, los fracasos matrimoniales, los embarazos prematuros, la salud sexual, las infecciones por VIH, la violencia intrafamiliar y demás aspectos que componen la sexualidad humana.

Una investigación reciente (González, 1998) muestra una serie de creencias, costumbres y valores que tienden a producir estilos de vida poco saludables y que interfieren con el desarrollo personal y social de los colombianos pertenecientes a los estratos 1 y 2, que son los más pobres del país. Por considerarlo importante para las personas que nos preocupamos por el bienestar y la calidad de vida de nuestra comunidad, me referiré a este tema en el presente artículo.

En términos generales, puede decirse que en la población más pobre de nuestro país se encuentra dificultades para expresar el cariño, el amor o la ternura (sobre todo en los hombres). También es común que se tengan creencias erróneas con respecto al amor, lo que genera mucha frustración al llevar a choques entre la fantasía y la realidad afectiva de la vida cotidiana. Frecuentemente, se espera que la persona amada satisfaga todas las necesidades de la pareja; se ansía un amor incondicional, sin límites, un amor eterno. Se espera que la persona amada “sea” como la pareja desea que sea (no como ella “es” en realidad). Se cree que el dolor, el sufrimiento y los celos son una parte importante e imprescindible de la vida amorosa. Por lo general, se espera que la mujer sea quien sostenga la relación, esto desde el punto de vista afectivo. Es frecuente observar la exigencia de “pruebas de amor”, en donde el hombre exige la entrega sexual para que ella le “pruebe que realmente lo ama”. También se cree que una forma de evitar que el hombre se vaya (o que regrese a la relación amorosa, cuando ya se ha ido) es teniendo relaciones sexuales. Todo lo anterior dificulta seriamente la elección de una pareja adecuada, ya que no se escoge tomando como base la realidad, sino con base en creencias irreales que pueden llevar rápidamente a la frustración y la decepción.

Entre estas personas, la infidelidad es uno de los principales problemas (con todas las secuelas de dolor y destrucción de la vida conyugal que ella trae frecuentemente). La familia, célula básica de la sociedad, por lo general se trastorna intensamente con la infidelidad. Se encontró la creencia de que la infidelidad masculina es mucho menos grave que la femenina. Parece que se piensa que los hombres son infieles en forma natural, “biológica”, mientras que las mujeres no. Las separaciones son frecuentes y se ven en este grupo como algo normal. El matrimonio tiende a tener poca acogida, mientras que se buscan más las uniones libres, sobre todo entre los jóvenes.

La población pobre presenta una profunda carencia de información acerca de la reproductividad. No conoce cómo se produce la fecundación, cómo se puede regular la fertilidad, qué deberes y obligaciones tienen los padres y las madres con respecto a los hijos, cuáles son los derechos de los niños y las niñas, etc. Es evidente la falta de preparación para asumir adecuadamente la paternidad y la maternidad. Muchas veces esto se refleja en graves conflictos familiares.

El aborto es algo bastante común entre estas personas, algunas veces por cuidar las apariencias y otras porque no hay los recursos económicos para criar otro hijo.

La creencia absurda de que la madre es la única que tiene la responsabilidad de los hijos lleva frecuentemente a situaciones en donde la mujer esta recargada de obligaciones. Mujeres adoloridas, frustradas y con una enorme tensión emocional. Esta creencia lleva a muchos casos en que el padre está completamente ausente en la educación integral de sus hijos.

Otra de las ideas observadas es la creencia errada de que un hijo “amarra a la pareja”. Esto lleva a embarazos donde lo que se desea es fortalecer el vínculo deteriorado de la pareja. Son hijos que realmente no son deseados por sí mismos. Generalmente, la relación afectiva de la pareja no mejora con la llegada del hijo, por el contrario, muchas veces se acaba de destruir y entonces las falsas expectativas que se tenían con el hijo generan mucho malestar, dolor y frustración.

Se observan algunos casos de fanatismo religioso, donde las personas (con mucha comodidad) culpan a Dios de su realidad. ¡Como si los seres humanos no fueran responsables de manejar adecuadamente su sexualidad! También es común la creencia de que hay que tener todos los hijos que Dios envíe, como si el único responsable de la fecundación fuera Dios (y los humanos no hiciéramos nada para producir o evitar la fecundación del nuevo ser). Algunas de esas personas piensan, en forma bastante irresponsable, que cada niño trae su pan debajo del brazo. Yo pienso que cada pareja debe decidir libre y responsablemente cuántos hijos debe tener, según sus deseos y posibilidades.

La población más pobre presenta una gran desinformación acerca del placer sexual. No conoce los mecanismos fisiológicos y psicológicos que regulan la vida erótica y tienen al respecto una serie de creencias irracionales, algunas veces absurdas. La creencia de que el placer sexual es algo malo, sucio, feo y denigrante es bastante común. Esta concepción sexofóbica distorsiona la vivencia cotidiana de los encuentros eróticos de las parejas, impidiéndoles tener una sexualidad saludable. Se percibe frecuentemente el encuentro erótico como un camino que debe llevar solamente a la reproducción, por lo que lo demás parece ilegal y se vive con mucha culpabilidad. En realidad, el encuentro erótico de la pareja debe servir también para comunicar su amor, experimentar placer sexual y trascender espiritualmente. La realización personal del individuo tiene mucho que ver su adecuada vida sexual.

Por otro lado, algunas personas viven las relaciones sexuales como una competencia, en la que la ausencia de ternura y afecto se llena con la necesidad de satisfacer al otro y quedar bien. El interés por demorar la eyaculación o por el tamaño del pene (o de los senos) está muchas veces en esta línea.

Otros aspectos observados son:

– La actividad sexual de los hombres se inicia más temprano, es más intensa y más promiscua.

– La satisfacción sexual es deficiente, tanto en los hombres como en mujeres.

– Hay gran irresponsabilidad sexual, tanto en hombres como mujeres.

– La masturbación, el coito anal y la homosexualidad son tres aspectos controvertidos hacia los cuales hay bastantes inquietudes y muchas creencias falsas.

– También es frecuente la desinformación acerca de la sexualidad femenina.

Se observa muchas veces que la mujer desea un cambio en las condiciones en la relación conyugal, buscando más equidad, pero el hombre recurre a la violencia para controlarla. También se ve, por otro lado, que algunas creencias religiosas -que enfatizan la resignación- contribuyen a perpetuar la injusticia en el ámbito conyugal.

Las personas pobres presentan una gran desinformación acerca de la masculinidad, la feminidad y la relación entre los géneros. La visión del hombre se relaciona con el dinero, el poder, la valentía y la libertad, mientras que la figura de la mujer se asocia a la ternura, la sumisión, la capacidad de sufrir y soportar, la necesidad de satisfacer sexualmente a su compañero y la ausencia de su propio placer erótico. Estas creencias machistas son explicadas por causas biológicas, intrínsecas al hecho de ser hombre o mujer, y sin tener en cuenta la educación y los demás factores psicosocioculturales. Esto es preocupante, porque la falta de equidad de género trae serias consecuencias para los seres humanos y para la comunidad, como el incremento de divorcios y separaciones, la iniciación prematura de las relaciones coitales, las enfermedades de transmisión sexual, los abortos, las lesiones físicas y psicológicas en mujeres y niños (as), la adicción al alcohol y a otras drogas, los embarazos no deseados, las disfunciones sexuales, el estrés, la depresión, los homicidios y suicidios, por solo nombrar las más importantes.

A pesar de que el VIH/SIDA es más común entre la población más pobre (Bayes, 1995), esta enfermedad no le preocupa. Creen que “eso no tiene nada ver conmigo; el VIH/SIDA es algo que solo afecta a los homosexuales”.

El machismo aumenta la predisposición de la mujer al SIDA porque la subordinación al hombre la pone en una situación de desventaja para negociar o controlar las características de la relación sexual (como el uso de condón, la fidelidad, etc.). En el hombre también se incrementa el riesgo, ya que éste, para cumplir su rol de macho, se siente obligado a ser infiel, promiscuo, “parrandero” y consumidor de mucho alcohol, lo cual baja la probabilidad de relaciones sexuales seguras (Bayes, 1995; Flores Colombino, 1997).

Con respecto a los valores, es evidente la falta de responsabilidad, ternura, dialogo, placer sexual, fidelidad, solidaridad, respeto, autonomía, lealtad, equidad y justicia entre los géneros. Esa investigación muestra claramente la crisis de valores que estamos viviendo en Colombia, que amerita el interés en la educación de la sexualidad que nos lleve a una mejor vida para las próximas generaciones de colombianos. La calidad de vida mejorará en la medida que mejoren los valores que orientan nuestra vida en pareja. Esa investigación también muestra que, por lo general, los colombianos de los estratos 1 y 2 llegan a un hogar que no está preparado para darles a sus hijos una adecuada educación para la vida, la convivencia y el amor, que les permita lograr una vida sexual saludable, responsable, gratificante y constructiva.

La situación actual también impide el crecimiento económico y obstaculiza la productividad y el ahorro porque genera:

– Desmotivación hacia la vida (en general), hacia el trabajo y hacia el estudio.

– Barreras hacia el adecuado desempeño de las capacidades laborales y académicas por estrés, depresión, desconcentración, intentos de suicidios, etc., producidos por los problemas amorosos, eróticos, de violencia conyugal, etc.

– Pérdida de energías y tiempo útil para el trabajo o el estudio, que se consume en tratar de resolver conflictos amorosos, eróticos, reproductivos y de violencia conyugal.

– Pérdidas de dinero y tiempo en las consultas a horóscopos, brujas y similares para resolver los problemas amorosos y conyugales.

– Gastos por servicios médicos y drogas para solucionar trastornos psicosomáticos o consecuencias de actos violentos producidos por los celos, el abuso del alcohol y otras consecuencias de los problemas sexuales y amorosos, como los abortos inducidos y la infección por VIH, etc.

Para el adecuado desarrollo de la población más pobre y vulnerable de nuestro país, y de la comunidad en general, es necesario adelantar proyectos que estimulen el desarrollo de creencias, costumbres y valores que produzcan estilos de vida más saludables. Debemos fomentar valores éticos como la responsabilidad, la ternura, el diálogo, el placer erótico, la fidelidad, la solidaridad, el respeto, la autonomía, la lealtad, la equidad y la justicia entre los géneros, si creemos en el ideal de un ser humano autónomo, ético y culto y una sociedad libre, justa y solidaria.

Referencias

Bayes, R. (1995). Sida y psicología. Barcelona: Ediciones Martínez Roca.

Consuegra Bolívar, J. (1994). Prospectiva de la salud pública en el desarrollo social. Desarrollo Indoamericano, 28.

Flores Colombino, A. (1997). Diccionario de sexología. Montevideo: Editorial Fin de Siglo.

González, J. (1998). Sexología y periodismo: una columna de preguntas sobre temas sexuales en un periódico colombiano. Ponencia presentada en el VIII Congreso Colombiano de Psicología, Santa fe de Bogotá, abril 30 a mayo 3.

Montoya Serrano, G. (1998). Pobreza: no es solo un concepto. Revista Portafolio, El Espectador, lunes 14 de septiembre, p. 17.


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    Para citar este artículo:
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    González, J. M. (2003, 10 de octubre ). Pobreza, valores humanos y sexualidad. PsicoPediaHoy, 5(10). Disponible en: http://psicopediahoy.com/pobreza-valores-humanos-y-sexualidad/
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3 Comentarios a: Pobreza, valores humanos y sexualidad

  1. dubys cantillo dice:

    En la sexualidad no debe perderse de vista la perspectiva genérica y el autor la aborda en forma objetiva. Considero que los estudios de sexualidad son incipientes en nuestra América. El autor hace un esfuerzo por aprehender la realidad en un contexto específico del Caribe colombiano, donde efectivamente se vivencia lo que manifiesta el escrito. Hay que seguir profundizando en la problemática de la sexualidad porque en verdad la asimetría en las relaciones de género se manifiesta de forma inhumana es en las relaciones sexuales hablando en términos de genitalidad. El irrespeto hacia la dignidad de la mujer es verdaderamente dramático. Sigamos investigando en vez de criticar.

  2. EZDAY dice:

    El trabajo a pesar de haber sido publicado hace casi 6 años, sigue en boga. porque, la realidad que vivimos en el Ecuador, es la misma de Colombia; y toda latinoamerica. Puesto que la forma cómo los y las niñas, adolescentes y jóvenes viven su sexualidad no ha cambiado; pero, hay que reconocer que es producto de los modelos que reciben de los y las adultos. Sólo miremos alrededor, se sigue atropellando los derechos de nosotras las mujeres, se nos sigue mirando como un objeto sexual, ama de casa y procredora; y no como un ente productivo, soñadora, inteligente, creativa y que camina junto al hombre para sacar adelante a su familia y por ende su país.

  3. Jenny dice:

    Me gusto mucho, ya la vivencia de la sexualidad es una área de estudio en desarrollo, comenzar a conocer las falsas creencias que rodean la cultura de una sociedad, es fundamental. Este trabajo aplica también perfectamente a la sociedad ecuatoriana.

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