Recursos de Psicología y Educación

Prevención en Instituciones de Salud: Una tarea necesaria

Publicado: feb 25, 06 │ Categorías: Artículos3 Comentarios
  • Bárbara Zas Ros
    Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas
    La Habana, Cuba



Esta trabajo invita a reflexionar sobre el tema de Prevención en Instituciones de Salud que pudiera convertirse en un área más del trabajo del profesional de la Psicología de la Salud en un determinado contexto. “Andando iremos haciendo el camino”.

RESUMEN

Prevención en instituciones de salud: Una tarea necesaria tiene como objetivo central tratar de definir y resaltar la importancia y la necesidad  de la realización de las prácticas de prevención en las propias instituciones de salud, dentro de ellas y con el personal de las mismas, labor que hasta el momento no se ha priorizado.

A partir de varios conceptos que tratan de desarrollarse tales como: institución saludable, indicadores de insalubridad institucional y prevención institucional,  y de las respuestas repecto a qué prevenir en las instituciones de salud, para qué y cómo hacerlo, se pretende sistematizar toda una serie de ideas iniciales en el abordaje de este nuevo campo de trabajo que constituye un reto más para el trabajo multidisciplinario en el área de la salud.

Introducción

Las políticas de salud de los últimos años le han concedido un valor especial a las prácticas de prevención, definidas  en términos de los necesarios cambios en los estilos de vida, los modos y modelos de funcionamiento social y, por ende, también institucional. Es difícil pensar en la prevención sin pensar en las transformaciones imprescindibles de estructura, pero sobre todo en los cambios de nuestros modos de pensar, de nuestros modelos teóricos de partida, de nuestras epistemologías, filosofías y hasta sistemas de creencias tan fuertemente arraigados. La prevención es definida como la protección contra los riesgos, las amenazas del ambiente, lo que significa, inevitablemente, la acción mancomunada de las Instituciones de Salud, de las comunidades y de las personas que más que integrarlas las instituyen (Calviño M, 1996).

En la Primera Conferencia Internacional de Promoción de Salud, realizada en Ottawa en 1986 con el patrocinio de la OMS, se señala que es necesario facilitar el proceso según el cual se puede “movilizar a la gente para aumentar su control sobre la salud y mejorarla… para alcanzar un estado adecuado de bienestar físico, mental y social… ser capaz de identificar y realizar sus aspiraciones, de satisfacer sus necesidades y de cambiar o adaptarse al medio ambiente”. Para lograr verdaderamente esto es imprescindible comprender que el desarrollo de la salud no se puede reducir a la lucha contra la enfermedad, a las prácticas clínicas tradicionales. La prevención es un reto práctico, un reto social, pero para al interno de las prácticas profesionales de la Psicología se trata de un reto epistemológico. La salud es tarea de todos, pero es también tarea en todos los espacios donde ella se favorece o se dificulta, se promueve o se aniquila. “Prevenir es no sólo un modo de hacer, es un modo de pensar”.

Partiendo de estas consideraciones no es difícil comprender porque “la Organización Panamericana de la Salud ha definido la promoción de la salud como el resultado de todas las acciones emprendidas por los diferentes sectores sociales para el desarrollo de mejores condiciones de salud personal y colectiva para toda la población en el contexto de su vida cotidiana” (OPS. 1992. pág. 1). Esto está directamente relacionado con las políticas de salud, las medidas ambientales, las instituciones de salud, las organizaciones comunitarias y, lógicamente, con los individuos, con sus actitudes y aptitudes personales, sus creencias, su subjetividad. “La promoción de salud es la acción social en favor de la salud” (ídem).

La prevención se vincula a diferentes actuaciones profesionales. Las más conocidas y realizadas son las llamadas promoción y educación (Calviño M., 1996). Sin embargo, ellas han mantenido un modelo de comportamiento que pudiéramos definir como “de mí para afuera”. Como señala Bleger J.: “… aplicamos de manera deficiente o absolutamente no aplicamos nuestros conocimientos y nuestras técnicas… a la administración que hacemos de nuestros recursos” (1985. p.105).  Siguiendo el paradigma dominante en los encuadres de las prácticas profesionales, el profesional y su institución de pertenencia quedan “intactos”. No se han instaurados programas de Promoción de Salud tendientes a la eliminación de conductas nocivas para los médicos de un Hospital, a pesar de que sabemos que muchos médicos y personal de la salud las poseen (hábito de fumar, abuso de ingestión de bebidas alcohólicas, etc.), y cuando se han intentado desarrollar no han tenido éxito, como es el conocido caso del tabaquismo. Tenemos muchas razones para pensar que una buena parte de nuestras acciones de promoción y educación tendrían que “empezar por casa”, tendrían que empezar desde adentro.

Precisamente, cuando pensamos en “empezar por casa”  nos tenemos que detener a pensar: ¿no será necesaria la prevención de quienes previenen? Si nuestra respuesta es afirmativa entonces tendríamos que preguntarnos ¿Prevenir qué, para qué y lógicamente cómo en la Institución?

Tratar de acercarnos a responder estas preguntas nos pone ante todo a asumir un problema de conceptualización necesaria, pues nos estamos refiriendo a la ejecución de un tipo muy particular de prevención que sería la prevención institucional. Por otra parte, si hablamos de prevención institucional es porque de base hay un imaginario existente de lo que sería una institución saludable que aspiramos a tener y mantener. Intentemos reflexionar sobre estos dos conceptos.

¿Qué prevenir en la institución?

Algunos pasos han sido dados, particularmente aquellos que parten de lo obvio olvidado: cualquier ser humano puede morir de un infarto. Los médicos son seres humanos. Los médicos pueden morir de un infarto. Simple lógica aristotélica que en nuestros días y en nuestro país se llama “atención al hombre”.  El otro paso viene dado por la estructura, quiero decir, por las cosas que se pueden hacer para mejorar “el ambiente físico” (para los especialistas en organización del trabajo, el mercado de empleo mejoró).

Con las acciones de prevención institucional, se trataría por algún medio de contradecir la profecía del herrero: “En casa del herrero, cuchillo de palo“. Tendríamos que despojarnos del pensamiento positivista, esa epistemología que dictamina la objetividad a alcanzar por la vía de la no implicación del sujeto que estudia con el sujeto que es estudiado, porque en este caso, cuando de prevención institucional se trata, el sujeto que estudia y el estudiado son lo mismo, aunque no son iguales. El primer presupuesto teórico de base vendría dado por impedir que la institución sujete a sus sujetos para convertirlos en objeto concreto de su praxis y con esto desconozca (inhiba, oculte) su propio ser como sujeto, su subjetividad.

Si tratáramos de acercarnos al concepto general de prevención asumido por la OMS, pudiéramos entender entonces que “la prevención institucional sería una resultante del conjunto de acciones mancomunadas por diversas especialidades encaminadas en todo un proceso para desarrollar mejores condiciones de salud en el personal que labora en las instituciones, en el contexto de su vida cotidiana institucional”.

Intentemos algunas precisiones, en términos más pragmáticos, de esta primera conceptualización:

1. Al hablar de prevención institucional tenemos que considerar al menos dos niveles didácticos de comprensión de este proceso: un nivel sería el relativo a las acciones encaminadas al logro de una subjetividad institucional sana y el otro sería el relativo a las acciones encaminadas a garantizar las condiciones objetivas que favorecen y sostienen la subjetividad de la institución.

Esta diferenciación es esencial a la hora de entender y precisar el objeto de estudio y la metodología que se emplearía por las diversas ramas del conocimiento implicadas en la realización de acciones de prevención institucional. En otras palabras, el objeto de trabajo de los profesionales de la Psicología estaría bien diferenciado del correspondiente a los órganos de dirección y del objeto de los educadores para la salud. Las tareas por asumir serían diversas y diferentes, así como también el nivel de responsabilidad. La resultante y la integración de las distintas disciplinas y de los diferentes grupos institucionales que intervendrían en este proceso, constituirían los programas específicos y bien particulares de prevención institucional que se realicen en las instituciones de salud. El abordaje de esta tarea sería interdisciplinario y prospectivamente transdisciplinario.

2.   Sería necesario, entonces, definir qué tipo de acciones se realizarían, encaminadas a estudiar y prevenir una subjetividad institucional sana. Asimismo, han de definirse el tipo de acciones que garantizarán las condiciones objetivas que sostienen la subjetividad de la institución, así como también sus implicaciones e integraciones mutuas.

En estas primeras reflexiones, en estos intentos por pensar juntos sobre un tema, voy a referirme sólo a aclarar, desde un punto de vista personal, cuál sería el rol de los profesionales de la Psicología de la Salud -y en las condiciones concretas de nuestro país-  en el abordaje de una nueva tarea en la que sin duda alguna estamos implicados y debemos implicarnos, pero donde no somos los únicos protagonistas ni los principales responsables, así como tampoco sería ni nuestra única tarea a asumir en las instituciones de salud ni la principal. Hago esta aclaración porque desde un principio, cuando una profesión intenta asumir una tarea, debe sentar y aclarar bien sus condiciones de asunción. Hago esta aclaración, además porque si los profesionales de la Psicología que trabajamos en salud aceptamos tareas institucionales que no nos corresponden por pretender ganar un lugar más, caemos en el peligro de cometer severos errores y de tergiversar un campo de trabajo que pudiera dar palpables frutos. Sobre este tema profundizaré más adelante.

Detengámonos entonces en la reflexión sobre un segundo concepto: siguiendo con la simple lógica aristotélica: si realizamos prevención institucional obtendremos una  institución saludable.

Una institución saludable es aquella cuyo funcionamiento brinda todas las posibilidades para que el hombre y los grupos humanos que en ella existen sean sanos,  plenos y puedan desarrollar al máximo sus capacidades; instituciones de salud sanas con trabajadores de la salud sanos. Una institución saludable enseña a resolver los problemas que se presentan y aprende a resolver los propios por lo que le aportan sus miembros, brindando la posibilidad de un fluir emocional positivo de los mismos en la implementación de la organización de su trabajo y garantizando una comunicación adecuada entre los diferentes niveles de dirección-subordinación. La Institución de Salud necesita ser sana, curada en algunos casos (nada despreciables, por cierto) y necesita ser objeto de prevención de su posible enfermedad. El tema es claro: “Mente sana en cuerpo sano”. El cuerpo es la estructura institucional, sus sujetos corpóreos reales, entonces, ¿cuál es su mente? “Mente institucional sana en institución sana”. No basta con la mirada objetiva, es necesaria e imprescindible la mirada subjetiva.

En las revisiones realizadas y vinculadas a este tema, aparece un concepto que está en auge en estos momentos, especialmente en Europa: el de Hospitales Promotores de Salud. En la Declaración de Budapest  (1991) de Hospitales Promotores de Salud y en las Recomendaciones de Viena (1997), se especifica el concepto y la estructura básica de la Red Internacional de Hospitales Promotores de Salud, fundada en 1990.

Hospitales Promotores de Salud incorpora en su concepto valores y estándares de la promoción de salud dirigidos hacia el interior de la estructura organizacional hospitalaria y de la cultura de sus miembros. La finalidad es mejorar la calidad de los servicios de salud, la vida y las condiciones de trabajo y la satisfacción del staff médico, así como la de los pacientes y acompañantes. Extiende su incidencia estableciendo una cooperación con la comunidad para promover conceptos como cura, cuidado y prevención. Hacer sostenibles los procesos de cambio que implican para la estructura organizativa de los hospitales la aplicación consecuente e integral de este concepto parece ser el mayor reto que implica el mismo. (Johnson A, Baum F, 2001).

Encontrarnos, en otra parte del mundo, estas ideas que se entrelazan a las que desde nuestra práctica fueron surgiendo como una necesidad de abordaje, que partiendo del desarrollo alcanzado por la Psicología de la Salud en Cuba, le dan un sustento todavía más poderoso a nuestros principios de trabajo.

Pudiéramos pensar, entonces,  en algunos indicadores de “insalubridad institucional” que se hallan diariamente en nuestras instituciones de salud, por ejemplo:

- Prevalencia de grupos de trabajadores portadores de diferentes tipos de enfermedades crónicas no transmisibles y transmisibles.

- Presencia de conductas nocivas más o menos ocultas en el personal de la salud y más o menos reconocidas por los mismos (tabaquismo, abuso de bebidas alcohólicas, sedentarismo, etc.).

-  No aplicación de las conocidas medidas de prevención de salud, y no mantener un rol activo y responsable ante la salud personal.

-  Presencia de indicadores de afectación de la salud mental, tales como el síndrome del burnout, elevada vulnerabilidad al estrés y otros.

Estos cuatro primeros indicadores por ejemplo a veces se traducen en alta prevalencia de los certificados médicos en el personal de la institución, ausencias sistemáticas, etc.

-  Dificultades de organización institucional  y de la organización de los diferentes grupos institucionales, así como de la organización del trabajo, que afectan la estabilidad emocional de los trabajadores e inciden en la aparición de desmotivación laboral.

- Dificultades de comunicación entre los diferentes niveles de dirección-subordinación.

-  Falta de reconocimiento de que todo lo anteriormente planteado conforma los indicadores de salud institucional.

Por supuesto, nos referimos a un imaginario ideal por obtener. La prevención institucional estaría dirigida entonces a:

- Diagnosticar de manera inicial el comportamiento de sus indicadores de insalubridad.

- Elaborar programas de prevención que accionen sobre los indicadores detectados.

- Integrar cada una de las acciones que se vayan realizando en un todo coherente y dialéctico que permita un resultado satisfactorio.

Prevenir en la institución, ¿para qué?

Existen varias razones. La primera es económica en todo su sentido. Una institución saludable produce más y mejor. Las instituciones de salud no producen bienes materiales, pero sí utilizan y gastan medios económicos. Si los sujetos de la institución son sanos y se sienten satisfechos en su institución, producen más y gastan menos, simple lógica económica. Menos pago por conceptos de bienestar social (certificados médicos, licencias), menos personal para realizar un mayor conjunto de actividades (ahorro en pago por salarios). En fin, no pretendo ser economista ni administradora de salud, a ellos les corresponde analizar esto.

La segunda razón viene dada por la existencia de los servicios de salud: brindar una atención de calidad, pues calidad en salud implica que las personas que se atiendan vivan sanas y con calidad de vida.

¿Qué entendemos por calidad? Calidad implica hacer, implica  mejorar el hacer y medir ese mejor hacer. No hay nadie que sepa mejor cómo “mejorar las cosas” que quien está implicado en ellas. Este implicado presta un tipo de servicio y un tipo de atención; esta atención la brindan un grupo de sujetos a otro grupo de sujetos, esta atención se brinda en los marcos de una institución. Querer instituciones de salud que brinden servicios de calidad no es sólo tratar de tener excelentes equipamientos o la última tecnología médica.

En una  excelente conferencia dictada por el profesor Octavi Quintana, de España (Septiembre 95, Curso Internacional de Bioética, conferencia Calidad en la atención de la salud; Escuela Latinoamericana de Bioética. La Plata. Argentina) se señalaba que “la tecnología más importante que da calidad de salud es una silla, para sentarse y escuchar“. Pero para que ese personal se siente a escuchar y brinde servicios de calidad, ha que tener la capacidad de hacerlo, han de ser sujetos y grupos  con una sólida formación profesional y ética, con una determinada actitud ante la labor  que realizan, con una determinada motivación, estimulación y satisfacción laboral; debe garantizarse la posibilidad de ser escuchados por su institución cuando lo necesiten; tienen que ser, por lo tanto, sujetos y grupos saludables que le proporcionen conductas saludables a su institución para que ésta sea realmente una institución saludable, una consecuente institución de salud (Zas B, 1996).

De lo anterior se desprende la tercera razón: “Haz lo que yo digo, no lo que yo hago”. Las acciones de salud que realizamos sobre los demás deben ser, ante todo, creíbles y la credibilidad tiene que partir de quien la promueve. Una profesión, un profesional, un tratamiento, una medida preventiva para mejorar la calidad de vida de un paciente, un servicio que se brinda debe ser creíble para quien lo recibe.

Pueden existir muchas otras razones, estas son lo suficientemente importantes para reconocer que la prevención institucional es una tarea  perspectiva de primer orden, aplicable en condiciones de un Sistema Nacional de Salud desarrollado como es el nuestro.

Prevenir en la institución, ¿cómo?

Esta es, sin duda, la más difícil de las respuestas, pues nos pone ante la realidad de nuestras prácticas y ante la verdadera posibilidad de ejecutabilidad de nuestras tesis de trabajo.

Hay tres premisas iniciales que deben tenerse en cuenta antes de intentar iniciar un trabajo preventivo institucional:

1. ¿Está dispuesta la institución, o tiene el suficiente nivel de tolerancia institucional, para someterse a los nuevos cambios que implicaría pensar y ejecutar estos programas, o al menos, intentar iniciar este proceso? Esta es la premisa de la aprobación, al menos de la aprobación inicial, pues las nuevas propuestas de cambios irán haciendo aparecer nuevas resistencias a los cambios.

2. ¿Cuáles son las condiciones existentes en la institución para iniciar la aplicación de un programa preventivo institucional? Esta es la premisa de la objetividad, es decir, saber con qué y con quiénes contamos para empezar. Tendríamos que conocer y reconocer los momentos en que podemos iniciar el trabajo, los grupos institucionales que estarían en mejores condiciones para emprender el trabajo, el nivel de preparación técnico-profesional con que se cuenta para ejecutar  las acciones, etc.

3. ¿Cuáles son las particularidades que distinguirían el tipo y el modo de realizar la prevención institucional en la institución de salud de que se trate? Esta es la premisa de la especificidad. Debemos tener una precaución importante: la idea no es comenzar a realizar programas nacionales de prevención para  las instituciones de salud, la idea es que cada institución de salud tiene que, luego de reconocer la importancia de este problema y estar dispuesta a asumirla, estudiar las particularidades de sus indicadores de “insalubridad institucional” y realizar programas específicos para la situación que presenten, pues de lo contrario caeríamos en “peligrosas globalizaciones”, o como decimos en nuestro popular modo de hablar, caeríamos en la “infladera de globos”.

Luego cada especialidad tendría que ir definiendo sin competitividad el rol por asumir. Sabemos que cuando de ideas nuevas se trata, la discusión por la hegemonía es el principal amigo para que un proyecto fracase. El grupo de especialistas que se dediquen a este trabajo en una institución de salud deben hacerlo en un clima de cooperación, de mutuo respeto profesional, de tolerancia e integración. Si esta condición no se cumple, lo ideal sería que no se dedicaran a ello, pues los resultados serían más insalubres para la institución.

Para la psicología, la prevención institucional constituye también un reto epistemológico, toda una tarea perspectiva. Pudiéramos plantearnos como tesis iniciales de discusión y análisis las siguientes:

1. El principal nivel de actuación del profesional de la psicología estaría implicado en las acciones encaminadas al logro de una subjetividad institucional sana. El nivel de las acciones encaminadas a garantizar las condiciones objetivas que favorecen y sostienen la subjetividad de la institución, sería para nosotros un nivel de referencia para la comprensión de los fenómenos que a nivel subjetivo aparecen, y un nivel donde podríamos sugerir y aportar, pero no intervenir.

2. Metodológicamente, las concepciones sobre lo grupal y lo institucional son un referente imprescindible en el abordaje de este tipo de prácticas por parte de la psicología. Las concepciones desarrolladas en el campo de la Psicología de la Salud en nuestro país y en las experiencias de Promoción y Educación para la Salud, son también referentes necesarios a tener en cuenta.

3. La observación, las entrevistas grupales, las encuestas, los grupos con diferentes modalidades técnicas, podrían ser, entre otras, algunas de las técnicas que pudieran utilizarse.

Teniendo en cuenta estas tesis iniciales, en el Servicio de Psicología del Hospital Clínico Quirúrgico de la Habana, Cuba, se iniciaron desde hace un tiempo la realización de toda una serie de acciones que en un futuro pudieran constituirse como un trabajo de prevención institucional. Algunas de estas experiencias han sido, por sólo citar algunos ejemplos:

- El trabajo grupal encaminado a la protección de la salud mental de los profesionales de la psicología del propio Servicio de Psicología, pues para ser consecuentes “empezamos por casa”.

- El estudio de la prevalencia del Síndrome de Burnout en el personal médico y de enfermería de la institución.

- La realización de trabajos colectivos con grupos multidisciplinarios y diversos grupos institucionales, ante demandas de situaciones estresantes o dificultades organizativas que repercuten en el estado emocional de este personal.

- El estudio de los niveles de satisfacción de los pacientes, familiares y trabajadores del centro.

- El estudio de las necesidades de información de los usuarios hospitalizados y propuesta de un Manual Informativo Educativo para los usuarios hospitalizados en el centro.

Andando iremos haciendo el camino. Pretendemos, con esta ponencia, invitarlos a reflexionar en esta propuesta de trabajo que pudiera convertirse en un área más del trabajo del profesional de la Psicología de la Salud en nuestro país.

Referencias

Bleger, J. (1985). Temas de Psicología. Sao Paulo. Martins Fontes.

Calviño, M. (1996). Creatividad y comunicación en la educación y promoción de salud. (Apuntes para una reflexión necesaria). Versión escrita y revisada de la Conferencia pronunciada por el Prof. M. Calviño en el XI Taller Internacional de Comunicación Social en Salud. Organizado por la Organización Panamericana de la Salud, el Ministerio de Salud Pública y el Centro Nacional de Promoción y Educación para la Salud. La Habana, Cuba.

Johnson, A.; Baum, F. (2001). Health Promotion International, Vol. 16, No. 3, 281-287, September. Oxford University Press.

OPS. (1992). Manual de Comunicación Social para programas de salud. Programa de Promoción de la Salud (HPA). Washington D. C. Mayo.

Ottawa Charter for Health Promotion. (1986).  Health Promotion, 1, de este tipo de prácticas iii, v.

The Budapest Declaration on Health Promoting Hospitals. (1991). (Activo, septiembre 2001)  (www.univie.ac.at/hph/conferences.html).

The Vienna Recommendations on Health Promoting Hospitals. (1997). (Activo, septiembre 2001)   (www.univie.ac.at/hph/conferences.html).

Zas, B. (1996). La Psicología en las instituciones  y la Psicología de las instituciones. Ponencia presentada en las Primeras Jornadas de Psicología del Hospital Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras.


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    Para citar este artículo:
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    Zas, B. (2006, 25 de febrero ).Prevención en Instituciones de Salud: Una tarea necesaria. PsicoPediaHoy, 8(1). Disponible en: http://psicopediahoy.com/prevencion-instituciones-de-salud/
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3 Comentarios a: Prevención en Instituciones de Salud: Una tarea necesaria

  1. Luz Stella dice:

    Me parece un gran artículo. Estoy elaborando un proyecto para el CAMU de mi municipio y encuentro en este artículo todo el sustento teórico que necesito. Muchas gracias.

  2. zoila dice:

    Me parece de suma importancia este artículo ya que hace hincapié en que las instituciones de salud deben poner el ejemplo de salud. “Empezar desde casa”. Gracias.

  3. llamal rodrigo dice:

    convencido que los problemas nuestros son eso NUESTROS,y que es hora de asumirlos como tal, a buena hora se resalta el compromiso que deben asumir todas las instituciones en la búsqueda de las soluciones a nuestros problemas, si yo como institución privada doy el primer paso sin esperar la iniciativa de los demás, estaré avanzando en la realización de las metas propuestas, así despertar de esa inercia social que por siglos nos ha dominado, si conceptuamos igual todos estaremos dando pasos agigantados, nuevamente felicitarla y ojala todos las instituciones asuman la problemática como suyas. SENTIDO DE PERTENENCIA.

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