Recursos de Psicología y Educación

Dos elementos esenciales del psicoanálisis: el inconsciente y el narcisismo

Publicado: Mar 4, 10 │ Categorías: Artículos1 Comentario
  • Pastor Hernández Madrigal
    Universidad Mesoamericana
    San Luís de Potosí, México



Se analiza y ejemplifica la existencia del inconsciente y los orígenes del narcisismo. Hace un recorrido del estadio del espejo y su relación con el narcisismo, tratando de entender la relación de éstos fenómenos en la estructuración temprana del psiquismo.

Sobre el inconsciente

Todo lo reprimido tiene que permanecer inconsciente… lo reprimido es una parte de lo inconsciente”
Freud, XIV:161

Hablar del Inconsciente  me remite a pensar que, desde el nacimiento hasta la muerte, se tiene una vida mental e interior que es dinámica, con fuerzas psíquicas que están en constante movimiento y que intentan salir hacia fuera, proyectándose en la vida de cada día. Nuestro comportamiento, claro está, como seres humanos, es condicionado por experiencias, motivaciones y miedos que no siempre conocemos, ni controlamos, en ese sentido:

“Hay cosas que se olvidan precisamente para conservarlas de por vida”.

Y desde allí, desde ese lugar de  saber, construido con olvidos, gobiernan parte de nuestras vidas. A ese lugar Freud lo llama inconsciente, memoria de nuestra satisfacción libidinal que puede retornar en el síntoma. Desde el principio hasta el final de su elaboración teórica Freud concibe el síntoma como una solución de compromiso entre una fuerza que exige satisfacción y otra que se opone. Por eso no es tan fácil que los síntomas por los que una persona consulta a un analista, desaparezcan porque están formando parte de su economía libidinal.

El inconsciente no es un baúl de recuerdos de hechos y sensaciones vividas y olvidadas, sino que es un conjunto de fuerzas dinámicas que directa o indirectamente dirigen nuestro comportamiento. En el mundo interno de la persona existen pulsiones y fuerzas dinámicas desconocidas, así como emociones y sentimientos que fueron rechazados al inconsciente sin que la persona tuviera conocimiento de ello.

Reconocer y aceptar la existencia del inconsciente, y que éste condiciona nuestra conducta y forma de pensar, es una herida para el narcisismo humano que cree dominarlo todo. No todo nuestro actuar es objetivo, ni coherente, ni del todo razonable. Existen muchas decisiones y formas de actuar que son incomprensibles, como la manifestación externa de un mundo interior desconocido que está siempre activo y que no controlamos.

Pondremos unos ejemplos de situaciones que no tienen una explicación racional y lógica y que encuentran su razón de ser en el inconsciente:

– Tener lapsus, olvidos no deseados, totalmente involuntarios.

– Reaccionar de una manera violenta ante ciertas personas y situaciones, sin que se sepa por qué.

– Tropezar una y mil veces con la misma piedra, y no poder hacer nada para evitarlo.

– Tener miedos, temores irracionales y sin sentido, y no poder librarse de ellos: Miedo a viajar en avión, a los perros, a la oscuridad, a los espacios cerrados, etc.

– Creer que una persona es buena y todo lo hace bien, aunque mucha gente te demuestre lo contrario, o al revés, sientes una gran antipatía por una persona que no conoces.

– Ser muy sensible a cualquier broma o comentario, aunque sea sin mala intención.

El inconsciente siempre intenta liberar tensiones y buscar el máximo de satisfacción, sin tener en cuenta lo que está permitido personal y moralmente. Una persona puede comerse muchos dulces aunque sepa que le hacen daño.

No tiene en cuenta ni el tiempo ni el lugar. En los momentos más inesperados podemos tener sentimientos de ansiedad, de miedo o de celos; sin saber por qué, ni de dónde vienen. Uno de los ejemplos más claros son los sueños, donde se mezclan hechos y experiencias pasadas sin relación alguna entre ellos.

No hay principio de contradicción. Una persona puede amar y odiar a la vez a una misma cosa o persona; por ejemplo, admirar a una persona por su coraje y entrega a los demás y rechazarla por ser tímida y antipática.

En nuestro mundo inconsciente no existe la duda, y difícilmente se puede modificar con razonamientos objetivos aquello que internamente se vive como una gran certeza.

El inconsciente es indiferente a la realidad externa. Un ejemplo aproximativo sería distraerse y pensar en las vacaciones precisamente en el momento del trabajo.

En nuestro mundo interno hay muchas experiencias y afectos relacionados con hechos ocurridos hace tiempo, y que la persona no recuerda en absoluto. Pero, a pesar de ello, pueden aflorar repentinamente en la memoria sin que uno sepa cómo ni por qué.

Remitirnos al inconsciente, es ese saber, que Freud nos enseña que sólo puede darse de un modo indirecto, mediante los datos que suministran los sueños, los actos fallidos, los test proyectivos y sobre todo, la historia de síntomas neuróticos y psicóticos. El inconsciente, psíquicamente positivo, está en constante evolución y cargado de energía psíquica.

La existencia del inconsciente se puede establecer por el contenido y modo de actuar. Dentro de los contenidos se pueden encontrar los argumentos que el propio Freud describe en su escrito “Lo inconsciente” de 1915 que a continuación menciono:

– Una conciencia de la que su propio portador nada sabe es algo diverso de una conciencia ajena.

– El análisis apunta que los diversos procesos anímicos latentes que discernimos gozan de un alto grado de independencia recíproca, como si no tuvieran conexión alguna entre sí y nada supieran unos de otros.

– Por la investigación analítica llegamos a saber que una parte de estos procesos latentes poseen caracteres y peculiaridades que nos parecen extraños y aun increíbles, y contrarían directamente las propiedades de la conciencia que nos son familiares.

Entablar la existencia del inconsciente así como la percepción del mundo exterior kantiano, donde el sujeto cognoscente percibe esa realidad desde sus esquemas a priori, llega a la conclusión “Como lo físico, tampoco lo psíquico es necesariamente la realidad según se nos aparece. No obstante, nos dispondremos satisfechos a experimentar que la enmienda de la percepción interior no ofrece dificultades tan grandes como de la percepción exterior, y que el objeto interior es menos incognoscible que el mundo exterior” (Freud,XIV:167).

En términos generales, se puede afirmar que el Inconsciente (Icc):

Está constituido por contenidos reprimidos a los que ha sido rehusado el acceso al sistema Pcc-Cc por la acción de la represión.

– Sus contenidos son representantes de las pulsiones.

– Estos contenidos están regidos por los mecanismos específicos del proceso primario, la condensación y el desplazamiento.

– Son sometidos a las deformaciones por la censura

– Son especialmente los deseos infantiles los que experimentan una fijación en el inconsciente.

– Las representaciones inconscientes se hallan ordenadas en forma de fantasías, guiones imaginarios a los cuales se fija la pulsión y que pueden concebirse como verdaderas escenificaciones del deseo.

– El Icc es algo que se constituye.

– El núcleo del Icc consiste en agencias representantes de pulsión que quieren descargar su investidura, por tanto, en mociones de deseo.

– Los procesos del sistema Icc son atemporales y tienen sustitución de la realidad exterior por la psíquica.

La atemporalidad del inconsciente es una de las características más conocidas de la metapsicología freudiana. Este funcionar ajeno a la temporalidad ha encontrado entre los psicoanalistas una de las más tranquilas aceptaciones y concordancias respecto a su objeto de estudio. Aunque con ello todo lo que se quiera decir no es sino que las reminiscencias de las que sufre el neurótico no son desgastadas por el paso del tiempo y estas son consideradas como actuales y vigentes.

De los orígenes del narcisismo

Hablar de narcisismo nos remite a lo que Freud nos dice “es aquella conducta por la cual un individuo da a su cuerpo propio un trato parecido al que daría al cuerpo de un objeto sexual; vale decir, lo mira con complacencia sexual, lo acaricia y lo mima, hasta que gracias a estos manejos alcanza la satisfacción plena” (Freud: XIV: 71) es necesario pensar que nuestro propio cuerpo es objeto de satisfacción y también que “el complemento libidinoso del egoísmo inherente a la pulsión de autoconservación, de la que justificadamente se atribuye una dosis a todo ser vivo” (Freud, XIV:71-72).

Teniendo en cuenta el párrafo anterior, habría que plantearse ¿Cuál es la importancia del origen del narcicismo en todo ser humano? Y, además, ¿cómo contribuye en la formación de nuestra vida psíquica? En este sentido, cabe aclarar que este ejercicio de reflexión lo elaboro a partir del análisis sobre la importancia de la relación dual madre-hijo en las primeras vivencias del infante y su impacto en la formación psíquica del individuo, es importante recalcar que el primer año de vida es fundamental para la estructuración psíquicamente sana en la vida del sujeto, dentro del parámetro de la “normalidad”.

Escogí este tema  porque fue de los retos personales para entender el artículo de Lacan en “El estadio del espejo como formador de la función del Yo (Je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica“, para iniciar retomaré el análisis de la palabra imagen según Françoise Dolto, que nos dice:

La noción de la palabra imagen es un juego de palabras divididas en tres partes:

– La I de Identidad,

– La ma de mamá, cuyo representación es significativa en la estructuración de la imagen del infante.

– Gen, que tiene un significado de tierra, como la base incluso del cuerpo (Je) Yo, pronombre personal de la primera persona singular.

Puntualizar el concepto de imagen, nos permite entender que la identidad del sujeto está determinada por las primeras relaciones con la madre en la construcción de su esquema corporal y en la estructuración de su Yo.

Lacan interpreta que el Yo está ligado a la imagen del propio cuerpo. El niño ve su imagen total reflejada en el espejo, pero hay una discordancia entre esta visión global de la forma de su cuerpo, que precipita la formación del yo, y el estado de dependencia y de impotencia motriz en que se encuentra en realidad.

Bajo esta perspectiva, el Yo se forma por la imagen del otro, en realidad, el otro representa un espejo. El estadío del espejo está ubicado en el nacimiento del mismo Yo. Es en la imagen del otro, entonces, donde el niño se va a reconocer, donde va a percibir su propio deseo. El Yo tiene su origen en el espejo, el otro es un espejo, lo que sostiene el narcicismo es el orden del lenguaje, orden simbólico al organizar una mediación entre el yo y el semejante. La imagen del cuerpo representa el primer lugar de los significantes, y sobre todo de los significantes de la madre.

¿Cuál es la relación de la imagen del espejo con el narcisismo?

Se entiende que el narcisismo primario significa un amor, a la díada y en la díada, o sea un amor a un estado todavía no individual del que puede nacer el yo ulterior, representa un espacio de omnipotencia que se crea en la confluencia del narcisismo naciente del niño y el narcisismo renaciente de los padres.

En la simbiosis que se produce con la díada madre-hijo, el niño no puede sentir ni experimentar ningún amor activo: El niño es objeto de amor, y todos los sentimientos placenteros que necesita se los procura la madre. El niño aprende, sin saberlo, a relacionarse con una persona. El neonato es directamente receptivo a las intensas vivencias de la madre.

Es decir, el narcisismo se juega desde el ideal del Yo de los padres, es una depositación de los padres, significa el renacimiento y reproducción del narcisismo de los padres, en el narcisismo primario es la capacidad de investir al bebé, en la mirada, es cuando el bebé ve a su madre, ve dos cosas, las pupilas de su madre y a su madre mirándolo. El bebé va a adquirir la capacidad de representarse a su madre también a través de los intercambios afectivos que comparte con ella, en ese diálogo sincronizado y armonizado que marca el baño de afectos en el que viven los dos participantes en numerosos diálogos de mímicas, de sonidos y verbales, así el bebé anticipa las conductas maternales.

Margaret Mahler nos señalará que el nacimiento psicológico del individuo en el proceso de separación-individuación: el establecimiento de un sentimiento de separación respecto de un mundo de realidad, y de una relación con él, particularmente con respecto a las experiencias del propio cuerpo y al principal representante del mundo tal como el infante lo experimenta, el objeto primario de amor. Bajo esta perspectiva, describe a la simbiosis como la condición de total interdependencia del niño y su madre, quien actúa como protectora, ya que el niño carece de la capacidad para autopreservarse, hay una completa fusión entre el niño y su madre.

Se reconoce que la exclusividad de la relación madre-hijo es propio de los primeros meses de la vida del niño, el rostro del niño es ante todo, el rostro de ella, se puede afirmar que la imagen del espejo se construye en relación estrecha con el narcisismo primario, completamente inconsciente, la imagen especular se constituye en la dialéctica con los otros, ahí se fabrica al interiorizar a los otros. El destino reservado a los niños depende de la actitud de los adultos, en especial de la madre.

Entonces, podemos señalar principalmente dos fases del narcisismo, el narcicismo primario, en donde existe la ilusión de que madre e hijo son uno mismo, en esa relación diádica y en esa representación renaciente el narcisismo de los padres, en donde se concibe que la maternidad corre por el cuerpo, en donde la función de la madre es de muerte (Freud), es enfrentar su conflicto edípico, en la identificación con su propia madre. En donde el bebé con la mirada de la madre se ve a sí mismo, y esto le permite poderse representar en una imagen corporal, en la medida que se le reconoce como sujeto, en donde la mirada de la madre en el hijo, le da otro lugar, esa carga libidinal, de investir al bebé en la mirada.

El narcisismo secundario, que corresponde al narcisismo del Yo, es preciso que se produzca un movimiento por el cual el investimiento de los objetos retorna e inviste al Yo. Se define como el investimiento libidinal de la imagen del Yo, estando esta imagen constituida por las identificaciones del Yo a las imágenes de los objetos, esa carga libidinal inviste al Yo del bebé.

Cuando el narcisismo está mal amarrado al cuerpo, es decir, si la imagen de base por medio de la cual el sujeto se prende a su Yo es frágil, entonces surge la amenaza propia del estado fóbico, entonces la fobia es la amenaza de disociación que pesa sobre la imagen de base del cuerpo, o en su caso, la psicosis como el conjunto de procesos defensivos que intentan evitar el sufrimiento del grave peligro que significaría la pérdida del nexo entre la “Imagen y el Cuerpo”, existe el riesgo de la disociación. Para Melaine Klein, en cambio, la estructura fóbica arraiga y deriva de mecanismos primitivos esquizoparanoides.

La relación entre el esquema corporal y la imagen del cuerpo está constituida por gran cantidad de intrincaciones pulsionales. El niño por medio de su vocabulario entra en la cultura, será comprendido por los otros y tendrá constantemente una imagen inconsciente del cuerpo espacio-temporalizada en la relación con la madre. La imagen es eso. La imagen del cuerpo es una palabra introducida en el código de la imagen inconsciente del cuerpo del niño. Decodificar la imagen del cuerpo exige estar de acuerdo con el otro.

Volver al cuestionamiento principal sobre el estadio del espejo como formador de la función del Yo, cuando el bebé en un estado de impotencia e incoordinación motriz, anticipa imaginariamente la aprehensión y dominio de su unidad corporal. Esta unificación imaginaria se efectúa por identificación por la imagen del otro como forma total, se ilustra y se actualiza por la experiencia concreta en que el niño percibe su propia imagen en un espejo.

En Lacan existe el predominio de la relación con la imagen del semejante, la idea de que el yo del pequeño ser humano, debido particularmente a su prematuridad biológica, se constituye a partir de la imagen de su semejante. Esta imagen es prototipo inconsciente de personajes que orienta electivamente la forma en que el sujeto aprehende a los demás, se elabora a partir de las primeras relaciones intersubjetivas reales y fantaseadas con el ambiente familiar, esa imagen es sustrato relacional del lenguaje, es decir:

– El Yo se forma por la imagen del otro

– Está ligado a la imagen del propio cuerpo

– El Yo tiene su origen en el espejo

– El Otro es un espejo

– Lo que sostiene el narcisismo es el orden del lenguaje, orden simbólico, al organizar una mediación entre el Yo y el semejante.

– Cuando el bebé al identificarse con una imagen que no es él, termina por reconocerse, por captar la forma global (la gestalt) de su cuerpo propio, en el estado de una imagen exterior de su cuerpo, integrar su imagen a su cuerpo propio es, pues, decisivo para la constitución del sujeto.

– El cuerpo humano no preexiste al lenguaje sino, justamente, que es humano porque es cuerpo de lenguaje.

– El estadio del espejo es el articulador de lo Real con lo Imaginario y lo Simbólico.

En este recorrido acerca del estadio del espejo y su relación con el narcisismo, he tratado de entender la relación dialéctica de éstos fenómenos en la estructuración temprana del psiquismo y así entender el proceso de desarrollo de la edad temprana, principalmente en ese primer año de vida, es reiterativo decir, que esa relación diádica, ese investidura libidinal de la madre hacia el hijo, la intervención del otro,  que la mirada del otro, confirma la imagen que el niño reconoce como propia, lo que permite que la imagen sea vista es sólo su presencia. Cuando esa mirada se le dé un cuerpo, el mundo aparecerá en relación figura-fondo con ese cuerpo, será provocador de la mirada y la mirada se extrañará, se hará extraña en él. El cuerpo es entonces un montaje que sostiene la mirada, montaje de realidad imaginaria y Real del cuerpo.

Referencias

Caruso, Igor (2000). Narcisismo y socialización. Fundamentos psicogenéticos de la conducta social. México, Siglo XXI ed.

Chbani, H. y  Manuel Pérez Sánchez (1998), Lo cotidiano y lo inconsciente. Paidós.

Dolto, Francoise y Juan David Nasio (1992). El niño del espejo.  El trabajo
Psicoterapéutico. España. Ed. Gedisa.

Dolto, Francoise (1991). La causa de los niños. México. Ed. Paidós.

Dolto, Francoise (1987). Seminario de psicoanálisis de niños. México, Siglo XXI.
Freud, Sigmund.

(1912) Nota sobre el concepto de lo Inconciente en Psicoanálisis.Tomo XII.
(1914), Introducción al Narcisismo, Buenos Aires, Amorrortu
(1915) Lo inconciente. Tomo XIV.
(1923) Conciencia e inconciente en El Yo y el ello. Tomo XIX., Amorrortu ed., Buenos Aires.

Lacan, Jacques (1994). Escritos 1. México, Siglo XXI, ed.

Laplanche, Jean y Jean-Bertrand Pontalis (1996). Diccionario de Psicoanálisis. España. Ed. Paidós.

Lebovici, Serge (1998). El lactante, su madre y el psicoanálista. Las interacciones precoses. Buenos Aires. Ed. Amorrortu.

Nasio, Juan David (1990). Enseñanza de 7 conceptos cruciales del Psicoanálisis. Argentina, Ed. Gedisa.

Nasio, Juan David (2000) Cómo trabaja un psicoanalista. Paidós, Buenos Aires.

Rodulfo, Ricardo (199). El niño y el significante. Argentina, Ed. Paidós.


  • ___________________________________________________
    Para citar este artículo:
    --------------------------------
    Hernández, P. (2010, 4 de marzo ). Dos elementos esenciales del psicoanálisis: el inconsciente y el narcisismo. PsicoPediaHoy, 12(2). Disponible en: http://psicopediahoy.com/psicoanalisis-inconsciente-narcisismo/
    ____________________________________________________

Un Comentario a Dos elementos esenciales del psicoanálisis: el inconsciente y el narcisismo

  1. jorge luis dice:

    Muy buenas las valoraciones que ofrece, era lo que realmente estaba buscando para mi estudio e investigación, excelentes apreciaciones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *