Recursos de Psicología y Educación

Psicología Amental: ¿Es posible naturalizar nuestra ciencia?

Publicado: Oct 19, 09 │ Categorías: Artículos1 Comentario
  • Felipe de Jesús Patrón Espinosa
    Centro de Estudios Superiores Justo Sierra O´reilly



El objetivo principal del artículo es retomar una postura teórica sobre el Interconductismo (concibe la Psicología como una ciencia natural, deslindada de conceptos de índole espiritual). Se propone una Psicología Amental (sin mente), reflexionando sobre la naturalización de nuestra ciencia.

RESUMEN

El siguiente artículo tiene como objetivo principal retomar una postura teórica a la cual no se le ha dado la importancia que merece dentro de diversos ámbitos de la Psicología; el Interconductismo propuesto por J. R. Kantor (1978) es un sistema teórico que concibe a la Psicología como una ciencia natural, para lo cual es necesario deslindarse de constructos hipotéticos o variables intercurrentes que hagan referencia a conceptos de índole espiritual como sensación, cognición o mente. Partiendo de lo anterior, se propone una Psicología Amental (sin mente), reflexionando sobre la naturalización de nuestra ciencia.

Palabras clave: Psicología amental, interconductismo.

A pesar de que son muchas las diferencias que dividen a las múltiples orientaciones teóricas en psicología, a lo largo de este análisis se toma como punto diferencial la visión que se tiene con respecto al papel que juega la mente (así como todos los constructos hipotéticos que puedan hacer referencia a un nivel espiritual) en la explicación y estudio del comportamiento. Con respecto a esta directriz, es posible remontarse varios siglos y localizar un debate que ha perdurado hasta los días de hoy dentro de las diversas disciplinas que intenta estudiar el comportamiento, el dualismo monismo (Hothersall, 2005).

Este debate ha tenido grandes filósofos precursores como René Descartes (1637) para el dualismo cartesiano, con la propuesta de la mente como una entidad externa al cuerpo, siendo la primera la que controla al segundo, regida por leyes no naturales y caprichosas; dicha postura es la esencia de la conocida metáfora del fantasma (mente) en la máquina (cuerpo). Por el otro lado, el monismo ha contado con precursores como Julien de la Mettrie (1927), explicando el comportamiento replicando al dualismo de Descartes, “ese fantasma no existe, el hombre es sólo máquina”.

En el campo de la psicología y en dirección a la orientación de este trabajo basado en el interconductismo de Kantor (1978), el momento que se toma como el inicio de este debate es la propuesta realizada por Watson (1945), al diferenciar una nueva psicología que no tome como objeto de estudio a la mente y, de esta manera, separar al conductismo del resto de la psicología tradicional.

Tomando en cuenta que entre el debate dualismo-monismo la Psicología Amental se localiza en el extremo del monismo, concordando con Julien de la Mettrie y Watson, es posible definir el concepto Amental según sus raíces etimológicas. De esta manera, el prefijo “A” se puede tomar como “sin” o como la privación de lo indicado en base; en este caso “mente”, es decir, una Psicología sin mente.

Probablemente, para algunos lectores sea ilógico o contradictorio el concepto, sin embargo, al analizar la evolución el concepto de psicología a lo largo de la historia de la misma, es evidente la necesidad de adaptar la definición al contexto y la época actual; así ha pasado de estudiar el alma, la mente, el cerebro o la conducta (Hothersall, 2005).

Al acercarse al interconductismo, Watson es un punto de referencia necesario pero no suficiente para explicar esta propuesta teórica. Como señala Kantor (1978), el conductismo clásico más que ser un inicio completamente nuevo, es más bien a un ajuste al dualismo utilizado en la psicología tradicional, pues a pesar de objetar el uso de constructos mentales, sus mismas facultades eran justificadas en constructos internos o fisiológicos.

La existencia de estas grandes diferencias a la hora de utilizar o no a la “mente” para explicar el comportamiento, entre orientaciones psicológicas que cuentan con una relación por lo menos histórica, como el conductismo clásico y el interconductismo, demuestra qué tan difícil es para el ser humano separarse del hábito de lo mental. Por otra parte, lo anterior puede tomarse como evidencia que justifique pensar que la mayoría de la psicología intenta y se aferra a estudiar la mente.

Son muchos los debates que existen dentro de la psicología como disciplina científica, por ejemplo: “Debido a la naturaleza de nuestra ciencia, ¿es más apropiado usar el método cualitativo, el cuantitativo o ambos de manera mezclada?” Entonces, el objetivo es encontrar el método más eficaz para estudiar la mente, pero ¿cuál sería el sentido de este debate si a final de cuentas el objeto de estudio se encuentra matizado con ascendencia espiritual?

Sin importar si la metodología de la investigación es cualitativa o cuantitativa, ni la orientación teórica (psicoanalítica, cognitiva, humanista, etc.), el objeto de estudio de la psicología tradicional es o se encuentra en la mente, por ejemplo: el inconsciente, esquemas cognitivos, autoestima, resiliencia, ello, yo, sensaciones, y posiblemente alma o espíritu.

En efecto, la última y más popular (por no decir comercial) definición de psicología es la siguiente: “Estudio científico del comportamiento y los procesos mentales” (APA, 2009; Papalia, 1988, p. 4), teniendo en cuenta tal premisa, no hay porque rechazar a esa “cosa” que le llamamos mente y su posible estudio científico. Por otra parte, es bien conocida, inclusive en contextos externos de nuestra disciplina, la raíz etimológica de la palabra psicología, la cual proviene de psyché (alma) y logos (estudio o tratado), es decir, estudio del alma.

Cuando un estudiante inicia el curso en psicología, es sencillo que acepte e inclusive apoye cabalmente que el hecho de estudiar el alma o creer en su existencia no es un asunto científico, inclusive no tendría porque estudiarla pues caeríamos en muchos falsos problemas, además, históricamente el alma es más antigua que el proceso científico, lo que nos dice que su existencia y persistencia es independiente la una de la otra.

Existen miles de argumentos para refutar la existencia del alma, como por ejemplo, su origen religioso, toda la evidencia que existe y se sigue acumulando del debate evolución-creacionismo, etc. Lo importante es, si el alma no se encuentra dentro de los alcances del estudio científico, por lo tanto, la psicología como ciencia debería actuar coherentemente y aceptar, quizá no su existencia, pero sí la “incapacidad” del método científico para estudiarla, debido a la falta de interés que éste presenta por los falsos problemas.

En este momento es necesario recalcar que lo anterior hace referencia al estudio de la mente como entidad “real e independiente”, pues el estudio del “alma” como fenómeno lingüístico-cultural es posible, pero probablemente éste sea un tema más adecuado para ciencias con mayor interés por los grupos y la cultura como la antropología.

La solución al problema etimológico se presenta 1843 con John Stuart Mill en su obra Sistema de Lógica al definir a la psicología como “la ciencia de las leyes mentales” (en Hothersall, 2005, p. 62), definición que en la actualidad se puede tomar como válida.

De esta manera, al analizar históricamente la palabra psicología, es notable que la misma ya existía como disciplina mucho antes de que la psicología “científica” se dé a conocer con Wundt. Algo que hace muy evidente lo anterior es que la primera revista que editó Wundt tuvo que llevar por nombre Philosophische Studien (Estudios Filosóficos), pues antes ya existía otra revista que con el nombre Estudios Psicológicos donde se abordaban temas psíquicos como la clarividencia, telepatía y percepción extrasensorial, y el padre de la psicología no deseaba que su “ciencia” se confunda con charlatanería (Hothersall, 2005).

Por un lado se encuentra la religión con su ideología espiritual, y por otro lado tenemos a la ciencia intentando estudiar la mente, casi de manera obstinada, pero ¿existe un puente entre estas dos posturas? Sí, en el desarrollo de la ciencia a través de la historia podemos observar que hay un debate entre dos puntos de vista diferentes, que para su análisis y con temor a caer en un explicación simplista, son los siguientes: los autores que consideran al ser humano como el centro del universo y los que creen que el ser humano es producto de las leyes naturales del universo, podríamos llamarles egocentristas y heliocentristas (sin afán de confundir, los términos se basan del debate Copérnico-Tolomeo).

Las diferencias inician desde Hipócrates al proponer que toda enfermedad se basa en leyes naturales, en oposición a los médicos sacerdotes que en su época curaban por medio de los dioses. A partir de esto, inicia un desarrollo en el pensamiento, que a pesar de contar con muchos fundamentos espirituales, se podrían considerar un avance con respecto a atribuir importancia a la naturaleza.

Posiblemente el mayor avance dentro de la filosofía con respecto al alma, se podría ver con Aristóteles, que pesar de estudiarla, su definición es muy diferente a la actual, desde su conceptualización el alma se podría entender como la interacción de un cuerpo con vida con otros cuerpos (Ribes, 1990), es claro que para Aristóteles el alma no es una entidad externa o independiente del cuerpo.

Un suceso que marca históricamente la manera en la que se conceptualiza el alma, se da con el “nacimiento de Cristo”, si analizamos la historia, cinco siglos después de surgimiento del cristianismo y después de que llegara al imperio romano, se presenta la edad media caracterizada por un declive en la ciencia, el arte, educación, y sumergida en el misticismo y espiritualismo.

¿Por qué se menciona lo anterior? Para nuestro interés, que es analizar qué papel juega la mente en la psicología, es necesario saber como la visión cristiana del alma afectó las creencias y el lenguaje de gran parte del mundo.

Como ya había mencionado antes, en Grecia, los filósofos avanzaban por descentralizar la atención en el ser humano para atribuir causas a las leyes naturales, cuando llega el cristianismo todo lo que se había logrado avanzar se retrocede al centrar de nuevo nuestra mirada al interior del ser humano, el alma.

Otro error al que se cae gracias al cristianismo es el cambiar la concepción de alma, según Aristóteles, pues, desde la religión, el alma es un entidad no sólo existente sino que es inmutable, incluso es lo que nos hace seres humanos y seres bondadosos, por lo tanto, el alma es mil veces más importante que el cuerpo, es la que nos da la esencia como humanos e inclusive pensar en su inexistencia es algo inconcebible. De manera similar ocurre cuando se ha tratado de debatir la importancia de la mente en la historia de la psicología, pues rápidamente han surgido posturas contrarias que llegan al extremo de las bromas, como por ejemplo, cuando Watson presentó el manifiesto conductista, la respuesta fue: “si la psicología perdió el alma con Darwin, ahora perdería la razón con Watson” (Hothersall, 2005).

Dentro de la tradición religiosa, al dividir el alma del cuerpo se le da paso a que Descartes proponga el dualismo cartesiano, el cual, como se mencionó anteriormente sigue vigente en gran mayoría de la psicología contemporánea, esto inclusive en las neurociencias, por ejemplo, en esta última es común ver que algún proceso mental como el control de impulsos se localice en el cerebro, el lóbulo prefrontal, pues Descartes usó el mismo proceso hace mucho tiempo al localizar la mente en la glándula pineal. A pesar de que el simple hecho de que Descartes haya utilizado en su época el mismo proceso que se utiliza actualmente para validar constructos mentales en instancias fisiológicas, no sea suficiente para decir que se comete un error al hacerlo, existen muchas otras críticas al respecto, como por ejemplo, al inferir una relación causal entre un comportamiento complejo y un área específica del cerebro se cae en una explicación reduccionista, además de que el debate a nivel neurológico entre el holismo y el localizacionismo no es del todo claro aún (Gardner, 1987).

Entonces, al puntualizar la visión en la mente (alma), cada vez se limitan las posibilidades de campo de estudio al ser humano como centro del universo, y se pierde de vista las leyes naturales.

Este debate es tan conocido y bien representado como evolucionismo versus creacionismo, Copérnico versus Tolomeo, Rogers versus Skinner, etc. Pues en todos estos hay un lado que centra todo en el ser humano, “el universo se creó para el ser humano”, “el ser humano es el centro del universo”, “el ser humano y su interior es lo más importante”, y un lado que se preocupa por el estudio del universo (naturaleza). La psicología actual sigue el modelo egocentrista, estudiar al ser humano, o específicamente el interior del ser humano, de aquí no es difícil pasar al estudio del alma (mente). De esta situación no se descartan ni los conductistas (con algunas excepciones). Como se mencionó anteriormente, el conductismo clásico tiene muchas diferencias con el interconductismo, sin embargo, incluso algunos de los que se les podría considerar neoconductistas de igual manera caen en un dualismo cartesiano, por ejemplo, el conductismo propositivo de Tolman.

Si los constructos mentales tienen una relación histórica con el alma, no es raro que muchos autores la cataloguen como un mito (Ryle, 2005), por otro lado, con estas bases, tampoco es raro que no exista una coherencia en el objeto de estudio de las distintas orientaciones teóricas en psicología.

La solución, y todo un análisis conceptual bastante detallado lo propuso Kantor (1978) con su psicología interconductual, la cual es una manera completamente diferente de estudiar el comportamiento. En realidad, más que ser una orientación teórica, es un metasistema que intenta integrar dentro de un modelo naturista (sin el uso de constructos espirituales) los avances que se han alcanzado, pero se encuentran de desorganizados, por medio la psicología tradicional.

Si el objeto de estudio de la psicología no es la mente, ¿Cuál podría ser?

Para los conductistas clásicos, el objeto de estudio para la psicología debería de ser la conducta, la cual se concibe como un relejo meramente biológico, una respuesta o la modificación de una variable (dependiente) debido a la manipulación de una variable antecedente (independiente) (Ribes, 1985). Por el contrario, Kantor (1978, p.91) propone a la interconducta como objeto de estudio y la define como “la interacción de organismos con objetos, eventos u otros organismos, así como con sus cualidades y relaciones específicas”.

Entonces, la conceptualización interconducta, brinda la oportunidad de estudiar los eventos psicológicos sin la necesidad de caer en constructos espirituales; para lograr este objetivo Kantor (1975) señala que la vida conductual es absolutamente continua mientras el organismo se encuentre vivo. No hay un solo momento en el que el organismo no esté interactuando con objetos. Debido a esto y a que en la ciencia en necesario aislar las unidades que se disponen observar, Kantor concibe el “segmento conductual”, él cual se entiende como un corte de la línea que podría representar la vida conductual de un organismo. Este segmento, representa una de las unidades más simples de un evento interactivo, pues consiste de un estímulo sencillo y una respuesta correlacionada.

Tanto el estímulo como la respuesta son factores recíprocos, el primero afecta al segundo y viceversa, ambos son interdependientes desde el momento en el que son considerados interconducta. De esta manera, el segmento conductual o psicológico queda representado por la siguiente fórmula (Kantor, 1975):

Los elementos que componen el evento psicológico (EP), y que por lo tanto son los necesarios para el estudio del mismo, se representan en la siguiente fórmula (Kantor, 1978):

La fórmula se lee de la siguiente manera:

– Función de respuesta (fr). Actividad del organismo, por ejemplo, referirse hacia un objeto como casa o dar un golpe durante un combate de boxeo.

– Función de estímulo (fe). Acción u operación ejecutada por el objeto con respecto al organismo con el interactúa, por ejemplo, en el combate de boxeo es la estimulación que el primer boxeador recibe al percibir que su contrincante baja la guardia.

– Historia interconductual (hi). En ésta se generan las funciones de estímulo y de respuesta y hace referencia a la serie de contactos anteriores que ha tenido el organismo con los objetos.

– Factor disposicional (ed). Circunstancias inmediatas que influyen en la fe-fr particular que ocurrirá, por ejemplo, el hecho de que el primer boxeador golpee con la mano derecha o la izquierda cuando el contrincante baja la guardia, puede depender de la presencia de los jueces que atribuyen más o menos puntos si consigue el KO.

– Medio de contacto (md). En el combate de box es necesaria luz para ver al contrincante, entonces ésta se toma como el medio de la interconducta.

– Unicidad de los campos interconductuales (k).

– El campo consiste en un completo sistema de factores en interacción (C).

De esta manera, la psicología que propone Kantor como ciencia natural, se refiere a una disciplina ubicada en un continuo de las demás ciencias que estudian los fenómenos naturales e intentan descubrir las leyes que subyacen a ellos, tomando en cuenta que los eventos psicológicos forman parte del mundo y las leyes naturales y no del espiritismo.

Conclusiones

Es difícil dejar malos hábitos, en especial si durante mucho tiempo se ignoró que estos no eran adecuados o productivos para nuestro propósito (la ciencia). Asimismo, si el uso de los malos hábitos está cargado culturalmente de un significado “esencial” para la existencia y distinción del ser humano, será aún más difícil dejar de presentarlos por las pérdidas que esto conlleva.

Al hablar de constructos espirituales, será difícil dejar de usarlos tanto en el ámbito científico como en el sentido común, sin embargo, en el primero el uso de estos malos hábitos tiene repercusiones más negativas.

La concepción que Kantor propone de la psicología nos lleva al desuso de constructos espirituales, pero como se mencionó anteriormente este camino es difícil de andar. La visión de Kantor es extraordinaria, en el sentido de que es muy diferente lo que se le podría llamar ordinario en la psicología o tradicional. Por este mismo distanciamiento de los supuestos que se toman como ciertos en la psicología, el interconductismo no ha sido del todo aceptado, más que en limitados contextos.

A pesar de que la psicología interconductual representa para muchos profesionales de nuestra ciencia un punto de vista contradictorio, mundano, posiblemente ilógico, inhumano o limitado, dentro de la psicología todas las corrientes teóricas existentes siempre han gozado de espacio y difusión, por lo tanto se considera que de la misma manera la propuesta de Kantor debería ser recordada, así como distinguida por los avances que ha propiciado, en especial en la psicología científica.

Referencias

American Psychological Association. (2009). Glossary. [en línea]. Recuperado el 27 de Junio de 2009 http://www.psychologymatters.org/glossary.html#p

Descartes, R. (1637/1994). Discourse on the method of conducting one´s reason well and of seeking the truth in the sciences. Heffernan, G. (Trans. Y Ed.). South Bend, IN: University of Notre Dame Press.

Gardner, H. (1987). Arte, mente y cerebro. Buenos Aires: Paidós.

Hothersall, D. (2005). Historia de la psicología. (4a ed.) México: McGraw-Hill.

Kantor, J. R. y Smith, N. W. (1975). The science of Psychology: an interbehavioral survey. Chicago: Principia Press.

Kantor, J.R. (1978). Psicología interconductual: Un ejemplo de construcción científica sistemática. México: Trillas.

La Mettrie, J. O. DE. (1927). L´Homme machine. Chicago: Open Court.

Papalia, (1988). Psicología. México: McGraw Hill.

Ribes, E. y López Valdez, F. (1985). Teoría de la conducta: un análisis de campo y paramétrico. México: Trillas.

Ribes, E. (1990). Psicología general. México: Trillas.

Ribes, E. (2004). ¿Es posible unificar los criterios sobre los que se concibe a la psicología? Suma psicológica, 11, p. 9 – 28.

Ryle, G. (2005). El concepto de lo mental. España: Paidós.

Watson, J. B. (1945). El conductismo. Buenos Aires: Paidós.

.


Tags: ,

  • ___________________________________________________
    Para citar este artículo:
    --------------------------------
    Patrón, F. J. (2009, 19 de octubre ). Psicología Amental: ¿Es posible naturalizar nuestra ciencia?. PsicoPediaHoy, 11(7). Disponible en: http://psicopediahoy.com/psicologia-amental/
    ____________________________________________________

Un Comentario a Psicología Amental: ¿Es posible naturalizar nuestra ciencia?

  1. Dr. Lescano dice:

    Es necesario definir con precisión los campos de acción entre lo espiritual y lo psicológico y en eso, la propuesta de Kantor es interesante y contundente, toda vez que ubica a la Psicología como una ciencia natural en la cual y para la cual, las cosas son claras, precisas y concretas.
    Es necesario también sacar a la ciencia psicológica de lo meramente interpretativo y, llevar su accionar a formas en que lo cuantitativo y lo cualitativo, lo objetivo y lo subjetivo se potencien y respalden. En ese sentido entonces podemos decir que la mejor forma de conocer y describir un hecho humano que requiere de la intervención psicológica es midiéndolo y definiéndolo cuantitativamente para, describirlo con propiedad y luego, darle la intervención psicológica correspondiente. La efectividad de la intervención, además de ser observable, debe ser medible para que lo observado adquiera fiabilidad y fidelidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *