Recursos de Psicología y Educación

La violencia: Aproximaciones biopsicológicas

Publicado: May 15, 09 │ Categorías: Artículos3 Comentarios
  • Augusto V. Ramírez
    Universidad Autónoma de Santo Domingo
    La Habana, Cuba



El autor realiza una aproximación biopsicológica a la violencia, inherente a la fisiología, historia y contexto sociocultural  de cada persona. Cualquier acto o manipulación sobre una persona o grupo para limitar o impedir la satisfacción de sus necesidades, es violencia.

RESUMEN

La violencia ejercida por el hombre es un tema  estudiado con frecuencia, este artículo es sólo un fragmento de un trabajo de investigación realizado por el autor y titulado Familia, Consumo y Sociedad. En su introducción se afirma que: “Ante un objeto de investigación  tan amplio y complejo, la ciencia no ha tenido otro camino, que descuartizar ese sistema, llamado hombre, y acotar campos y parcelar intentando conocer las partes para comprender el todo. Las ciencias particulares son eso: fragmentos de humanidad puestos bajo el microscopio de las especialidades.

Pero ninguna especialidad puede, a través de su parcela, conocer el todo. La generalización ha demostrado no ser un buen camino para comprender la función. Cualquier  sistema  es, infinitamente más complejo que sus partes y muy diferente a la suma de las mismas. Todos los fisiólogos saben esto y los  físicos también, pero a muchos sociólogos se les olvida”.

Reconociendo, así, la complejidad del ser humano en cada una de sus acciones, el autor realiza una aproximación biopsicológica a este concepto, inherente a la fisiología, historia y contexto sociocultural  de cada persona.

Esbozo histórico

Desde Aristóteles a la fecha, miles de autores han abordado el tema de la violencia, tanto en el plano ontológico como en la arena social. De la violencia como fardo a la violencia como derecho, las líneas argumentales han explorado muchos caminos y han arribado a múltiples conclusiones. Desde nuestro enfoque, toda fuerza o condición que impida, limite o distorsione la actividad de un organismo en pos de la satisfacción de sus necesidades, es violencia. Tanto en plano físico, como psicológico, cualquier acto o manipulación sobre una persona o un grupo para limitar o impedir la satisfacción de sus necesidades, es violencia.

Mientras la violencia  es individual  y esporádica  no altera los perfiles sociales ni alarma a nadie. Pero, cuando la violencia se hace endémica, todo el mundo se siente amenazado y la sociedad entra en crisis.

En 1908, al calor de la fracasada insurrección rusa de 1905, Georges Sorel, un teórico del Sindicalismo Revolucionario, publicó un libro que encendió la polémica en todo occidente. Reflexiones  sobre la violencia intentaba diferenciar entre la violencia del represor y la violencia del oprimido; justificando la violencia revolucionaria  del pueblo frente a la violencia represiva de los dominadores. Esta obra dio justificaciones al terrorismo anarquista  y convirtió la bomba  y los atentados en instrumentos válidos  de la emancipación proletaria. La “carnicería” de la Primera  Guerra Mundial demostró que, en nombre de la patria y la defensa nacional, podían asesinarse a miles de personas y,  además, ser condecorado  como un héroe. Los mismos que condenaron la obra de Sorel, por inmoral  y blasfema, aplaudieron la aventura bélica para apoyar los intereses de los grupos dominantes.

En 1947, recién terminada la Segunda Guerra Mundial, Aimë Cesair, un poeta martiniquence, diputado a la Asamblea Francesa, por el departamento de Martinica, dio lectura a un análisis de las causas históricas  del fascismo y de la Guerra. El discurso sobre el colonialismo no sólo conmovió a la Asamblea Francesa sino a todo el mundo progresista.

La tesis de Cesair  era, aparentemente simple, pero en realidad muy profunda. Pasando revista  a todas las masacres y genocidios del colonialismo, llevados a cabo por las potencias occidentales, contra  todos los pueblos y culturas no europeas. Concluía, que el horror y la indignación  de los Aliados, ante la barbarie alemana, era pura hipocresía. Todos esos horrores los había practicado Europa  para imponerles la dominación colonial a otros pueblos. Y solo cuando se vieron víctimas, cuando padecieron la barbarie en sus propias tierras, se cubrieron la cabeza de cenizas y denunciaron iracundos los crímenes de Alemania.

Para Aimë Cesair la barbarie nazi era sólo el bumerán de odio, que se volvía contra aquellos que, negando sus propios principios,  habían masacrado  pueblos y culturas en nombre de la civilización occidental. Según este poeta, la exportación de la barbarie,  corrompe,  irremediablemente, a sus autores.

A partir de la década de los cincuenta, el proceso de descolonización  se profundizó, entre otras razones,  porque la experiencia norteamericana en América Latina, había demostrado que era más rentable, dominar y explotar económicamente un pueblo, permitiéndoles una soberanía formal, que invadirlos colonialmente. Pero Francia, en Indochina  y Argelia, se negó a escuchar la voz de la historia,  empeñándose en una guerra  perdida de antemano.

Frank Fanom, un psicoanalista argelino, realizó el primer análisis psicosocial de los efectos de la colonización en la personalidad del colonizado.Los Condenados de la Tierra y Piel  Negra, Máscara Blanca (libros publicados en Cuba) son las primeras aproximaciones científico-humanísticas a las consecuencias de la dominación  político-cultural de un pueblo.

Pero la guerra de Argelia, en la cual Cuba hizo su debut internacionalista, puso sobre el terreno otra de las terribles consecuencias de la violencia colonial. La ferocidad de la represión francesa, con la tortura institucionalizada y los asesinatos y las desapariciones  como práctica cotidiana, tuvieron  la réplica brutal de los colonizados. El terrorismo argelino no se detuvo ante nada. Discotecas, hospitales, teatros, ómnibuses escolares. No había excepciones, ningún francés, ningún colabo-racionista  era respetado. París,  fue castigado, el terrorismo  argelino ensangrentó las plazas  y  las calles  de la Ciudad Luz. La consigna fue “mientras haya represión en Argelia los  franceses no podrán vivir tranquilos”. La brutalidad colonial desató la brutalidad de las víctimas. Francia perdió la guerra, pero Argelia no recuperó la paz.

Podrían citarse muchos ejemplos  que ratifican, una y otra vez, que la violencia sólo engendra violencia; que la barbarie, tarde o temprano, bestializa  a los agresores y deshumaniza a las víctimas. En estos momentos  en que la sociedad norteamericana tiembla de miedo y de rabia, y que toda Europa se siente vulnerable e insegura, es oportuno recordar que  la catástrofe del 11 de Septiembre no fue un rayo en un mar en calma. Y que el genocidio de los iraquíes es consecuencia de la descomposición social norteamericana y no un producto del 11 de Septiembre.

La ola de violencia  venía creciendo en todo el mundo desde el desmoronamiento de la Unión Soviética: masacres étnicas en África y los Balcanes; expediciones punitivas contra Somalia; terrorismo checheno en Moscú; bombardeos indiscriminados sobre las ciudades chechenas; guerra petrolera en el Golfo; bombardeos de castigo sobre Irak; agresión de la OTAN contra Yugoslavia. El genocidio norteamericano en Irak. Del millón setecientos mil  víctimas mortales de la violencia en  el año 2000 (según datos de la OMS), la mitad se debió a suicidios, una tercera parte a homicidios y sólo la quinta parte a conflictos armados. Esto nos indica que son la desesperación y la desesperanza engendradas por el sistema  la gran genocida.

Como marco interno de todas estas carnicerías internacionales, en cada sociedad occidental la violencia aumentaba en las calles y en los hogares. Los índices de criminalidad, delincuencia juvenil, abuso infantil y violencia doméstica superan todas las predicciones de la INTERPOL para Europa.

En Estados Unidos  la brutalidad policial  tuvo  su apoteosis  en la matanza de Wayco, Texas, donde el FBI, toma por asalto armado la sede de una secta religiosa norteamericana y asesina  a decenas de  personas, después de haber allanado el lugar. El bumerán no se hizo esperar.

Dos años después, en 1995, Timothy Mc Veeigh, un sargento condecorado en la Guerra  del Golfo,  atenta contra el edificio federal de Oklahoma City, donde mueren decenas de niños y cientos de personas. Ya detenido declara que la masacre realizada, era para castigar al gobierno por la matanza de Wayco. Antes de morir, por inyección letal, reitera que no se arrepiente de nada y que está satisfecho por haber realizado un acto de justicia.

Pero la violencia en Norteamérica  tiene expresiones mucho más aterradoras que los hechos de Wayco y  Oklahoma. Los casos de niños asesinos  venían sucediéndose, desde 1998, antes de culminar en la matanza de la secundaria Columbie, donde dos adolescentes planifican y ejecutan el ametrallamiento indiscriminado de sus compañeros. Niños asesinando a sus padres; niños matando a otros niños; madres matando a sus hijos, miles de criaturas muertas a consecuencia de golpes  propinados por sus padres. Llenando las salas de urgencia de los hospitales a todo lo largo y ancho del país, cientos de miles de mujeres y niños, son atendidos diariamente a consecuencia  de golpes y maltratos recibidos dentro sus propios hogares.

La violencia escolar obligó a las autoridades  a llenar de policías y detectores de metal todas las escuelas públicas de Estados Unidos. El consumo de drogas entre la población escolar ha impulsado la proliferación de pandillas de niños narcotraficantes que, en sus luchas territoriales, han convertido las calles y las plazas norteamericanas en lugares inseguros y peligrosos. Los índices de delincuencia y violencia juvenil han superado los tradicionales parámetros delictivos de este y otros países.

Frente a esta ola de violencia infantil, juvenil y familiar que viene creciendo desde hace veinticinco años  en las ciudades norteamericanas y Europeas, no agrega  mucho, que EU tenga los índices de homicidios, criminalidad, violencia y población penal más altos de planeta. Lo que nos obliga a pensar es el que, en la nación más opulenta de la tierra, la desintegración familiar, drogadicción y violencia hayan crecido, incesantemente, a medida que el país se hace  más y más rico y el mundo se hace más y más pobre. Esto debe ser explicado.

Hay  otras secuencias de hechos aterradores, casi subterráneos, que al desarrollarse fuera  de la atención de la media, sólo asoman a la  luz pública, de vez en cuando, en Asambleas y Foros Internacionales. El tráfico internacional de esclavos; la compra y el  secuestro creciente de niños en países pobres, para surtir la demanda de órganos en las metrópolis; el reclutamiento forzoso de niños para usarlos como combatientes en las guerras étnicas; el secuestro de mujeres para explotarlas sexualmente en los serrallos y prostíbulos del mundo. Sabemos que algunas de estas monstruosidades han ocurrido siempre, pero en los últimos veinte años estas prácticas se han hecho masivas y cotidianas.

Otro aspecto de la deshumanización global es la agudización de la miseria en toda la Tierra. Según las estadísticas de la ONU, a pesar de los esfuerzos realizados por los organismos internacionales  y las ONG en todo el mundo, mueren, diariamente, 50 mil niños menores de cinco años, por hambre o falta de asistencia médica. Sólo, el pensar que cada minuto mueren 34 niños, por culpa de la codicia de unos pocos, es algo, verdaderamente anonadante. Aproximadamente 1000 millones de personas agonizan con menos de un dólar diario. Una de cada ocho personas en el mundo, no puede obtener suficientes alimentos. Pero el proceso de globalización no sólo está depauperando a los países pobres. Treinta y cuatro millones de personas, en los países industrializados, pasan hambre. El desempleo, la inseguridad, la desnutrición y la falta de asistencia médica no sólo son endemias de los países subdesarrollados. Los cinturones de miseria y marginalidad crecen día a día en todas las ciudades de los países ricos de occidente.

Todas estas tristes realidades son expresiones del aumento incesante de la violencia. Porque esta miseria no se debe a catástrofes naturales, esta miseria es impuesta por las metrópolis que dirigen la economía mundial. Según la FAO, la sobre producción mundial de alimentos rebasa las necesidades alimentarias de toda la población del planeta. Si mil millones de persona pasan hambre, se debe, únicamente, a la criminal distribución impuesta por la violencia. La miseria mata más gentes que todas las guerras y todas las fuerzas represivas del mundo. La miseria es la gran corruptora, el gran tirano de la humanidad, y como todos los tiranos sólo se impone por la violencia.

Biología y agresividad    

La vieja polémica teórica sobre la naturaleza de la agresividad humana fue superada, en gran parte, por las investigaciones realizadas por varios antropólogos que, decidieron investigar sobre el terreno, el comportamiento  humano, en vez de seguir elucubrando  sobre la naturaleza biológica o reactiva de la agresividad.

Estas investigaciones señalaron la  íntima relación entre el tipo de cultura  y los niveles de agresividad del grupo. Todos los antropoides tienen patrones de reacción agresivos que se ponen en marcha cuando el animal se siente amenazado. Los gorilas riñen entre sí por la jefatura del grupo, pero estas riñas no ocasionan, casi nunca, la muerte del adversario. La agresividad homicida sólo es usada contra agresores de otra especie. El  único animal que asesina a su propia especie es el hombre: Homus lupus homini,  afirma el proverbio latino.

Es evidente que la agresividad está inscripta en la naturaleza biológica del homosapiens. Todos los animales se defienden cuando son atacados. Pero la conducta agresiva sin finalidad biológica sólo se encuentra en los humanos. Este hecho ha llevado a muchos investigadores a afirmar que el hombre es un animal gratuitamente agresivo. Freud, en El Malestar de la cultura, especuló sobre la existencia de un instinto de muerte. Si aceptamos esto, tendríamos que ver la violencia como algo consuetudinario e inevitable. Sin embargo, la experiencia nos enseña que ni todo el mundo es agresivo, ni la agresividad es una constante en la conducta humana. Si bien es cierto que en el hombre las reacciones o la conducta agresiva está desvinculada en forma directa de finalidades biológicas, también lo es que todo acto agresivo está  condicionado y desencadenado por las presiones del entorno.

Desde nuestro enfoque, la agresividad en los seres humanos es también un patrón de reacción  eminentemente defensivo. La diferencia con el resto de los antropoides es que las personas reaccionan en función de valores adquiridos, impresos en su psiquis por el medio social en que se han desarrollado. Sus filias y sus fobias han sido creadas por su vida. Los patrones de acción e inhibición son también condicionados por sus experiencias. La naturaleza humana es psicosocial. Toda la base biológica del animal humano está psicosocializada. La agresividad  no es una necesidad en el hombre, es sólo un patrón de reacción en función de la preservación de su vida. Y este patrón está totalmente diseñado  por sus experiencias primarias.

Psicodinámica  de la violencia

Como se pretende comprender la sociodinámica de la violencia, es imprescindible  conocer, aunque sea sumariamente, los mecanismos psicológicos que subyacen a una acción violenta. Aunque se hable de violencia colectiva no se debe olvidar que siempre es el individuo el sujeto de la violencia. El ejecutor de la violencia siempre es una persona. En solitario o en grupo, en pareja o en multitudes siempre es un individuo el que concreta y realiza la acción violenta, aunque esté condicionado por el Sistema que lo manipula. Este hecho, aunque es innegable, muchas veces es olvidado.

Si como se afirma, la agresividad siempre es reactiva, siempre es una respuesta a una estimulación interna o externa, debemos ver el acto o la conducta violenta de la misma manera. Pero como se sabe en la psicología, las energías afectivas son desplazadas  de una motivación a otra, para comprender la psicodinámica de la violencia, debemos categorizar estas cargas emocionales.

Todos estamos familiarizados con las reacciones exageradas. Es del común saber popular, que cuando las personas están tensas, molestas o frustradas, ante una mínima provocación, reaccionan como si las hubieran golpeado. En muchas ocasiones, recibimos una respuesta brusca o grosera, que es consecuencia de una descarga en nosotros, rabias que otro provocó. Esto es posible por el desplazamiento de cargas afectivas.

La tensión emocional  que no es descargada en actos se acumula. Todos hemos oído la frase: estoy que exploto. Cuando la tensión sobrepasa determinados niveles, las personas experimentan molestias en su sistema cardiovascular y respiratorio. El estrés es, precisamente, una acumulación crónica de tensiones cotidianas.

A mayor acumulación de tensiones  mayores potenciales de respuestas violentas. Los mecanismos fisiológicos que capacitan el cuerpo para la actividad muscular son iguales, si vamos a bailar,  nadar o pelear. Las diferencias emocionales e intelectivas, que son las que van a dirigir la acción, son las que dan connotaciones y sentido distinto a los movimientos corporales. Son estos valores psicológicos los que dan sentidos diferentes al abrazo amoroso y al apretón estrangulador.

Una vez más, se debe tomar conciencia de la capital importancia de los procesos significantes. Los actos y las cosas tienen el sentido, según el valor que nosotros les damos, porque así lo gravaron en nosotros. Los procesos codificadores que clasifican todas nuestras experiencias, que marcan  las cosas y las gentes como buenas o malas, agradables o molestas, dañinas o beneficiosas, comienzan desde el momento mismo que nacemos. Y es el medio, las gentes que nos rodean, las circunstancias concretas en que crecemos, nos desarrollamos y vivimos las que determinan los signos y los valores que  condicionarán todos nuestros sentimientos y nuestra conducta. Nuestros códigos genéticos, nuestra herencia, determinan  nuestras potencialidades y nuestras deficiencias. Pero es el medio en que nos criamos el que decide como valoramos nuestro entorno y como actuamos en el.

Las devociones y los prejuicios,  las fobias y las adicciones, los odios raciales y los fanatismos  religiosos, son gravados en la psiquis  de los niños durante sus primeros 12 años de vida. A partir de ese momento, la sociedad refuerza o debilita  estas huellas, estas predisposiciones en cada uno de los integrantes de la colectividad. Estos patrones de reacción primarios (PRP) son los que permiten la manipulación colectiva. Son los que permiten, a las élites que dirigen los Estados, empujar a las masas hacia la carnicería o la inmolación. Los seres humanos no nacemos odiando símbolos, ni amando banderas. Es la sociedad la que nos enseña que los extranjeros son peligrosos; que  unos seres humanos son superiores a otros; que la fuerza da derechos y la riqueza privilegios. La violencia es necesaria sólo para defender la vida. La violencia que hoy enluta al mundo es producto de la opulencia represiva, que condena a la humanidad al desperdicio inicuo de unos pocos y a la miseria de la mayoría.

Carencias y satisfacciones

Las necesidades reclaman ser satisfechas. Tanto las necesidades básicas (NB), como las necesidades derivadas (ND), crean tensiones internas que impulsan al individuo a buscar satisfacción  a la demanda. Podemos afirmar que toda la actividad  humana es producto de estas pulsiones que fuerzan al individuo a buscar la satisfacción. El monje anacoreta que busca la satisfacción de sus necesidades místicas y el caníbal que devora el corazón de su víctima están impulsados por necesidades culturalmente creadas por su medio.

En los niños, vemos  que  sus demandas sólo son de carácter biológico: alimento,  aire y calor. Estos son los objetos de satisfacción de sus necesidades básicas (NB), a medida que pasan los meses, veremos como sus demandas van creciendo y complejizándose. En los demás animales, el hambre sólo se impulsa a buscar comestibles con sustancias nutricias. Sus preferencias sólo se basan  en los nutrientes y en la disponibilidad  de los mismos en su hábitat. Las personas atienden, además de los nutrientes, a una serie de características condicionadas culturalmente, estos acondicionamientos culturales llegan a ser determinantes de la satisfacción.

Una persona en una situación de penuria llega, también, a comer cualquier cosa que le alimente y le calme el hambre. Pero este alimento que satisface la necesidad nutricional, llena la necesidad básica  pero no satisface  la necesidad psicológica, que sólo se satisface si come lo que  le gusta que es, en definitiva, lo que le enseñaron que debía comer. Este acondicionamiento cultural  es la base del proceso de humanización del  homosapiens, pero, también abre la posibilidad de la enajenación de los seres humanos, si la sociedad extravía el camino, llevándolos hacia formas de vida  destructivas.

Estas categorías de carencia y satisfacción son insuficientes para permitirnos comprender  la  psicodinámica  de las tensiones individuales y de grupo. Veamos los conceptos de gratificación y frustración que nos permitirán comprender un poco mejor los sufrimientos y las alegrías de la gente y los grupos en las sociedades globalizadas.

Gratificación y frustración  

Llamamos gratificación  al placer emocional  que produce cualquier actividad mental o físicomental que, llenando las expectativas, provoca una relajación tensional. Un placer físico no es necesariamente gratificante. Una fantasía puede serlo o no, dependiendo de varios factores. La gratificación depende más del sujeto que se gratifica que del objeto gratificante. Una comida puede satisfacer  la necesidad de alimento y no gratificar al que come. Un acto sexual puede producir una eyaculación sin brindar gratificación alguna, aunque alivie la tensión sexual.

La gratificación es una experiencia genuinamente humana y es la meta universal de todos los quehaceres del individuo. Aunque muchas gratificaciones están ligadas a la satisfacción de necesidades básicas, comunes a todos los seres humanos, el tipo y las formas de la gratificación están condicionadas socialmente y varían de cultura a cultura y de individuo a individuo.

El nivel de la gratificación siempre depende de las expectativas del individuo. Si la satisfacción alcanzada está por debajo de las expectativas del sujeto la gratificación no será plena. Si las exigencias de una persona son muy elevadas le será muy difícil lograr gratificaciones adecuadas.

Como es la sociedad la que modela  las metas de los individuos y de los grupos, las formas y los objetos de gratificación estarán siempre diseñados por el sistema económico-social imperante. Este sistema es el que determina no sólo las metas a alcanzar sino, también, las formas, las vías y los objetos que se pueden y se deben alcanzar.

Gratificaciones y frustraciones son las experiencias cotidianas del vivir. Del equilibrio entre unas y otras depende, en gran parte, la estabilidad emocional de las personas. La frustración es la certeza del fracaso  en alcanzar lo deseado. Es  el sentimiento de contrariedad y displacer al no poder satisfacer los propósitos, las  expectativas. La frustración siempre es deprimente, da sensación de agobio, desaliento, fracaso. La frustración nos quita energías, menoscaba la seguridad personal y rebaja nuestra autoestima.

Las satisfacciones y las carencias están directamente relacionadas con nuestras necesidades básicas pero, como ya analizamos, estas necesidades básicas siempre están  psicosocializadas. Sus formas y sus modos de satisfacción  están totalmente diseñados por la sociedad. Por ello, los conceptos de gratificación y frustración  reflejan mejor  la dinámica  psicosocial  del comportamiento.

En muchos casos  las formas y los modos de satisfacción  diseñados por la sociedad se apartan de los objetivos psicobiológicos de las necesidades básicas. Las necesidades derivadas que la sociedad crea en los individuos, entran en contradicción  con su salud psicobiológica. El cigarrillo, el alcohol y las dietas son ejemplos de cómo determinadas gratificaciones socialmente diseñadas dañan a los que las buscan. En estos casos, vemos como determinadas gratificaciones  no producen satisfacciones genuinas. Por el contrario, dañan a los que las disfrutan y a través de ellos, a la larga,  dañan a todo el grupo.

Estas contradicciones entre satisfacciones sanas y gratificaciones negativas, nos permiten comprender claramente por qué la deformación de los valores sociales, puede conducir a la frustración colectiva, generando tensiones que aumentan los niveles de violencia. Podemos resumir todo lo anterior, diciendo que las falsas metas,  los erróneos valores que un sistema social diseña, puede conducir a la colectividad  hacia frustraciones crecientes y gratificaciones dañinas, que eleven los niveles de tensión y desesperanzas, más allá de lo soportable. Así, el aumento de la violencia social es el resultado de los altos niveles frustracionales, del descenso de la autoestima  de la mayoría de los invididuos, que  produce la pérdida de vigencia de los valores  convivenciales de la sociedad.

Desde nuestro enfoque, las relaciones entre corrupción y violencia  son múltiples.  También  la corrupción  se extiende por la pérdida de vigencia de los valores, por la desmoralización generalizada. Pero no debemos olvidar que esta desmoralización social es producto de los falsos valores, de las erróneas metas que el sistema ha impuesto a la colectividad. Si el  sistema que estamos analizando es el capitalismo de consumo, vamos a  observar de cerca sus características para pasar después a estudiar su dinámica. Dentro del sistema mercantil capitalista, la oferta es sólo de bienes y servicios. Pero estos bienes y servicios encierran todos los medios, modos y objetos de satisfacción posibles: todo es convertido en mercancía. Aquí, las diferencias de precios son las que marcan  las posibilidades de adquisición de toda la  población. El mercado del trabajo, por una parte y el mercado del consumo por otra, determinan las actividades y las aspiraciones de todos los integrantes de la sociedad.

¿Pero qué pasa cuando el mercado del trabajo se  reduce y el mercado de mercancías se amplía incesantemente? ¿Qué pasa cuando la inducción a la compra se mantiene y la capacidad adquisitiva de la sociedad desciende? Un próximo artículo que hable del consumo tratará de encontrar respuestas a estas preguntas.

Referencias

Cesair Aime. (1970). Discurso sobre el Colonialismo. Editora Política. La Habana

Duarte Gaspar. (1998). En los márgenes de la marginalidad. Universidad Central de Venezuela

Eltit Diamela. (1994). El infarto del alma. Santiago: Francisco Zegers.
Freud Sigmond . (1970). El malestar de la cultura. Alianza. Madrid España.

Gazzotti, Hebe. La marginalidad de la vejez. Un recorte de la marginalidad urbana contemporánea. Gaceta laboral, 21(34). Lima, Perú.

Ramírez V. Augusto. (1997). Marginalidad-Pandillas y Delictividad. Investigación de campo. Los Ángeles. CA. Latin America Study Center of  Florida.

Ramírez V. Augusto. (2000). Manual de Educacion Temprana. (Ed.). Multimedia Family Education. USA.

Ramírez V. Augusto. (2006). Consumismo, Familia Y Sociedad. Cibe Press. RD

Ramírez V. Augusto. (2008).  Entre la Miseria y el Miedo. Investigación de campo en Republica Dominicana.  Editorial CibePress

Sorel George. (2005). Reflexiones sobre la violencia. Alianza

 


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    Para citar este artículo:
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    Ramírez, A. V. (2009, 15 de mayo ). La violencia: Aproximaciones biopsicológicas. PsicoPediaHoy, 11(2). Disponible en: http://psicopediahoy.com/violencia-causas/
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3 Comentarios a: La violencia: Aproximaciones biopsicológicas

  1. NICOLAS AVILES GONZALEZ dice:

    Considero un buen artículo, sin embargo tiene pocos referentes bibiograficos.

  2. Juan David dice:

    En muchos barrios populares en Colombia se está viviendo esta tragedia con los niños y adolescentes que causa alarma y discursos cínicos de de los altos gobernantes, pero se olvidan que con las políticas económicas están causando más violencia y más muertes. A parte que son quienes han llevado a que éstos niños y adolescentes se vinculen a los grupos armados, al sembrar de ejércitos y violencia sus barrios pobres, con el pretesto de acabar con los violentos, pero se olvidan que a éstos sólo se les vence cuando se invirte en socialmente posibilitando una mejor calidad de vida para todas las personas.

  3. cecilia camarillo dice:

    En verdad es eso lo que esta afectando y loque ha afectado en todo el ser humano, por eso cada día hay mas abusos entre nosotros como personas, si todos pudiéramos poner un granito de arena para un mundo mejor.

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