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La vivencia como categoría de análisis para la evaluación y el diagnóstico del desarrollo psicológico

Publicado: Jun 24, 10 │ Categorías: Artículos1 Comentario
  • Adys Hernández Ponce
    La Habana, Cuba



RESUMEN

El trabajo versa sobre la vivencia como categoría usada en casi todas las ramas de la psicología. Aborda la complejidad del término y trata la imprecisión de algunos elementos que lo componen para (re) pensarlo. Desde una perspectiva histórica cultural se hace referencia a los distintos elementos que se consideran en la categoría vivencia y como esta puede ser usada para la evaluación y el diagnóstico psicológico de la persona. El valor teórico-metodológico-práctico de la vivencia constituye el fundamento del artículo.

Palabras clave: Vivencia, diagnóstico, complejidad, enfoque histórico cultural.

Introducción

En la psicología, como en otras ramas del saber, resultan necesarios los diagnósticos para lograr la comprensión de los fenómenos estudiados.

El diagnóstico (palabra que deriva del griego diagnostikos) producto de las corrientes epistemológicas predominantes en cada época, ha sido ajustado y enfocado desde la tendencia psicológica en cuestión. A consecuencia de los fuertes cánones del positivismo se ha encasillado mayormente en la elaboración de categorías y sintomatologías que permitan utilizarlas indistintamente en uno u otro individuo, sin tomar en consideración las particularidades específicas que caracterizan a los seres humanos.

Comprender el diagnóstico no sólo como el resultado final sino como un proceso continuo, resulta un arduo empeño para los teóricos contemporáneos que requiere, además de re-conceptualizaciones, la búsqueda de nuevos métodos para lograr una evaluación funcional.

Desde una concepción histórico-culturalista del desarrollo, consideramos a la vivencia como categoría principal para lograr estos fines. Sin embargo, dicha categoría presenta ciertas disyuntivas que nos limitan en el quehacer profesional.  La más simple revisión sobre el término “vivencia” y su uso en las diferentes teorías psicológicas, demuestra la ausencia de una definición conceptual certera y concluyente. El uso de esta categoría en las principales corrientes psicológicas es apreciable desde el surgimiento mismo de la Psicología Experimental en el siglo XIX, ajustándola siempre a la tendencia del autor y la corriente en que se adscribe este específicamente.

La vivencia como categoría ha sido nombrada y empleada indistintamente en tales tendencias históricas. Así, encontramos los términos experiencia subjetiva, vivencia emocional, experiencia interna y experiencia emocional para hacer referencia al mismo fenómeno.

Los métodos para su estudio y comprensión, también variaron en el decurso del tiempo:

“Así, [W. Wundt] sometía a sus sujetos de experimentación a largas sesiones de percepción de objetos y registros de sus vivencias, rechazando todo relato que no expresara las formas primigenias y elementales de la vivencia y la manera en que se asociaban -la estructura- en la vivencia” (Corral, R., 2003, p. 68).

Tanto las concepciones teóricas sobre el tema como la forma de estudio, han evolucionado para tributar a una comprensión compleja y dinámica del fenómeno. La vivencia constituye un fenómeno complejo en sí mismo, como lo son otros procesos entendidos desde la dialéctica. Muchos son los elementos y relaciones que intervienen en ella.

Las dificultades teóricas y metodológicas en el estudio de esta categoría se evidencian con sólo hacer un primer esbozo sobre la concepción y estudio del fenómeno. Por estas razones, en este escrito nos remitimos desde el enfoque Histórico-Cultural a una definición instrumental de la vivencia, a reflexionar sobre ideas que puedan constituirse para la realización de futuras evaluaciones y diagnósticos.

La vivencia como categoría de análisis

Para comprender el posicionamiento metodológico y teórico que asumimos en cuanto al diagnóstico y la evaluación, nos parecen necesarias algunas anotaciones al respecto.

Si partimos de considerar que:

“La evaluación y el diagnóstico en la educación y el desarrollo psicológico del ser humano, tiene el propósito esencial, de conocer cómo marcha el proceso de formación y desarrollo de las funciones psíquicas superiores, del proceso de aprendizaje y de la formación de la personalidad…” (Arias, G. 2010).

Tenemos que comprender el proceso de formación de esa dinámica en particular, que varía de un individuo al otro y que está mediatizada indisolublemente por la vivencia particular.

Además, considerar que “todo lo que se ha formado o está en proceso de formación en el nivel intrapsíquico se puede expresar y conocer a través de lo interpsíquico” (Arias, G. 1999, p.152) nos remite a la búsqueda de los significados vivenciales que tuvo para el sujeto una situación determinada.

Estas premisas esenciales tributan a que consideramos, pues, que el análisis y comprensión de las vivencias del sujeto constituye una vía funcional 1 para lograr la comprensión de la dinámica histórica del desarrollo y con ella el diagnóstico.

Adentrarnos en el significado teórico y en el uso del término vivencia para la psicología resulta necesario para establecer criterios uniformes y generalizados.

Consideraciones teóricas sobre la vivencia

El primer elemento al que consideramos que se le debe hacer alusión cuando hablamos de la vivencia, es a la determinación histórico-social de lo psíquico. El hombre es resultado de la sociedad en que vive, pero como sujeto autodeterminado y no como cosa producida.

La vivencia, como toda la subjetividad humana, está condicionada socialmente, en ella se expresa la sociedad personalizada. La vivencia está condicionada por la cultura, la sociedad, y las redes vinculares que se establecen en la misma; “la vivencia [del sujeto], su vida, se manifiestan no [solo] como funciones de su vida anímica personal, sino como un fenómeno de significación y valor sociales…” (Vygotsky, L. S., s.f., citado por Leontiev, A. N., 1987c, p. 13).

Pero la vivencia no es en ningún sentido una reproducción mecánica y lineal de la sociedad, sino que la influencia de la sociedad en la vivencia es notable (y suele olvidarse en ocasiones). Además de proyectarse en la vivencia la sociedad subjetivada, el aprendizaje de los significados culturales es lo que capacita al hombre para expresarse posteriormente a nivel emocional-cognitivo.

La situación política, cultural, económica y social de la época en que vive y se desenvuelve el sujeto, atraviesan el entramado sistema de relaciones que él establece con el medio, constituyendo la subjetividad, sus peculiaridades y expresiones. La vivencia está condicionada socialmente, pero no deviene expresión pura de la sociedad, sino que se constituye en la unidad de la personalidad del individuo y del medio:

“la vivencia constituye la unidad de la personalidad y del entorno tal como figura en el desarrollo (…) debe ser entendida como la relación interior del… [individuo] como ser humano, con uno u otro momento de la realidad (…) la vivencia posee una orientación biosocial. Es algo intermedio entre la personalidad y el medio (…) revela lo que significa el momento dado del medio para la personalidad” (Vygotsky, L. S., 1996, pp.67-68).

La personalidad, configurada desde lo social, determina en la vivencia de la realidad. Desde la configuración particular que asume en cada quien, la personalidad interviene en la comprensión y significación que se realice de una situación específica. Una situación dada, es asimilada de manera personal en función de la configuración personológica específica de cada individuo y la vivencia que se tenga de la misma. Así, existen situaciones que pueden ser traumáticas para algunos niños y adolescentes (ej. el divorcio de los padres) y para otros constituye el punto de arranque para su desarrollo (tener que encargarse de la economía familiar cuando el padre sale de la casa).

La situación adquiere mayor o menor relevancia para el sujeto por las características propias de su personalidad y su estructura motivacional. Este grado de relevancia situacional va a ser susceptible de ser vivenciado con más intensidad, en tanto sea mayor la importancia atribuida a la situación.

La vivencia implica siempre una transformación, pues lo externo, la realidad, se individualiza, siendo reestructurada y significada en función de la personalidad del individuo.

Esta idea remite a la contemplación del carácter individual de la vivencia, en tanto la personalidad, única e irrepetible (Fernández, L., 2005), interviene en el fenómeno de manera activa, lo dota del sello personal. La vivencia es, entonces, una categoría intransferible, dada sólo al protagonista que la experimenta. No permite replicaciones o imitaciones, es única y comprensible solo con la ayuda y participación de quien la experimente.

La personalidad, determinada histórico-socialmente, alcanza distintos niveles de estructuración y complejización. Estos niveles están en estrecha relación con el nivel de de desarrollo alcanzado por el individuo. La influencia que la realidad ejerce sobre el sujeto y su desarrollo depende no sólo de las relaciones que establece el individuo con el medio, también depende del nivel de comprensión, entendimiento e interpretación que haga de ese entorno y sus relaciones.

El entorno ejerce esta influencia (…) de acuerdo a como este [aquí se refiere al niño] se las ha arreglado para desarrollar su actitud interna hacia los diversos aspectos de las diferentes situaciones que se presentan en el entorno. Esto determina el tipo de desarrollo según el grado de percatación de este entorno que el niño ha procurado alcanzar” (Vygotsky, L. S., 1994, p.7).

“La vivencia influye en el curso del desarrollo del sujeto, la vivencia determina de qué modo influye sobre el desarrollo del [sujeto] uno u otro aspecto de la realidad” (Vygotsky, L. S., 1996, p.68), propiciando la aparición de nuevas formaciones psicológicas. Estas neoformaciones integradas a la subjetividad condicionan la re-significación de las relaciones con el medio y con los otros, tributando a orientar y redirigir la conducta. Varía la percepción sobre el medio y el tipo de relación que se establece con este. El entorno, aunque puede mantenerse inalterable, es comprendido de forma diferente por la aparición de las nuevas formaciones psicológicas que caracterizan el nivel de desarrollo actual del sujeto psicológico.

“El significado de estos factores ambientales, que al parecer, se han mantenido inalterados, experimentan en realidad un cambio (…) el [sujeto] ha cambiado (…) se ha alterado la relación del [sujeto] con estos factores ambientales particulares” (Vygotsky, L. S., 1994, p.3).

El proceso se vuelve entonces continuo. El dinamismo que presenta el desarrollo del sujeto, modela la vivencia, dotándola en cada período de nuevas características acorde a las peculiaridades de cada edad psicológica. Así en el decurso de la vida del sujeto, las vivencias se van modificando, se reestructuran, se re-significan y adquieren nuevos niveles de expresión.

La vivencia constituye entonces una unidad de análisis con elevado significado para la Psicología y las ciencias encargadas de estudiar al hombre y los problemas sociales. Esta categoría: “explica el cómo lo interpersonal se traduce en intrapersonal” (Febles, M., s.f. p.19). El investigador que pretenda estudiarla:

“debe ser capaz de hallar la relación que existe entre el [sujeto] y su entorno, la experiencia emocional (parezhivaniya) del [sujeto], en otras palabras cómo un [sujeto] se entera de, interpreta, [y] se relaciona emocionalmente con cierto acontecimiento” (Vygotsky, L. S., 1994, p.7).

El desarrollo y la aparición de las nuevas formaciones psicológicas no ocurren de súbito, por lo que la comprensión y significación de la situación, se mantienen estables o parecidas hasta cierto punto, en un período de tiempo corto. Esta idea para nada anula la anterior, la vivencia se presenta cambiante y estable (que no es sinónimo de permanente) a la vez. Dicha estabilidad es entendida en la siguiente dirección.

Situaciones y entornos vividos en distintos momentos, con características similares 2 en cuanto a límites, actividades, comunicaciones y relaciones, pueden generar vivencias parecidas en el mismo sujeto. Una situación puede devenir generadora de vivencias ya experimentadas, activándolas con las respectivas emociones que suscitaron en un momento determinado. Esto hace que se cree una actitud hacia determinada situación, persona, entorno o relación (ej., el golpe y la violencia recurrente de algunos padres con los hijos).

Esta idea lleva a contemplar el carácter mnémico de las vivencias y las emociones que generan. Las vivencias poseen características que las hacen susceptibles de ser almacenadas en la memoria humana, tributando con ello a la conformación de la experiencia de vida acumulada del sujeto, su memoria histórica personal.

De alguna manera las vivencias o parte de ellas son almacenadas y pueden ser activadas o expresadas ante situaciones que contengan elementos similares a las que originalmente las desencadenaron. Componentes elementales de orden cognitivo, son considerados como intervinientes en la ocurrencia del acto vivencial.

La unidad cognición-afecto como célula funcional de los procesos psíquicos, no es segmentada en la vivencia. La complementación de estos polos dialécticamente, se expresa en la siguiente reflexión:

“entiendo por vivencia la conjunción dinámica de lo que el sujeto percibe o experimenta en relación con el medio (lo cognitivo) y lo que esta experiencia vale para él (relación afectiva que establece con dicho medio)” (Fariñas, G., 2005, p.152).

La vivencia no puede ser reducida a un sentimiento, emoción, estado de ánimo o recuerdo que despierte cierta situación, aunque vaya implícito en la vivencia de manera ineludible. El acto vivencial incluye componentes cognitivos, la influencia de la situación: “depende no sólo de la naturaleza de la situación misma, sino de la medida en que [el individuo] entiende y se percata de ella” (Vygotsky; L. S., 1994, p. 11).

Para despertar un determinado afecto en el individuo es necesario que se comprenda la situación. En la vivencia, el sujeto percibe una determinada situación y le asigna un valor emocional, un significado propio, un sentido. Si se separa el elemento cognitivo de la vivencia, ésta no puede fluir, no existe. Se necesita de la díada cognición-afecto para dar como resultado la vivencia, “decimos que en cada vivencia, en cada una de sus manifestaciones aparece, en efecto, un cierto momento intelectual” (Vygotsky, L. S., 1996, p.61). La vivencia tiene que ser vista como parte compleja que representa al todo, “partes (lo cognitivo o lo afectivo) como saturadas por el todo” (Fariñas, G., 2005, p.154). La unión de estas partes produce una síntesis completamente diferente a las características de cada una de ellas por separadas:

“creo que cuando se hable de lo cognitivo debe considerarse su saturación afectiva y viceversa, porque ambos son engranajes de un mismo proceso, el decurso de la vida psíquica (…) se supone la presencia de los dos como constituyentes evidentemente inseparables” (Fariñas, G., 1990, p. 62).

Las vivencias constituidas en parte, por lo afectivo, se pueden expresar con carga emocional negativa o positiva.

Muchas vivencias permanecen inconscientes para el protagonista de las mismas: “la vivencia estética por su propia naturaleza, permanece para el sujeto, incomprensible y oscura en su esencia y discurrir” (Vygotsky, L. S., 1987b, p.34). Con esto queremos señalar el parcial desconocimiento que manifiesta el sujeto sobre la esencia y las causas de sus vivencias, pues el estado placentero o displacentero ante una determinada situación resulta la mayoría de las veces evidente.

Aquí el inconsciente es entendido en “relación dinámica, permanente, que no se interrumpe ni por un momento” (Vygotsky, L. S., 1987a, p.100), con la conciencia. Esta peculiaridad de elementos agrupados en torno a la relación consciente-inconsciente, en la vivencia, pudiera estar fundamentada -entre otras cuestiones- por la amplia gama de aspectos que circundan el fenómeno, como el nivel de desarrollo, las experiencias pasadas, los saberes, la estructura motivacional, la personalidad, entre otras.

Además, nos atrevemos a decir que la vivencia enmarca un cierto carácter automático en su discurrir. El sujeto percibe la situación y le da un significado e inmediatamente sucede una emoción, sin que este sea capaz de controlar el impacto primero de ese sentir, ni su intensidad o momento de aparición; aunque luego sí pueda intervenirlo mediante recursos de autorregulación. Lo mismo ocurre con la prolongación temporal de la vivencia, pues no es posible predeterminar la duración del fenómeno ni siquiera en una misma persona.

Conclusiones

A nuestro entender, el análisis de las vivencias de los individuos que son objetos de diagnóstico, puede constituir una vía esencial para lograr el proceso. La vivencia como categoría intransferible tiene que ser estudiada desde el propio protagonista, definiendo desde el principio uniformidad en el lenguaje para expresar emociones y saberes.

Además, establecer principios o pautas comunes para el entendimiento de la vivencia como son su condicionamiento social, la influencia de la personalidad en ella y viceversa, su carácter mnémico, personal e individual, su intensidad y prolongación temporal, su influencia en el desarrollo psicológico y su relación con el inconsciente, entre otros, son acciones que a nuestro juicio se perfilan necesarias para alcanzar diagnósticos más completos que comprendan la dinámica histórica del desarrollo del sujeto.

Referencias

Arias, G. (1999). Acerca del valor teórico y metodológico de la obra de Vigotsky. En Revista Cubana de Psicología. Volumen 16, no. 3. pp.171-176.

________. (1999). Educación, desarrollo, evaluación y diagnóstico desde el enfoque histórico cultural. En soporte digital.

________. (2010). Curso de evaluación y diagnóstico del desarrollo psicológico. En soporte digital Facultad de Psicología. Universidad de La Habana.

Corral, R. (2003). Historia de la Psicología. Apuntes para su estudio. Editorial Félix Varela. La Habana.

Fariñas, G. (1990). Acerca del concepto vivencia en el enfoque histórico cultural. En Revista Cubana de Psicología. Volumen 16, no. 3. pp. 62-66.

__________. (2005). Psicología, educación y sociedad. un estudio sobre el desarrollo humano. Editorial Félix Varela. La Habana.

Febles, M. (s.f.). La Adultez. una nueva etapa del desarrollo. Biblioteca virtual. Facultad de Psicología. Universidad de La Habana.

Fernández, L. (2005). ¿Es posible conocer la personalidad? Problemas metodológicos para su estudio.Editorial Félix Varela. La Habana. pp. 171-195.

Hernández, A. (2007). Estudio sobre las vivencias de reclusos ante la práctica artística aficionada de folklore afrocubano como Tratamiento Educativo. Trabajo de Diploma. Facultad de Psicología.Universidad de La Habana.

Leontiev, A. (1987). Prólogo al libro Psicología del Arte. En Vygotsky, L. Psicología del Arte. Editorial Pueblo y Educación. La Habana.

Vygotsky, L.S. (1987a). Historia del desarrollo de las funciones psíquicas superiores. Editorial Científico-Técnica. La Habana.

_________. (1987b). Psicología del arte. Editorial Pueblo y Educación. La Habana.

_________. (1994). El problema del entorno. Biblioteca virtual. Facultad de Psicología. Universidad de La Habana.

_________. (1996). La crisis de los siete años. En Segarte, A. (comp.) Psicología del desarrollo. Selección de lecturas. Tomo I. Editorial Félix Varela. La Habana.

_________. (s.f.). El desarrollo cultural en el niño. Biblioteca virtual. Facultad de Psicología. Universidad de La Habana.

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1. Aunque no consideramos que sea la única.
2. Ninguna situación o entorno es igual a otra. 


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    Para citar este artículo:
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    Hernández, A. (2010, 24 de junio ). La vivencia como categoría de análisis para la evaluación y el diagnóstico del desarrollo psicológico. PsicoPediaHoy, 12(12). Disponible en: http://psicopediahoy.com/vivencia-como-categoria-de-analisis-psicologia/
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Un Comentario a La vivencia como categoría de análisis para la evaluación y el diagnóstico del desarrollo psicológico

  1. lilian ojeda dice:

    me interesa el planteo del artículo de la colega Adys Hernández Ponce, deseo contactarme con ella. gracias

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